«La Desparchada» que dibuja historietas

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Carolina Pineda Cadavid es una de las dibujantes de historietas más singulares de Colombia, con un extenso mapa de influencias que conectan diversas formas de lo gráfico; como las series animadas, las historietas, la ilustración.  La Desparchada como se le conoce también, ha dibujado desde los cinco años, un oficio que ha ido puliendo con el modelismo y la escultura de escenografías, además de su paso por la academia en la Escuela Nacional de Caricatura y el SENA. En 2014 autoeditó su historieta Hello, My Love, su opera prima, un narración gráfica con tintes personales, la cual fue parte de su entrenamiento. Además cuenta con otras historietas como Historias de Chapiyork: Una noche del 88, en conjunto con Daniela Ardila, un proyecto de amplias dimensiones narrativas en el que mezcla varios registros que se funden con la ficción y los relatos de misterio, y otra serie de narraciones gráficas que pueden leerse en su blog.

Carolina también ha trabajado como ilustradora en proyectos audiovisuales para universidades y reconocidos directores de animación, así como para proyectos editoriales, y proyectos sociales para la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el colectivo Las Parceras.

Este año el sello Cohete cómics publicó Recetario de Sabores Lejanos, un proyecto colectivo entre dibujantes e investigadores que pone en la mesa diferentes problemas que soportan territorios aislados en la República, en el libro, Carolina trabajó junto a Juan Camilo Patiño, con una historieta que representa las fisuras del Paisaje Cultural Cafetero a través del «Aguacafé» en Calarcá (Quindío). Actualmente está trabajando en una historieta para el sello Planeta cómics Colombia.

Revisando parte de su trabajo, hay una faceta que me llama la atención; y es su trabajo como «modelista» y el oficio como escultora de escenografías. Esto es algo que he podido ver de lejos, cuando ha compartido a través de redes parte de sus diseños integrados a la página de historieta ¿Cómo es el diálogo y el tránsito del modelismo y la escultura con el dibujo de historietas?

Es justamente como lo describes, un diálogo; otra forma de abordar un problema, que es lo que muchas veces creo puede ser la experiencia de encarar la página de historieta. Un problema, no entendido como inconveniente sino como ejercicio donde deben resolverse muchas cosas. En ese sentido, los modelos y las esculturas o los estudios escultóricos, favorecen ese reconocimiento de los problemas a los que quiero enfrentarme y en ese reconocimiento siempre hay descarte y nuevos descubrimientos. Por eso a veces es vital para mí, explorar este recurso antes de un proyecto o de manera paralela.

Ahora, nunca he estudiado escultura, al menos no formalmente. Empecé muy pequeña con los suplementos dominicales de plastilina que salían en El Tiempo y que mi abuela me recortaba con mucha dedicación para que yo practicara. Luego ella me compró una enciclopedia de plastilina del mismo autor de los suplementos: Edgar Álvarez, con la que aprendí mucho más. Nunca dejé de practicar, de aprender con más libros, revistas, videos y reforcé muchos conceptos tras mí paso por la Escuela Nacional de Caricatura.

Entonces, la creación de modelos y la escultura fue una práctica estimulada desde mi niñez, pero que sobrevivió y evolucionó gracias a la pasión, porque llegó un momento en el que me puse en la tarea de pensar de qué manera podía incorporarlo a mi trabajo, así que cree una página de Facebook hace muchos años donde zombificaba personas (esculturas) y luego empecé a hacer modelos con plastilina de manera regular. Fue un «emprendimiento» que naturalmente no representó ganancias, pero gracias a ello me conecté con la gente de Se lo explico con plastilina y para el 2012 y 2014 trabajé con el animador Edgar Álvarez (mi ídolo de infancia) en cortometraje animado en plastilina: Un 9 de Abril. Allí hice escenografías secundarias, fondos y además ilustré el storyboard. Para el 2016 y 2017 tuvimos junto con la dibujante Daniela Ardila, la oportunidad de crear el proyecto Historias de Chapiyork; donde el trabajo de construcción de modelos, de estudios de luz con cajas de cartón para la creación de varias viñetas y de búsqueda de texturas fue fundamental para darle a esa historieta la atmosfera callejera, oscura y ochentera que buscábamos.

Fragmento de uno de los cuadernos de viaje. Carolina Pineda Cadavid.

También sucede que, aun cuando las piezas elaboradas no hagan parte de una página de historieta de manera literal, sí lo hacen en su construcción y eso puede verse o sentirse en la estructura de las páginas o en la solidez de una historia tan ambigua como Historias de Chapiyork, por ejemplo; que deja tantas cosas abiertas. Todo ese trabajo de modelado y construcción estoy segura que puede hacer de esqueleto y en ese sentido recurro a ciertas palabras de Hergé, cuando dijo que el dibujo era toda una instalación y me parece que es muy cierto, sobre todo cuando entendemos el dibujo desde el oficio de dibujar historietas, porque siempre hay mucho más en juego al momento de sentarse a crear, que el simple acto de tomar el lápiz.

Fragmento de uno de los cuadernos de viaje de Carolina Pineda Cadavid.

¿Podría compartir un ejemplo respecto a esto último?

Un ejemplo de ello puedo darlo a partir de una anécdota personal. Hace tres años hice una maqueta de la casa en la que crecí, antes de sentarme a terminar el borrador de una novela gráfica llamada Nunca Cambies donde hablo sobre mis años en el barrio Muzu y en esa casa. Enseñé este modelo en una reunión familiar y cada persona encontró en ella cosas distintas; desde ventanas, ángulos y rincones que yo omití por olvido; ya que se trataba de crear ese modelo sin ninguna otra fuente que la memoria. Fue muy conmovedor ver a mi familia escarbando en los recuerdos mientras veían la maqueta y al mismo tiempo tan curioso entender que estos son absolutamente subjetivos y que de alguna forma, no solo elegimos qué recordar sino que incluso podemos cambiar las memorias, alterarlas, olvidar partes, moldearlas; como las esculturas. Así, la ventana que yo olvidé poner, un tío la recordaba porque se escapó a través de ella muchas veces. Encontré esa reconstrucción colectiva mágica, pero además la experiencia me sirvió para entender que si bien debía ser rigurosa con las fechas, por ejemplo, jamás llegaría un consenso para definir los hechos que allí narro; ni con mi familia ni con amigos de la infancia y fue liberador, porque esa novela es mi versión de muchas historias allí vividas. Sin la creación de ese modelo y el ejercicio de enseñarlo, no habría tenido la claridad que tuve para sentarme a dibujar.

Otra constelación que se puede hilar en esa dirección, son sus cuadernos de viaje, ahí usted ha encontrado espacios para realizar narraciones gráficas y reporterías gráficas; sobre viajes, momentos, conciertos, eventos y más… ¿Qué formas particulares va encontrando en estos «diarios» y registros para su trabajo en general y de qué forma son distintos a sus otros trabajos de dibujo?

Son distintos porque ahí solo busco hablar desde la experiencia del viaje o del evento, desde lo que siento y cómo se sienten las personas que me acompañan. Realmente son ejercicios de observación consciente desde la experiencia, que eventualmente terminan siendo eso, historias de viaje; historias, porque no puedo evitar pensar en contar y en narrar.

Guardando las proporciones y solo con el ánimo de contextualizar para ti, y también de entender para mí el origen de ese deseo de dibujar la experiencia; desde niña encontré fascinante y admirable la historia de la expedición botánica, de los viajes de Humboldt e incluso la historia de muchos hombres que, impulsados por la curiosidad y el conocimiento se lanzaron a la exploración de nuestro continente. Mi sueño de niña era conocer el mundo trabajando en un barco, así que algo de ese sueño infantil de ser una expedicionaria también debe influir en el deseo de llevar mis propios cuadernos de registro de lo que me inspire o encuentre y por fortuna, estos cuadernos pueden ser también incorporados eficazmente a mi trabajo. Porque como la escultura y los modelos, hacen parte de búsquedas expresivas o conceptuales que no son infructuosas, ya que generalmente me llevan a buen puerto y cuando no, se convierten en horas de práctica, recopilación y observación, algo que jamás será tiempo perdido.

Actualmente estoy llevando un cuaderno de texturas de la ciudad, porque es un tema que me interesa mucho y que tendrá que ver con historietas futuras. Lo que hago aquí es calcar texturas que me parecen interesantes, como grabados de tapa de alcantarilla o de rejillas, también recojo cosas encontradas y las pego allí. Me emociona poder sacarle verdadero provecho a este diario ahora que se puede salir con mayor seguridad y regularidad.

En su dibujos hay muchos elementos diversos: historietas familiares, cómic hechos por encargo; cómics sueltos, ejercicios, los cuadernos mencionados ¿Ha pensado en hacer una antología de sus dibujos, o cree que es muy pronto?

Definitivamente es muy pronto porque yo quisiera un libro de antologías tan gordo como el de Petete. Es broma, o puede que no porque me gustaría un libro así, pero con más carrera encima porque entiendo la antología de un autor o autora como parte de su consolidación. Hay que ser digna de un proyecto así y esa dignidad se alcanza con la creación paciente, constante y consciente de historias ojalá acompañadas de madurez profesional y por supuesto emocional. Espero que llegue un punto en el que pueda mirar atrás con la seguridad de saber que se encontraré trabajo, experiencias de vida lo suficientemente valiosas y significativas como para alimentar la retrospectiva de una antología.

Ese 19. Una historieta de Carolina Pineda Cadavid sobre gol de Freddy Rincón contra Alemania en el Mundial de Italia 90.

Hay una afición sobre la cual me es inevitable no preguntar, hablo del fútbol, pero no solo como deporte de élite sino el «fútbol de la calle y del barrio, las banquitas, las piedras los picados». De hecho, usted tiene una sesión muy especial en su blog «Mucha pelota». Dicho esto; en un país tan «futbolero» ¿Por qué cree que no nos hemos lanzando a hacer historietas sobre fútbol, o sobre ciclismo, biografías de deportistas, entre otras?

No sé porque no hemos explorado editorialmente un tema tan apasionante como el deporte, quizás se deba a que nuestra sociedad lo vive de manera visceral, como todo. Y prefiere el morbo y «aprender» por medio de programas basura, por trinos, entrevistas o lo que es peor: por algún periodista «doctor» en fútbol; que leer, pensar y entender la naturaleza del juego o de cualquier deporte. Estos días hubo matoneo a varios ciclistas colombianos, en especial a Egan Bernal por no haber repetido podio en el tour. Al común de la gente le interesa que gane, no entender porque las piernas esta vez no le dieron, no entender que el cuerpo de un ciclista debe funcionar con la precisión de un reloj para rendir y que además depende de una estrategia de equipo, del clima y de un montón de factores. No sé si comercial o editorialmente entender que acá el deporte se vende como entretenimiento, desanima. Pero incluso, creo que un cómic bien pensado para entretener y de paso entregar la historia de una gesta deportiva podría funcionar. Recursos, muchos: desde biografías hasta la estrecha y desafortunada relación del fútbol colombiano con el narcotráfico.

¿Ha pensado en hacer proyectos de ese tipo, de largo aliento?

Respecto a lo de algún proyecto personal en torno a ello, en el colegio jugué mucho voleibol y micro; también participé en intercolegiados de ajedrez. Esa relación con el deporte tan estrecha en aquella época, la exploro en Nunca Cambies. Aparte de eso, me encantaría hacer un cómic sobre el equipo de fútbol de la ciudad de Chapiyork, sobre el micro o sobre un periodo especial de la historia del fútbol femenino en Inglaterra, que como el masculino es inglés, al menos en el papel. Pero que a diferencia del masculino, fue perversamente invisibilizado durante años. Detrás del deporte y del fútbol particularmente, hay muchas historias de resistencia, de lucha y vale la pena empezar a dibujarlas, no solo para contarlas sino para entender mejor nuestra historia.

Fragmento de "Señor ojo" Carolina Pineda Cadavid.
Fragmento de “Señor ojo” Carolina Pineda Cadavid.

Hello, My Love, (2014) como usted lo tiene registrado fue su opera prima en historieta y parte de su entrenamiento, aunque ahí ya hay elementos muy sólidos y definidos en su estilo y soluciones gráficas muy potentes ¿Cómo ha cambiado su trabajo desde esos años?

Ha cambiado y no solo en el aspecto gráfico. Recuerdo que cuando empecé a dibujar esa historia, las primeras páginas me costaban mucho porque no quería embarrarla y me demoraba mucho en llevarlas a cabo. En cambio ahora, cuando de vez en cuanto intento ponerme al día y dibujo una nueva página (el borrador está terminado hace años), la resuelvo en una o dos horas. En efecto, resultó ser un gran entrenamiento puesto que me llenó de confianza y es lindo ver como la línea se va puliendo con el pasar de las páginas y los años. La línea y como lo dices y agradezco que lo mencionaras, las «soluciones gráficas» porque empieza a notarse justamente eso, firmeza gráfica, lo que además aporta a la narración porque de entrada y en la viñeta uno conocemos a una mujer temerosa e insegura que con el transcurrir de la historia cambia y se hace más fuerte, como la línea de esa historieta. Esa historia tiene un final y un epílogo bien especial y mí me gusta no solo porque habla de varias etapas de una relación, de las torpezas producto de inmadurez y falta de seguridad con la que abordamos ciertas relaciones y de como por ello nos perdemos de vivir o hacer más edificantes nuestras experiencias afectivas, sino que también habla sobre el aprendizaje que esas torpezas dejan si estamos abiertos a entender la totalidad de la experiencia. Todo esto, en el contexto de una ciudad que como los personajes cambió, algo que se entiende al leer Historias de Chapiyork: Una noche del 88, donde la ciudad gris pero con momentos de color muy intensos que se lee en Hello, My Love, se aleja dramáticamente y ofrece también desde una paleta de color una atmósfera oscura, reprimida y contenida, las historias de una sociedad al borde de un estallido social sin el que la historia de las protagonistas de Hello, my love no sería posible.  

Una página de “Hello, My Love” (2014) Carolina Pineda Cadavid.

Esta historieta entonces abre la puerta al universo que quiero sea Chapiyork y que de momento ya cuenta con tres historias. Además, gracias a ella entré al mundo de la autopublicación y recorrí con un par de números impresos mis primeras ferias de cómic. Podría decir que con esa historia salí oficialmente de un armario historietístico y por donde lo vea, representa una escuela de la que sigo aprendiendo.

Precisamente en Historias de chapiyork, el cual realizó con la dibujante Daniela Ardila es el centro modular de sus historias. En este cómic, hay confluencias entre la fotografía, el vídeo, fragmentos de cuadernos, discos y referencias a V for Vendetta de Alan Moore, David Loyd y Steve Whitaker ¿Cuál fue origen de este trabajo? ¿Han pensado en continuar versiones en este estilo?

El origen de Chapiyork es vivencial y tiene que ver con el momento en el que descubrí que me gustaban las mujeres, empecé a conocer gente y a frecuentar bares gay hace muchos años. Tengo medio escrita una historia sobre zombies y vampiros que no es otra cosa que el desahogo y la reflexión de muchas noches de rumba en aquella época. Al principio eso iba a ser Chapiyork, un lugar con muchos monstruos. Pero esos parches y esas rumbas me aburrieron porque empecé a sentirme parte de un guetto, de otra ciudad, y no me sentía a gusto, de hecho paradójicamente saliendo me sentía más adentro. Se debió en parte también, a la manera de enfrentarme a lo que pasaba y vivía: una especie de segunda adolescencia, con su propia torpeza y desconocimiento. Sin embargo, de esas experiencias surgió la idea y tengo cuadernos (diarios) con apuntes, dibujos y mini historias pero no publiqué ninguna, digamos que solo las viví y las registré, pero fueron claves para pensar e inspirar todo esto. Yo debería estar hablando de carreras o cursos que hicieran que tomara decisiones creativas y por supuesto eso tiene mucho que ver, paralelamente, porque es la vida lo que impulsa el dibujo en mi caso y viceversa. Entendí esa relación en mis veintes y desde entonces no pasa un solo día sin que dibuje y sin que piense el dibujo en pro de contar historias, de dibujar cómics.

Portada “Historias de Chapiyork” una noche del 88, Carolina Pineda y Daniela Ardila.

Entonces, de la época en la que asumí que me gustaban las mujeres y que coincidió con mi paso por la Escuela Nacional de Caricatura y Comunicación Gráfica, también me asumí como dibujante y ambas experiencias nutrieron la idea de esa otra ciudad, amurallada por sus miedos, deseos, realidades, vicios y prejuicios. Esa ciudad aparece por primera vez y sutilmente en Hello, my love.

Más adelante, encontré durante el transcurso de la carrera de ilustración para audiovisuales del SENA y en conocer a la dibujante Daniela Ardila, que se enamoró de la idea de crear más historias y aportó considerablemente al desarrollo de la mismas, el momento y la cómplice perfectos para materializar el proyecto llamado: Historias de Chapiyork: Una noche del 88, que cuenta con tres ediciones físicas, una de ellas con una corta pero contundente participación del dibujante Miguel Vallejo (Gusanillo). El proyecto académico incluía una animación que estuvimos lejos de terminar porque entendimos que para hacerla necesitábamos más recursos, tiempo y conocimiento, así que presentamos el libro y un tráiler animado. Sin embargo el guion de esa animación está escrito, hay estudios y animatics de la historia que confío, podamos retomar en algún momento.

Una página de “Historias de ChapiYork: Una noche del 88”.

Existe otra historieta corta, de terror y que hice por mi cuenta en el año 2018, llamada: Señor Ojo. Ambientada en esa ciudad, que se puede leer en el blog y que cuenta con edición física; y otra pendiente, sobre Chapiyork Fútbol Club, el equipo de la ciudad. Pienso en Chapiyork como un universo que de a poco y siguiendo la misma fórmula de sumar experiencia profesional y de vida, seguirá en expansión.

Hay algo que me parece fundamental en los procesos de trabajo de las dibujantes de historietas y es el diálogo con una tradición, con unas influencias ¿Cuáles son las suyas? ¿De qué formas le han ayudado a pulir su trabajo como dibujante de historietas?

Mis influencias son muy bastas y no solo son literarias, gráficas o pictóricas, sino que abarcan incluso la cultura del entretenimiento. Toda una vida viendo, leyendo y consumiendo cultura audiovisual y tv que fue con lo que creció nuestra generación antes de que el internet fuera lo que hoy, pienso que hizo mella especial. Por ejemplo, en cuanto a historietas, hay cosas que pasaron pero que fueron en su momento muy importantes para dibujar mucho, como por ejemplo Spawn, Witchblade y números épicos que traía editorial VID, como Alien, Spiderman Blue, Tarzan Vr Depredador que tiene un arte increíble, y que recuerdo, me compré con la plata destinada a una corbata para el uniforme del colegio. Estos cómics corresponden a esa época, así como unas historietas españolas en blanco y negro que conservo todavía: Torpedo y Hombres y Bestias. Con Tintín crecí y fue Tintín lo que me impulso a dibujar cómics. Estoy de acuerdo con Fernando Savater cuando dice algo así como que tener a Tintín en casa y no quererlo sería como no querer a tu abuela. Tintín es algo que hoy se revisa mucho políticamente y eso está bien, leerlo con crítica pero sin olvidar que ante todo Hergé quería narrar aventuras y que hay números grandiosos. También admiro profundamente su ética de trabajo y la disciplina enorme con que llevó a cabo la creación de cada número. Más acá, son tantos y tantas autoras que quizás solo deba nombrar a quienes me han influenciado narrativamente en momentos puntuales de mi vida además de Hergé. Por ejemplo: Ulli Lust, Maitena, Power Paola, Bill Waterson, Sophie Cambell, Farel Dalrymple, Joni b y Dabiel Rabanal. Pero también hay una cuota grande en mi enamoramiento por el dibujo de historietas y son todas esas grandes series animadas y no animadas de los noventa como Batman: The animated series, las películas de Batman de Tim Burton y en general mucha de su filmografía; Gárgolas, Spiderman, Dinosaurios, Las pesadillas de Freddy Krueger, que era una serie de historias de terror muy sosas donde Freddy a lo Alfred Hitchcock presentaba y despedía cada capítulo; Cuentos de la Cripta, Le temes a la Oscuridad, Fábula Mágica, Las tortugas ninja, la primera serie de los Power Rangers, Escalofríos, Daria, Celebrity Death Match, Xena, Nikita, Expedientes Secretos X y un par de telenovelas o series colombianas de misterio que considero fueron muy buenas y aportaban un recurso distinto al habitual drama amoroso de tv latina, como Los Victorinos, Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha y La Mujer del presidente.

Referencias cinematográficas son muchas, sobre todo de horror y literarias también, pero cito a una muy significativa: Stephen King. Y no puedo dejar de lado la música, elemento particularmente importante en mi vida y trabajo además. Son varios los referentes, pero siempre hablo de Aterciopelados y sus primeros álbumes, porque tienen canciones que cuentan historias de la calle en la Bogotá de los noventa y las letras son tan descriptivas que bien podían convertirse en cómics.

Una página de “Un verano Chapiyork” Carolina Pineda Cadavid.

En un artículo que realizó María Camila Nuñez para Cartel Urbano usted decía «…yo me siento fuera de todo en general» En relación a esa frase ¿Cómo se siente en la historieta colombiana?

El contexto de esa respuesta iba sobre las comunidades y colectivos en general y en ese sentido me sigo sintiendo fuera por voluntad propia y más por cuenta de mi experiencia personal, así que voy a profundizar un poco en las razones por las que me siento así antes de entrar a lo puntual. En el tema de trabajo colectivo, por ejemplo, son contadas las ocasiones en las que las que he logrado ser parte de una verdadera sinergia, pero quizás también hay algo de rebeldía en la decisión de no querer tener participación activa en un grupo o colectivo, porque creo que siempre tienden a homogenizarse y entonces el filtro y la crítica reflexiva puede, tal vez no perderse pero sí resultar más complaciente. Desapegarme del sentido de pertenencia institucional, gremial, empresarial, de la misma comunidad LGBTIQ, es algo que he procurado siempre por esa razón y porque también hay un tema tribal en las comunidades que no acabo de entender. Sin embargo, celebro altivamente que existan y soy consciente de que este privilegio de querer ser medio outsider puedo dármelo gracias a sus acciones. Así pues, mi decisión no es la de huir o estar en contra, sino la de permanecer al margen, por convicciones más personales y profundas como la de elegir las expresiones y manifestaciones con las que me integro en el mundo. Además, creo que hay muchas formas de abrazar causas colectivas, de exigir derechos, poner el ojo en problemáticas específicas o de estar, concretamente en el medio, mundo, entorno o como cada quien quiera llamarlo, de la historieta colombiana; desde la individualidad, desde la responsabilidad con la que manifiesto mis opiniones, desde la disciplina y seriedad con la que llevo a cabo mi trabajo y desde la aparente lejanía con la que me permito llegar al trabajo de otros u otras colegas o incluso a distintos aspectos de su vida, como me sucede con Marco Noreña y con Estefanía Henao, a quienes considero no solo colegas, sino amigos. Creo sobre todo en las acciones que puedo llevar a cabo sola, desde mi forma de trabajar hasta la de amar, algo que por ejemplo hoy estoy mirando con lupa con el fin de poder sentirme más segura, consciente y por ende responsable respecto a las experiencias que quiero compartir con otras personas y así mismo tener mejores herramientas sociales y afectivas para entender la experiencia ajena. Son intenciones, acciones y convicciones personales trabajadas desde mi individualidad, pero al final, desarrolladas para relacionarme mejor con el mundo y la sociedad, pero siempre «fuera de todo en general».

Ahora, no sé si podemos decir que en Colombia existe una comunidad del cómic, no sé si es así como una comunidad funciona y tampoco me desvela definirlo (tampoco me desvela la discusión respecto al término novela gráfica, por cierto). Sin embargo sí que hay acciones y manifestaciones de comunidad que encuentro muy valiosas en el entorno del cómic colombiano, como por ejemplo las personas que están o estuvieron detrás de las becas y estímulos de cómic a nivel nacional y que se han mantenido desde hace un par de años, del Salón del cómic y la Ilustración de la Fiesta del libro de Medellín, del Congreso de ilustración de Bogotá, Entreviñetas, Calicomix y la Feria del libro de Manizales. Iniciativas colectivas que claramente tienen un enfoque especial destinado a la divulgación, exposición y creación de historietas.

Fragmento de la historieta “Imparables” . Un trabajo realizado para la inciativa:: Dibujar para No victimizar.

Así también se llevan a cabo diversas acciones desde un circuito más independiente, como la iniciativa de Altais Cómics de crear una etiqueta con la que se pudiera abarcar todo evento referente al cómic y este fue #AgendaCómicCol, promovido por ellos en sus redes luego de hacer una encuesta donde cualquiera podía proponer y eventualmente escoger por votación ese numeral. A través del mismo se comparten lanzamientos, nuevos post, eventos nacionales; El Globoscopio hizo algo parecido con el uso de la etiqueta #CómicColombiano hace unos años y ahora se usa recurrentemente. Pero también lo hace Blast, FICCO, Charlas con el Mico, Los cómics son buenos y LECHE; divulgando y socializando la historieta de manera regular y con una dedicación y rigurosidad admirable. Entonces ahí estoy, al parecer desde afuera pero muy pendiente, acompañando y emocionada por lo que pasa y por lo que vendrá.

Este año la editorial Cohete cómics publicó Recetario de Sabores Lejanos, un libro con muchas voces y trazos, en el cual usted participa en conjunto con el investigador Juan Camilo Patiño, con una historieta que representa las fisuras del Paisaje Cultural Cafetero a través del «Aguacafé» en Calarcá (Quindío) ¿Cómo fue la experiencia en este trabajo colectivo?

Ese trabajo ha sido hasta el momento mi primera experiencia de cómic documental y me hace feliz que el recetario esté teniendo tan buena recepción porque es mi primer libro. Dejando de lado el evidente cariño que siento por el proyecto por cuanto ha representado para mí profesionalmente, pienso que fue una gran apuesta y que al menos yo no dimensioné su complejidad sino hasta que leí todo el libro. Eso traduce que es muy difícil lograr una comunicación regular cuando el equipo de trabajo es tan amplio (creo que fuimos más de veinte personas). Pero al mismo tiempo, llegar a entender la dimensión del proyecto hasta ahora me permitió trabajar en Aguacafé sin temor de pensar en algún momento que no podía estar a la altura de algo tan grande, sino que lo disfruté y me tomé muy a pecho el trabajo conceptual que hice para compensar la ausencia del trabajo de campo y tener herramientas para resolver eficazmente el aspecto de la locación. Hay algo que me gusta mucho del Recetario de Sabores Lejanos y es descubrir que el cómic es un medio a cabalidad. En el canal de Youtube de la editorial Cohete Cómics se pueden escuchar los podcast donde cada investigador e investigadora ofrece la perspectiva del trabajo de campo que inspiró cada capítulo y donde poco se habla del dibujo. Algo particular, nuevo e interesante; porque alguien puede llegar al libro escuchando los podcast o a los podcast a través del libro y tener una experiencia de inmersión más amplia en los diversos conflictos que el libro expone.

Una doble página del trabajo de Carolina Pineda en “Recetario de sabores lejanos”.

En esa misma línea, y a través de su experiencia ¿Cuál es su opinión sobre cómic documental, de no ficción, o histórico en Colombia?

De acá desprendo la respuesta a la pregunta sobre la opinión del cómic documental que se está haciendo en Colombia, porque creo que debe tener cabida: un proyecto de la talla del Recetario, en cuanto a la dimensión de los distintos conflictos que allí se narran y el complemento que un lector o lectora activa puede encontrar en material extra como los podcast; como proyectos si se quiere menos académicos, no en cuanto a la rigurosidad de los hechos narrados, sino en cuanto al juego narrativo y a la experimentación gráfica. Propongo dos ejemplos que creo se ajustan a lo que quiero explicar. El primero es Hip Hop Family Tree de Ed Piskor, un cómic documental sobre el origen de la cultura hip hop en Nueva York. Allí el juego narrativo y gráfico es amplio y se complementa con la historia a tal punto que la vestimenta de los personajes, los escenarios, la ambientación, la jerga y el recurso usado para el color no solo hacen parte de una puesta en escena, sino que enriquecen y potencian la narración y la inmersión en la historia. El segundo ejemplo es Revisión a la Historia de Francisco Peláez, que sin ser expresamente un cómic documental habla desde un lugar en el que explora e ironiza de manera aguda la historia oficial de una región de Colombia y en esa propuesta hay reflexión y de hecho, revisión documental porque propicia que quien lo lea sienta deseo por buscar las fuentes oficiales y las confronte. En otras palabras, creo que estamos en un punto en el que se puede empezar a jugar narrativa, conceptual y gráficamente, y a tomar mayores riesgos sin que ello implique perder seriedad o rigurosidad. También entiendo que arriesgarse así con temas del conflicto armado colombiano por ejemplo, no debe ser fácil porque el tema es desgarrador pero sobre todo porque al estar vigente es coyuntural.

En días recientes, Los Cómics son Buenos antojó desde un post sobre un cómic nuevo acerca del rap colombiano y sentí mucha alegría porque creo que va por ese lado documental, porque el dibujo se ve muy callejero y porque a simple vista parece que fue abordado desde un lugar menos académico. Tengo emoción por saber más sobre ese libro.  

Por último, usted está trabajando en un proyecto editorial para Planeta cómic Colombia. Un trabajo sobre el cual tengo mucha expectativa, aunque no tengo una sola línea de información sobre él ¿Podría contarnos algunos detalles sobre este trabajo? ¿Qué cambia respecto a los trabajos anteriores?  

Cambia en varios aspectos. La novela en la que trabajo para Planeta se aleja completamente del universo de Chapiyork y de Nunca Cambies no solo en cuanto a temática sino en cuanto a la estructura narrativa y a la técnica: acuarelas. Si te has fijado en los detalles o viñetas que he compartido desde Instagram, la ejecuto casi como un material primo de la acuarela que es la pintura Gouache. Esto se debe a que el papel que compré no es muy grumoso, por ende las primeras capas lucen opacas, lo que me permite pintar todavía más encima. Ese trabajo de capas y lavados convierte la experiencia en algo si se quiere más pictórico y la posibilidad de trabajar detalles se amplía. Otro aspecto que diferencia el proyecto de los anteriores es el de trabajar con un editor; Cristiam Muñoz, que ha sido el aliado ideal para llevar a cabo esta historia y que creyó en ella desde que le mostré dos páginas de un storyboard y algunas escenas que había hecho a manera de estudio en una bitácora. No tenía la historia escrita, solo la idea y él iba detrás de una historieta que estaba siendo revisada en otra editorial, entonces le mostré lo que tenía y llamó su atención, por lo que me pidió preparar una propuesta más completa y con sinopsis. Entender los tiempos de la editorial también fue nuevo porque Planeta es una editorial muy grande y los proyectos de libro son aprobados por un comité al que el editor o editora expone esos proyectos de libro en los que quiere trabajar y ajustar a la línea, en este caso al sello Planeta cómic. Cuando la historia fue aprobada y mientras se llevaban a cabo los términos del contrato yo trabajé en el borrador detallado y completo de la novela. En todo ese proceso estuvimos unos seis meses y en el momento en el que firmé, arrancamos dejando claros algunos aspectos y detalles narrativos y yo me senté a dibujar en febrero de este año. La pandemia, algo nuevo también, movió radicalmente el calendario editorial pero paradójicamente me brindo la posibilidad de tener más tiempo, por fortuna; porque yo realmente pensé que podía acabar la novela con más premura pero no, la técnica y el nivel de detalle me exige una paciencia y nivel de concentración especial, he contado hasta cuatro horas pintando una sola viñeta. Pensando en eso justamente, en regular y auditar el esfuerzo mental y emocional de saber que estoy haciendo algo tan largo, a lo que le dedico mucho tiempo y que me exige tanto, decidí incorporar algo nuevo y distinto: además de la jornada de trabajo y dibujo, llevo a cabo una rutina física y de meditación diaria que ha impactado positivamente en cómo me siento emocionalmente y en la energía con la que encaro el trabajo de cada página.

En cuanto a la temática y el nombre, no he querido relevar nada porque espero que descubran la historia de manera espontánea y con la sensación de novedad tal y como lo haría un niño. En ese sentido más que la expectativa, que por cierto me halaga y agradezco, prefiero que la esperes y la esperen con mucha curiosidad.

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Realizó trabajos de promoción de lectura de cómic en el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín, la Universidad Eafit y el área cultural del Banco de la República. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura como Revista Arcadia, Revista ElMalpensante, Boletín Bibliográfico del Banco de la República, Revista Bacánika, Revista Corónica, El Espectador, El Heraldo Universo Centro y otros. Premio Simón Bolívar de Periodismo 2018 en la categoría entrevista prensa escrita.
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