La infancia dibujada

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“Somos las personas de las que hablamos”.
Alan Ingram Cope

La reconstrucción de la memoria desde la plasticidad del dibujo, es en Emanuel Guibert una posible síntesis de parte de su trabajo. Mientras los recuerdos se hacen difusos, y recordar se presenta como un posible género de la ficción, Guibert ha demostrado cómo esas operaciones suceden con distintas variables en una página de cómic o en una narración gráfica.

En una de las primeras páginas de su último libro Martha y Alan editado al español por (Salamandra Graphic 2018) aparece una fotografía del coro de iglesia en el que participaba Alan, sumado a una serie de rostros difusos y el de Martha, su amiga de esos años. La fotografía inserta ahí, al inicio es un material que moviliza lo que se intenta recordar, de la misma forma que, páginas adelante y luego de la tentativa con otros materiales utilizados por Guibert, se incluye una representación hecha por el mismo Alan: un dibujo con lápices de colores que trata de darle curso y expresar con lo que se esta contando, lo que un hombre mayor recuerda de su desdibujada infancia. Ese hombre es como se sabe, es Alan Ingram Cope, que narra otro fragmento de su vida, según sus recuerdos, a través del pincel de Emanuel Guibert y otros mecanismos que sirven para darle forma a una vida con extraños sobresaltos.

Antes de iniciar lo que se conoce como la serie de Alan, una trilogía de libros integrada por: La guerra de Alan y La infancia de Alan. El autor francés, trabajó junto a Didier Lefèvre y Frédéric Lemercier en El Fotógrafo. Un albúm donde integra en archivo fotográfico del viaje de Lefevre a territorio afgano en los años ochenta, y que como en todos sus trabajos Guibert postuló un nuevo estilo. En este trabajo logró un enfoque áspero y obsceno, haciendo que las fotografías y el lenguaje de la historieta cohabitaran para encajar una narración reconstruida, a pesar de las diferencias entre estos lenguajes.

El cuaderno de Martha y Alan completan parte de la serie en un terreno cargado de fragilidad y que en cada página bordea los espacios difusos de esos primeros años de Alan previos a su “participación” en la guerra. En pocas páginas, su relación con Martha obtiene una forma brumosa en eventos donde lo que se recuerda de esos días no aparece como un espectro lineal. No hay una trama al uso. Lo que narra Guibert es episódico, fugaz, con una línea que no define del todo los rostros de sus personajes, y que además sugiere que lo contado, podría ser intercambiable, e incluso falsificable. No es la certeza lo que prima en lo que cuenta sino la relación con la forma de recordar. El significado y la tentativa posible de esa operación es lo que hace Guibert con esta sugestiva narración para sugerir entre líneas, cómo funciona la memoria, cómo se arma un recuerdo y la manera de materializarlo ante los sentidos. El intento por fijar lo que parece olvidado.

En lo que podría ser para algunos lectores, un narración fuera de esquema regular de las narraciones secuenciales, este trabajo de Guibert no repite las formulas conocidas, no está el tono sepia que había usado en el otro libro de la infancia sino que explora otras tonalidades, y las ajusta a otras formas, en la media que encuentra lugares en lo que Alan lo cuenta, como afirmó Edward Said, en Sobre el estilo tardío, Emmanuel Guibert lleva parte de lo hecho en sus libros anteriores al límite de lo posible. Esta vacilación con el estilo, hace que el autor francés junto a artistas como Chris Ware, Emil Ferris y Olivier Schrauwen “Estén explorando nuevas formas de contar las cosas que aprovechen la capacidad del dibujo para lo subjetivo, para lo emocional y lo simbólico” Como afirmó Gerardo Vilches.

Guibert en este albúm a doble página, con la sugerencia de las fotografías en algunos espacios y el uso del color que no persigue un ambiente natural, confirma, de nuevo, las variaciones de estilo y las probaturas que han hecho un autor que ha marcado líneas y cursos narrativos, y que en esta historia personal, distorsionada, logra traducir lo contado por Alan en una secuencia de imágenes fuera de foco.

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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