«Mambe»: un asunto espinoso en una historia auténtica

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Mina & Manu Studio-Atelier recuperan la tradición oral kogui con la novela gráfica Mambe. Por detrás de la persecución occidental sobre el consumo de coca, la obra busca poner en valor las concepciones ancestrales y el valor mítico de este recurso por medio de la historieta.

Ilustración de portada de Mambe (2020)

En los últimos años, en beneficio de una reparación histórica, ha surgido en diversos sectores colombianos un propósito compartido de visibilizar las tradiciones de los pueblos originarios. Y esto no solo desde su ritualidad, sino también desde su lenguaje. Al citar algunas expresiones que se han acuñado en el argot popular, como «Minga», «Yagé» o «Pachamama», se evidencia esa especie de complicidad hacia aquellas comunidades aborígenes que siempre se han percibido tan cercanas y ajenas a la vez. El cine, junto a la historieta, son quizá los medios que más se han esmerado en divulgar con rigor académico la complejidad de dichas estructuras sociales.

Siguiendo esa tendencia, una obra como Mambe (Mina & Manu Studio-Atelier y OjoAgua Cine), ganadora de la Convocatoria Departamental Para el Fomento y Desarrollo de Nuevos Públicos Culturales del Valle del Cauca 2020, está sincronizada con las voces que reclaman poner los reflectores sobre los grupos que luchan por mantener su identidad en medio de la oscuridad de la indiferencia. Producto de una cuidadosa investigación, los autores de esta novela gráfica no se quedan solo en los lugares comunes descriptivos. Van más allá al desmitificar un tema considerado tabú, como lo es la presencia de la hoja de coca con todas sus ambigüedades.

La trama, a grandes rasgos, representa el mito fundacional de los Tungeka, en el que dos mujeres llegan a un universo vacío con la intención de poblarlo, pero requieren la presencia de una figura masculina para dicho cometido. Realizan diversas maniobras para preñarse entre ellas y procrear al varón, pero fracasan ya que solo nacen niñas, una tras otra. Después de muchos intentos, termina conformándose un conjunto de mujeres resolviendo cómo podría surgir ese primer hombre.

Todo esto en un lapso de miles de años mientras surgen, a la vez, las facultades humanas, tales como la consulta, la espera y el relato. Hasta que, por fin, a la más sabia de todas se le ocurre mambear (masticar hoja de coca) para fabricar el poporo (sustancia resultante de la saliva luego de masticar hoja de coca). Como ingredientes finales, cada mujer debe incorporar algún elemento de su propio organismo. Vellos corporales y cera de oído servirán de materia prima para el nacimiento del creador original. Le encargan a una de las más jóvenes la labor de pensar en ese deseo, mientras mambea y macera el poporo en un recipiente. Para sorpresa de todas, luego de milenios de meditación, el hombre aparece de la nada, producto de combinar mambe y pensamiento. Lo llamaron Makuekê, le ensañaron a mambear y usar la imaginación; de esa manera, inventó el mundo tal como se le conoce hasta el día de hoy.

Según palabras del propio autor, Joan Manuel Millán, Mambe es un espacio-tiempo donde no existen fronteras entre la fantasía y la realidad. Entonces, la misión impuesta es otorgarle dignidad a la polémica planta, devolviéndole la denominación oficial de Ayu. Así es como se la conoce en el pueblo Tungeka de la Sierra Nevada de Santa Marta, en representación del Mamo Manuel Coronado. El pequeño grupo editorial encargado de recopilar la información en pleno trabajo de campo recibe directamente de este líder el relato crudo, es decir, tal cual se ha mantenido en su versión oral de generación en generación, sin eufemismos ni términos acomodados para que los “blancos” lo asimilen mejor. A partir de la información guardada en libretas, a modo de mapas esquemáticos, se trata de construir una transliteración para que el producto visual sea digerible al público. Labor dispendiosa, por cierto, de la cual dependerá el peso y credibilidad de la historia futura.

Mambe recupera conocimientos ancestrales desde el arte gráfico

La intención inicial era construir una narrativa visual más acorde con las expectativas del público juvenil. Pero, a medida que avanzaba el proyecto, se advirtió el alcance de divulgación académica que inevitablemente rozaba esferas de la crítica especializada, dando pie a que poco a poco fuera adquiriendo esencia científica. Tomando en cuenta este giro, el proyecto se vuelve ambicioso hasta expandirse hacia una propuesta transmedia que, en simultánea a su proceso de entintado en papel, se desarrolla también en formato de cortometraje animado. Sin duda, esto puede sembrar un precedente en la manera de crear estrategias para seducir a la sociedad colombiana a engancharse a las cosmogonías indígenas a través de las manifestaciones gráficas, y en particular del cómic, como puente hacia su comprensión.

La presentación estética de la novela posee una composición secuencial apegada a la interpretación que se rescató de la conversación con el Mamo. Se enmarca, desde las primeras viñetas, en un escenario de choque cultural cuando el jefe de una comunidad camina por las calles bogotanas. Llegando al sector de Teusaquillo, descubre en el antejardín de una casa la planta de Ayu, motivo que lo llena de regocijo. Los habitantes del hogar se sienten atraídos por la presencia del exótico visitante, lo invitan a pasar para que les narre el misterio de aquella planta que, hasta ese instante, ignoraban de qué se trataba.

Comienza entonces a narrarles el mito Tungeka, convenciéndolos de que la hoja de coca es un elemento natural sagrado para muchos grupos aborígenes en el país. La familia entiende las razones expuestas hasta el punto de que acceden a acompañarlo a un parque cercano donde este les enseña a mambear y de una manera muy particular, experimentan sus efectos. Este desenlace queda abierto para que el lector curioso lo averigüe.

La técnica base es el lápiz, manteniendo la tendencia monocromática a lo largo de la historia, pero reforzada con toques de acuarela de la misma tonalidad cuando se aborda la metáfora de las constelaciones para conseguir un efecto de textura espesa. Pero el punto más relevante es el tratamiento en aguadas de color verde, con las variables que ofrece cuando la planta hace su aparición en el relato, claramente con la intención de resaltar su papel protagónico. La línea del dibujo tiene un marcado estilo personal, con una apariencia de storyboard; por supuesto, esto no le resta belleza a la obra, ya que esa intencionalidad le da una característica apariencia de «inocencia» en su composición general, funcionando como truco para conservar la expectativa.

Arte interior de Mambe de Mina & Manu

Mambe es una apuesta noble, con una orientación pedagógica que pretende mantener vivas esas memorias opacadas, hoy más que nunca, por el avance de la tecnología, en un mundo en el cual parece no haber espacio para los saberes ancestrales de la naturaleza. Sin pasar por alto la sensibilidad que despierta en la opinión colombiana el asunto del consumo de la hoja de coca, por la connotación delictiva que se le ha dado. Esta iniciativa, desde mi punto de vista, debería replicarse por las personas que tienen a su cargo responsabilidades literarias, principalmente artistas y dueños de editoriales.

Joan Manuel Millán y Nathalia Marín, los propios Mina & Manu Editorial, Gerylee Polanco Uribe y Paola Andrea Castaño, de OjoAgua Cine, demuestran que cuando se cuenta con una idea solo hay que aprovechar los medios al alcance para que los resultados fluyan. Ellos mismos se acercaron al Mamo y, gracias a sus credenciales como ilustradores e investigadores, se ganaron la colaboración de la comunidad Tungeka. Narciso, hijo de Mamo, participó como intérprete y sin él no hubiera sido posible divulgar esta desconocida joya del patrimonio oral de Colombia. Aplausos y ojalá más historietistas se sumen a estas concepciones.

Raúl Trujillo
Ilustrador freelance y bibliotecólogo en formación. Ha realizado colaboraciones para el periódico Dela Urbe, de la facultad de comunicación de la Universidad de Antioquia y Revista Pérgamo de la Escuela de Bibliotecologia de la Universidad de Antioquia. Además ha sido seleccionado para exposiciones y muestras de caricatura e ilustración en Colombia en ciudades como Medellin, Rionegro, Pereira y Armenia. En el extranjero en Buenos Aires (Argentina) y Sinaloa (Mexico).

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