Todo es azul en Aquel verano

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Leer Aquel verano es como ver un álbum de fotografías de unas vacaciones lejanas a través del velo de un color azul neutro que oscila entre pálido y oscuro. Es volver a vivir la adolescencia y hacerse amiga de Rose, la protagonista, y su mejor amiga Windy, y pasar el verano viendo películas de terror y paseando en la playa. En Aquel verano todo es azul, pero no un azul –blue– de tristeza, sino un azul de nostalgia, de recuerdos, un azul que se vuelve un filtro para ver todo como si fuera un pasado familiar. Suceden muchas tramas en esta novela gráfica y de cada una nos queda la sensación de querer saber más. 

Las vacaciones, más que ese momento en el que todas las preocupaciones y problemas se solucionan mágicamente, son un revoltijo de emociones intensas donde los dramas sostenidos en la cotidianidad estallan y se mezclan con el ambiente alegre y de relajo.  

 

En esta viñeta que comprende dos páginas enteras Jillian Tamaki aplica el dibujo con destreza para mostrar un movimiento espacial como temporal, y caracterizar a los personajes en su espontaneidad y su personalidad.

 

Rose es una adolescente que viaja con sus padres, como todos sus vacaciones, a Awago Beach, una ciudad costera pequeña de Ontario, Canadá. Allí se encuentra con Windy, una chica que también visita la ciudad con su familia todos los años. Mientras Rose y Windy se la pasan juntas en la playa, enterándose de forma casi detectivesca sobre la vida de los adolescentes locales y preguntándose sobre el amor, la sexualidad, el cuerpo y la adultez, su madre Alice se resiste a las continuas invitaciones de Evan, su esposo, para disfrutar de la playa y se ancla al dolor de un evento del verano pasado. Rose lucha por construirse a sí misma como una chica independiente, fuerte y madura y a la vez que se deja llevar por el espíritu alegre de Windy. 

Jillian Tamaki, ilustradora e historietista, y Mariko Tamaki, guionista, vuelven a trabajar juntas en esta novela íntima en la que las relaciones familiares y la mirada de Rose son la trama principal. Aquel verano fue publicada en el 2014, la dupla ya había publicado Skim, obra con la que ganaron el premio Ignatz Awards a la mejor novela gráfica (2008) y fueron nominadas Eisner Award y al Governor General’s Literary Award. Con la nominación al Governor General’s Literary Award se abrió el debate más recurrente en la historieta; fue de gran controversia que solo Mariko fuera nominada al premio, desconociendo el lenguaje del cómic y sus componentes tanto de guión como gráfico. La academia recibió una carta abierta firmada por otros historietistas como Chester Brown, Seth, Lynda Barry, Dan Clowes, Julie Doucet, entre otros y finalmente ambas autoras compartieron la nominación. 

Un dato que no puede ser ignorado es que Jillian y Mariko son familia, primas, y quizá es esta relación lo que les permite abordar la complejidad de las relaciones familiares en el amor y en los desencuentros de una manera tan profunda e intensa. Así como combinar el talento de ambas para crear una narrativa tan fluida y comprendida que Aquel verano pareciera una obra de una única autora. 

 

Los pequeños detalles hacen parte de la narración, aquellas acciones que suceden aparentemente sin importancia pero que hablan de las situaciones y personajes, y crean el ambiente para comprender lo que sucederá después.

 

Las vacaciones son también un ritmo, organizamos la vida para antes y después de las vacaciones, hacen parte de un ciclo. En el verano el tiempo cambia y se hace más extenso, tenemos más tiempo en el día, pero a la vez se hace más fluido, todo sucede con naturalidad y más rápido. El dibujo de Jillian Tamaki y el guión de Mariko Tamaki en esta obra reflejan esa paradoja temporal, en 324 páginas Rose se enamora, una chica queda en embarazo, se quiebra un plato, se celebra un cumpleaños, se genera una discusión; el día del fin de las vacaciones nada es igual a cuando llegaron, ni para Rose ni para sus padres, aunque haya sido un verano más en Awago. 

La historia de Aquel verano también pareciera suceder por ciclos de pequeños momentos, fragmentos de tiempo de una historia más larga. Ciclos en los que hay un acento en pequeños detalles, en acciones cotidianas, en diálogos aparentemente fútiles y que  luego se convierten en discusiones, en rompimientos, en cambios o en acercamientos, hasta que Jillian y Mariko nos sorprenden en medio de la intensidad de las situaciones con ilustraciones de toda la página del detalle de una flor, con el cielo despejado o la inmensidad del mar. 

 

El cielo en una de las viñetas, después de una tensión soterrada en una conversación sobre un juego adolescente entre Rose y Windy.

 

Estas viñetas que son como paneles de toda la página crean un descanso narrativo en el que nos da un tiempo para comprender el conflicto, la tensión o lo que hay debajo de lo que se cuenta en la narración anterior, y sirven de transición para otros momentos donde la vida continúa de forma natural.

Hay un conflicto central y otros conflictos que inciden en este, sin embargo, la mirada que le dan las autoras a este historieta no es la de la solución o la respuesta al conflicto. La historia se da porque los personajes cambian, en especial en Rose, la protagonista que se enfrenta al mundo y a sí misma en el momento de quiebre que es la adolescencia. Hay una vacilación entre el estar y pertenecer y las tensiones con su familia y su amiga Windy. 

Ese es el encanto de este cómic, no hay una mirada correcta, no hay un personaje perfecto y tampoco uno que no tenga virtudes, no hay una solución panacea ni hay un momento que defina a toda la historia. Como en la vida real, los cambios van sucediendo en el tiempo mientras nos amoldamos a nuevas situaciones, y son pocos los momentos de rupturas e incisiones, y con todo difícil que pueda suponer estos conflictos aún hay espacio para verlo todo desde la belleza de un azul pálido, neutro y oscuro, como es el amor a veces.

 

Aquel verano

Jillian & Mariko Tamaki

Ediciones La cúpula

324 páginas

 

 

Laura Cañas
Periodista y dibujante, creadora de historietas y de obras gráficas en linóleo. Ha participado en investigaciones de archivo, grupos de dibujo y espacios de artes y medios de periodismo comunitarios e independientes. Obtuvo el estímulo Cita a ciegas del Ministerio de Cultura y Festival de Cómic de Toronto en el 2019.

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