Los muchos lugares de Tana

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¿Qué es un cómic? Se pregunta Tana Oshima y se responde «no lo sé». Luego escribe «Pero en el cómic de alguna manera soy todo: tal vez sea el espacio en el que completo mis mitades». Tana se pregunta esto y lo escribe en la introducción de su nuevo libro editado en español De lo errante y aberrante (Rialta ediciones, 2022) la recopilación de cuatro de sus cómics y la conversación con la escritora Legna Rodríguez. Cuatro mitades y más: «Vagabunda», «Enmascarada», «Nabokova», y «Teatro de la crueldad» que, en conjunto, permiten hacer una inmersión por dos de su mitades: los dibujos y las palabras de Tana que le sirven para nombrar otras dos mitades: el movimiento y lo extraño.

Detalle del diseño editorial «De lo errante y aberrante». Tana Oshima. Rialta ediciones.

Este libro entonces es, extendiendo el significado de su título, una forma de andar, de desplazarse, y asumir el tránsito mientras se va de un lugar a otro, a la vez que lo errante se desvía o se aparta de lo usual. Pero lo errante en Tana, la que ella dibuja y escribe, no es la del clásico flâneur, lo que se expresa en sus palabras y dibujos no es un «cómodo» tránsito y la observación de aquel que vive en un lugar, al contrario, su vagabundeo es más intrusivo, con muchos rasgos de incomodidad y extrañeza. Así puede leerse en «Vagabunda»: «Soy una intrusa en una propiedad muy privada conocida como “Nación”» una intrusa que vaga, aquí y allí, en una propiedad privada porque su condición es la de una extranjera. En esta primera historieta el énfasis no solo está en lo decible, sino que se completa con lo gráfico, en la estrechez de las viñetas y en las palabras que están tomándose el recuadro, y en las geometrías de los dibujos que hacen aún más incómoda la condición de intrusa.

 

El viaje gigantesco de Tana Oshima en «Enmascarada».

Por otro lado en «Enmascarada» las palabras pierden densidad, ya no son tantas, y las secuencias de letras son pocas, privilegiando las imágenes y figuras que cambian de estados y colores. De nuevo está lo errante «Crucé dos continentes» mientras el desplazamiento se suma a preguntas, hasta que se llega a una choza a la que están llegando hormigas, hormigas errantes, que en fila cruzan unas fronteras, como los inmigrantes que tratan de llegar a un lugar. Pero la choza es apenas un lugar para el descanso, el viaje continúa hasta cruzar el epílogo que cierra la historieta, en este punto final se cambia el tono y la representación, y lo que se dice en cursiva no es un cierre como tal, es un anhelo quizás de establecerse a pesar del nomadismo y las muchas vidas, por lo pronto mientras se es muchas máscaras se seguirá buscando una y otra vez para ¿Volver a dónde?

La geografía que dibuja Tana sigue en «Nabokova» con un desvío cruzado por literaturas y lecturas, en la incidencia que la literatura tiene en las narraciones de Tana. «En mi cabeza, en mi jerarquía de intereses, está primero la literatura. O más bien “la palabra” y todo lo que la palabra escrita produce», le responde a Legna Rodríguez en la entrevista. En este caso «Nabokova» es tal vez una prolongación del nombre de Vladimir Nabokov (escritor errante que escribió en una lengua que no era la suya) y también la prolongación del actor de leer, y la actuación de esas lecturas en la vida de una leprosa que adoptó el nombre de «Nabokova», la cual, al paso por lugares despreciables se reencuentra en otro tiempo con nombres y lecturas que regurgita, que apelmaza en su estómago lleno de academia, unas palabras, anotaciones y lecturas que luego se fuma mientras sigue leyendo.

La escritora Tana y la forma de sus palabras.

En esta historieta continua la composición de cuatro viñetas fijas y la inserción de un monólogo en la parte superior, aunque con una articulación de geometrías que se hace visible cuando aparecen dibujadas las palabras como círculos, triángulos, cuadrados. Aunque hay más, en una lectura de ida y vuelta, hay una parte cuando «Nabokova» desaparece y las palabras se toman la totalidad del espacio de las cuatro viñetas, advirtiendo que esa jerarquía está ahí, y no se limita, porque las palabras son dibujos y formas al fin y al cabo, y eso lo confirma Tana dándoles todo el espacio posible.

«Vagabunda» Tana Oshima.

Antes del final aparece «Teatro de la crueldad» la última parte en la que Tana usó su pelo como pincel para muchos de sus dibujos. En este tramo no hay uniformidad sino una sumatoria de formas dispares y registros: collages dibujados y marcas de una ciudad que atrapa, un coctel, y entre tanto un pieza de dos páginas titulada: «Ahora te toca dibujar». Las viñetas, de lado y lado están en blanco, aunque están marcadas con palabras, el vacío del posible dibujo resuena, a pesar de su ausencia, debajo de las letras. Este es el punto en el que la errancia se subvierte y se traslada al lector porque la extraña sensación del gesto vacío así lo sugiere. Pasa algo similar en «En esta página tu eres el/la forastero/a»; en ambos casos no hay una lectura completa, falta algo y ante la vista y la comunicación cortada lo que queda es un lenguaje a medias. Somos, como lectores de Tana, un forastero más.

Cuatro viñetas de «Vagabunda». Tana Oshima.

Hay un cierre en esta geografía, la entrevista de la escritora cubana Legna Rodríguez a Tana Oshima: «Don’t talk to me about the concepts. Yo entrevisté a Tana Oshima». Esta es una entrevista que quiere ser correcta y no lo es como lo anuncia Legna en su descripción de Tana. Y en esta parte de muchas letras y nada de dibujos, Tana y Legna, se escuchan y se responden compartiendo sus mundos; el de la literatura y el dibujo, lo que imagina Legna de Tana y el origen de sus historias, que son las historias que salen de los márgenes en los que ha estado Tana, y las errancias que ha vivido.

Página de «Teatro de la crueldad». Tana Oshima.

En esta entrevista se recuerda la otra entrevista que Tana le hizo a Legna, con los papeles invertidos en ese caso. Hay en esta última parte, una lectura distinta a Tana, distinta no porque sean sus palabras y su voz en letras lo que leemos, distinta en forma, sí, pero distinta sobre todo porque la indagación de Legna trata de escarbar en rastros menos evidentes; como las reminiscencias del apellido de Tana con el cine japonés. «Japón es mi infancia, con todo lo que eso implica. Japón es un lugar en mi mente que me reconforta y un lugar geográfico al que me gusta y puedo volver.» Y aunque ahí puede volver también, es una extranjera allá. Su condición de errante la rebasa, en la lengua en la que escribe, en lo que dibuja, en los lugares que ha vivido, en la contraposición de la literatura y el dibujo, y es lo que se confirma en la entrevista, que lo impregnado en sus historietas no es un ejercicio pasajero, es un todo en Tana, su aberrante condición de errante, la de una extranjera hasta en el lugar de su infancia.

Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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