Poncho fue

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Lo que parecía ser en las primeras páginas, una estable relación entre Lu y Santi, una pareja de jóvenes enamorados, se va transformado en una anfixistante acumulación de discusiones que se disuelven en las viñetas de Poncho fue (Ediciones Lacúpula) primera novela gráfica de la dibujante argentina Sole Otero.
En poncho  fue, los momentos de posible felicidad se intercalan con la ira, lo insoportable, la violencia, la inseguridad y otra variable de estados que van infectando las páginas al hilo de la inofensiva historia. Poncho se fue es así, un grito desesperado que señala más allá de las obviedades de los últimos tiempos, que muchas de las historias de amor, son a la vez, historias de encierros, fantasmas, de monstruos, inseguridades, y un estado de vigilancia consecuencia de la fragilidad de las relaciones ante la presencia de un ambiente tóxico que acaba con la autonomía gracias a eso que llamamos amor.

Lu y Santi, discurren como unos amantes que contrario al poema de Oliverio Girondo, no solo “Se miran/se presienten/ se desean/se acarician/ se besan/se desnudan/ se respiran/se acuestan/ sino que se gritan, se dudan, se enferman, se manipulan, se contaminan, se degradan. Esto desde luego, no es una novedad en la historias de amor, sin embargo en las páginas dibujadas por Otero, todo vira hacia un estado que expone las alteraciones gráficas de eso que llamamos amor o de las ideas románticas que se comercian a cada rato.

Con todas estas síntomas en orbita, Sole Otero grafica una historia de amor que se alterna entre la delicadeza a la asfixia. Las historias entre páginas y con algunos saltos en el tiempo nos muestran los vestigios de un irresistible conflicto entre dos personajes que se aferran a un posible amor, a pesar que los intentos y simulacros presagien que se romperá por cualquier lado. Poncho fue, no solo es una historia sino el diagnóstico de una relación que se contamina cada vez más, que no tiene un camino alterno al de la destrucción. No es el enamoramiento lo que se ilustra como un momento especial, como un momento único.

El agradable marco y la paleta de colores no disfrazan el malestar que altera las líneas de dibujo, y asistir a lo que son las relaciones en muchos casos, un acumulado de disonancias, angustias e intentos de modificar a gusto a la pareja de turno o moldear a punta de violencia lo que es el otro. La habilidad de Sole Otero para representar los estados de ánimo, la angustias y otras sensaciones no solo a través de los colores sino por medio de juegos con la línea es algo que en esta caso, perfecciona, añadiendo detalles, y otros recursos que ya había en su trabajo recopilatorio La pelusa de los días.

Así como las discusiones se destilan sin ningún aviso, las frases hechas sobre el amor discurren como si todo lo que gravita fuera pasajero. Lo que hace del relato no solo una representación fácil de una relación tóxica en la cual se señalan los puntos agrios, sino que se va evidenciando cómo el coctel se configura también con la mezcla y las variaciones de ánimo sugieren que muchas relaciones-a pesar de tantas fotografías alegres- se encuentran en el mismo estado de descomposición.

La historia, y el cultivo accidental de un amor que en apariencia entra en sintonía por los colores, el uso de las acuarelas y la indeterminación en la páginas y las viñetas nos recuerdan a Rosalie Blum de Camile Jourdy, pero los vivos tonos usados por Otero se van apagando a medida todo se hace frío, se quiebra, y pasa de un cándido rojo amor, a un supurante rojo ira.

Esta obra de Otero, es a la vez enamoramiento y duda, ruptura y desintegración, algo que hizo recién en su último libro- Intensa- editado por Astiberri, donde amplia lo dicho acá, pero con una versión aparatada en un traje espacial, donde el amor extraterrestre es la excusa para ensayar sobre las relaciones entre humanos. Estas versiones de Sole Otero, son el pulso de alguien que confiesa y afirma eso que escribió Rodrigo Fresán que no “hay nada más extraterrestre que la invasión del amor que destruye nuestro planeta, y que, cuando uno está enamorado, también está perdido en el espacio”.

Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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