Por un tren, por una biblioteca, por Oesterheld y por tantos otros

Amadeo Gandolfo mira su celular mientras viaja por Europa Central. De repente, un posteo en su pantalla se vuelve un llamado a la acción: Un documento desconocido en su país, sobre el máximo representante de la historieta argentina, necesita salir a la luz. En el punto exacto en que la crónica periodística y la descripción científica se conectan, habita la historia de Amadeo y Pétition a la Recherche de Oesterheld et de Tant d’ Autres.

El 24 de marzo pasado estaba en un tren camino a Gante, Bélgica, yendo a dar una conferencia sobre Oski ¡Qué pesado! Arrancar un texto sobre la desaparición de Oesterheld y una fecha tan dolorosa para Argentina hablando de Europa. Pero, como están investigando mis amigos y colegas Marcelo Casals y Pablo Turnes, la historia de las dictaduras militares latinoamericanas es, también, una historia global. En ella se entrelazan y se entrecruzan los crímenes cometidos por los militares en el interior de cada país, las acciones de los Estados Unidos, la presión de los organismos de derechos internacionales, los exiliados, los grupos de tareas que operaban en el exterior, los servicios secretos de los países de recibida, y tantos otros actores que superaban por mucho las fronteras nacionales.

El caso de los documentos no es diferente. Estaba en el tren cuando Lucas Ferrero compartió una serie de imágenes de autores yankis y europeos que reclamaban por la aparición de Oesterheld. Por un lado, había unos paneles del genial Rick Veitch que representaban toda la crudeza de los vuelos de la muerte. Por otro lado, una portada en la que se veía un dibujo del guionista argentino siendo conducido por unas escaleras mientras la apuntaban con pistolas. Y un título en francés: Pétition a la Recherche de Oesterheld et de Tant d’ Autres.

Al instante, le mandé un DM para preguntarle de dónde salía todo eso. Me contestó que era un cómic editado por Amnesty Internacional Bélgica, en 1985. Me contó que se habían hecho varias ediciones: una de 5000 ejemplares «normales», una de 650 ejemplares «de luxe», con firmas de algunos de los artistas involucrados y otra de 100 ejemplares, también «de luxe», pero en un papel especial y numerada. Aclaró que era difícil de conseguir, que nadie lo había escaneado y que en eBay se encontraban ejemplares a 150 euros.

Para muchos, la aventura documental de Amadeo significa llegar por primera vez al petitorio.

Ahí se me prendió la lamparita. Se me ocurrió buscarlo en el catálogo de bibliotecas públicas de Bélgica. Había dos copias: una en Antwerp, en una biblioteca universitaria, y otra en Uccle. Uccle, un suburbio de Bruselas de casas bajas y callecitas arboladas, 100% burgués, con una biblioteca pequeña y barrial. Como parte del viaje, tenía programado ir a Bruselas a visitar la Royal Library of Belgium (muy linda, muy impresionante) y el Musée de la Bande Dessinée (muy decepcionante, con un guion museográfico pobrísimo y una carencia bastante lamentable de información). Así que ese día me tomé un colectivo y viajé hasta Uccle. La biblioteca estaba abierta, luminosa y silenciosa, con los anaqueles abiertos típicos de las bibliotecas públicas barriales europeas. Esas en las que podés pasar todo el día revisando sus estantes y leyendo sin compromiso, incluyendo cantidad de BD y manga.

Me trajeron el libro (más bien una revista, más bien un panfleto urgente) a los cinco minutos, sin pedirme ningún tipo de documento como contraprestación. Me senté en una mesa y le saqué fotos a la totalidad del contenido. Luego, edité las imágenes en Photoshop y las junté para armar un PDF y un CBR. Un poco de suerte, otro poco de ser guiado al lugar correcto por la persona adecuada, y otro poco de trabajo detectivesco se aúnan en la recuperación de este documento.

¿Qué encontré dentro de Pétition (…)? El librito está compuesto por una colección de distintos materiales. Primero, una introducción en la cual se cuenta la historia de la publicación. Allí se aclara que comenzó a elaborarse en 1981 y que su pedido de justicia no busca «de ninguna manera, perjudicar al gobierno actual de Argentina, ni tampoco juzgar de antemano su destino». La demora entre la idea y su concreción encontraban a la Argentina en una posición política muy diferente a la de 1981, habiendo elegido a un gobierno democrático por primera vez en siete años. Luego, dos textos: una introducción de Georges Renoy, de título Profesión: Desaparecido, en donde se realiza un contrapunto entre Oesterheld, un guionista que decidió comprometerse y luchar (a pesar de que describe a los desaparecidos como «estos super ingenuos de la vida moderna que han confundido vivir con pensar, ser con llegar a ser»), y los cómics franco belgas tradicionales, como Tintin, Asterix y Pompom, que llevan la etiqueta de lo inofensivo.

El trazo de los ochenta de Solano López, el de las caras gordas de Evaristo y el peronismo de Historias Tristes, también acompaña el petitorio.

Luego, un segundo texto. En él, se repite el pedido de justicia y se cuenta que fue una nota aparecida en Spirou en 1980 la que llevó el caso de Oesterheld a la atención de Amnesty International. La revista reclama tanto por él como por sus cuatro hijas (dos de las cuales son consignadas como desaparecidas, mientras que otras dos como asesinadas) y sus dos yernos (uno consignado como asesinado, el otro como desaparecido). Además, enmarca la tragedia como una tragedia política, pero también familiar, subrayando el rol de Elsa Sánchez de Oesterheld en el reclamo de memoria, verdad y justicia, y su participación en las rondas de las Madres de Plaza de Mayo.

Ambos textos, además, ponen de manifiesto la condición liminal del desaparecido: de Oesterheld se sabe muy poco y la información que se tiene llegó con cuentagotas. Lo más angustiante de su condición es la falta de respuesta. Casi ocho años después de su desaparición, la forma en que se presenta el reclamo de información tiene algo en común con la ambigüedad de la dedicatoria que Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno habían escrito en 1980 en su Historia de la Historieta Argentina: «A Héctor G. Oesterheld, porque supo escribir las mejores historietas argentinas. A Alberto Breccia, porque las está dibujando». Un saber pero no saber, un no cerrar la puerta del todo, a pesar de que se intuye lo peor y se reclama en consecuencia.

Luego se republica el cuento Truila y Miltar, ilustrado por Laudec, la primera ficción publicada por HGO. De forma muy humanista, propia del primer Oesterheld, trata sobre dos enanos, uno que colecciona reflejos, otro que colecciona sombras. Primero se envidian y compiten entre sí para luego descubrir su humanidad común y volverse amigos.

Un golpe duro y certero de Franquin a la quietud artística cierra Petition (…).

A esto le sigue el contenido principal de la publicación, un cómic de unas veinte páginas guionado por Bosse, Michel Doutreligne, Mitacq, Pévé, Carlos Roque y Yves Urbain e ilustrado por una gran selección internacional de dibujantes, la mayoría pertenecientes a la bande dessinée belga. Ahí aparecen los europeos Dino Attanasio (italiano que trabajó principalmente para la industria franco belga y creador de la serie Signor Spaghetti, la cual durante mucho tiempo tuvo guiones de Goscinny), Jo-El Azara, André Geerts, Bob de Moor (leyenda de la BD que, además, fue uno de los grandes ayudantes no acreditados de Hergé en Tintin) y Tome & Janry (creadores de la serie Le Petit Spirou), entre muchos otros. Además, participaron Francisco Solano López y Adam Hughes (en un estilo mega primitivo que no se parece para nada al que le conoceríamos después). La historieta es un resumen de la vida de Oesterheld y sus hijas, entrelazada con la historia política argentina.

Una carta de Hergé, en donde, con bastante inocencia, le pedía a Galtieri que inicie una investigación para que Oesterheld fuese devuelto a su familia, cierra la publicación. «Estoy seguro que una intervención de su parte tendrá resultados positivos», escribe el autor belga. Como si la condición de desaparecido, justamente, no estuviese inexorablemente unida a su negación por parte de las autoridades, a actuar ignorancia, a la «negación plausible» que su status legal y su existencia física incierta les brindaba a las autoridades.

Hergé, creador de Tintín, y su carta al general Leopoldo Galtieri, presidente de facto en 1981.

La publicación se cierra con un petitorio para ser completado y firmado por todo aquel que así lo quisiera, para ejercer presión sobre el gobierno, y una página de Franquin en el estilo de sus Idées Noires. Protagonizada por un autor de BD que expresa que él solo «se ocupa de la historieta que hace soñar y hace reír, que es gentil y alegre, sin conmocionar a nadie» mientras, en el fondo, unas figuras oscuras torturan, arrestan y asesinan. Él continúa su soliloquio del mínimo involucramiento, hasta que finalmente lo apresan y lo encierran. El poema de Brecht en la pluma de Franquin.

El documento sigue siendo sumamente interesante al día de hoy. En primer lugar, por su condición internacional: ya en 1981 Oesterheld era una causa célebre no solo en el mundo de la historieta argentina, sino también en escenarios internacionales. Escenarios en los cuales él ni siquiera había publicado y en donde era más conocido por ser el guionista de Hugo Pratt que por su propia figura. Esta notoriedad internacional se troca en su relativo desconocimiento en Argentina. Todos estamos familiarizados con el póster de Félix Saborido, pero esta publicación no circuló aquí. Hasta donde sé, nunca se tradujo. En tercer lugar, por la divisoria clara que establece entre «lo que la historieta comúnmente es» (distracción, diversión, inofensiva) y lo que hizo Oesterheld. Quizás, es más valedera por su condición testimonial que por su calidad artística, ya que el cómic es más didáctico que plástico, y por su propia condición de cadáver exquisito se presta poco a las experimentaciones gráficas o narrativas (igual, hay un cuadrito de Solano López que es para enmarcar).

Leyendo desde hoy, sigue siendo un registro clave de una herida que no cierra y de la historia de la lenta construcción de un frágil consenso alrededor de la inviolabilidad por parte del estado argentino de los derechos humanos. Una historia que reúne actores argentinos y extranjeros, acciones políticas y artísticas. Procede de un momento en el que este acuerdo estaba lejos de ser un asunto común en la memoria democrática. Muchos, al comenzar su producción, todavía sostenían la tesis del desaparecido exiliado en Europa. Su publicación pertenece al momento de consolidación de la conciencia alrededor de los horrores de la más reciente dictadura cívico militar. Y hoy es imposible no leerlo como un recordatorio que tañe las cuerdas de un corazón que percibe que todo, hasta aquello que debería enorgullecernos más, está en entredicho.

* El documento completo puede consultarse, gracias al trabajo de Amadeo Gandolfo, para su descarga y lectura en este link.

Amadeo Gandolfo
Amadeo Gandolfo
Licenciado en Historia (UNT) y doctor en Ciencias Sociales (UBA). Actualmente investiga la vida y obra del dibujante y humorista Oscar Conti (Oski). Vivió en Berlín como becario postdoctoral de la Fundación Alexander von Humboldt y la Fundación Gerda Henkel. Curó muestras dedicadas a la historieta en Buenos Aires y Berlín. Fue uno de los fundadores del blog El Baile Moderno (www.elbailemoderno.com). Editó, junto a Pablo Turnes, la revista Kamandi (www.revistakamandi.com). Escribe el newsletter El Evangelio del Coyote (https://coyotegospel.substack.com/). Actualmente es investigador CONICET.

Dejar un comentario

Por favor escribe tu comentario
Por favor ingrese su nombre aquí

Leer artículos similares...