Universos hechos de sustancias

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Siempre estamos mirando a través de algo: a través de una ventana, a través del marco de unas gafas, a través de una imagen, a través de una pantalla, a través de una lupa. Y a través de algo, nos miran, nos ven, vemos el universo, vemos una forma del universo que imaginamos, soñamos y en algunos casos, hacemos realidad. El universo que creamos y en el que creemos, es un universo hecho no siempre de cosas concentras, porque el universo, o lo que creemos es nuestro universo está armado por ideas y conceptos que vimos y aprendimos a través de un medio, de un canal, de un gesto, y todo eso aprendido y adquirido lo hacemos propio, lo creemos real. Escribo esto repasando dos libros: La gravedad y otras sustancias (Casa Tinta, 2020) de Daniel Liévano y A través, el universo de un hombre de Tom Haugomat (Pípala, 2019), libros que he cruzado más allá de ciertas cuestiones formales y visibles como la narración con imágenes o la exploración del alcance lírico y narrativo de la imagen. Dicho esto, realicé una lectura comparada porque en su interior y a través de ellos hay una ruta que se me antoja similar, o por lo menos paralela. 

El niño y su papá observando a través de un telescopio. Tom Haugomat.

Si bien aventurar un resumen breve de cada uno, antes de cruzarlos, resulta insuficiente, puedo dar algunas pistas sobre los dos libros: en el libro de Liévano, por capítulos, se representan abstracciones e ideas, sustancias, como él las nombra, que son: los sueños, la realidad, la felicidad, la gravedad y los recuerdos. Y en el libro de Haugomat aparece la recreación de la vida de alguien, en una sucesión de imágenes que vemos y leemos. 

Detalle del niño viendo a través de un televisor un alunizaje. Tom Haugomat.

Ahora bien, la vida recreada por Haugomat es la vida de un hombre que nació a mediados de los años cincuenta en Alaska, un hombre que de niño y por efecto de ciertos acontecimientos, se vuelve un astronauta. Este desde luego es un resumen mínimo de ese universo, sin embargo, más allá de la no descripción detallada, lo que me interesa subrayar son las similitudes entre un libro y otro, y cómo mientras Haugomat arma una red de conexiones, de puntos y temporalidades que le dan sentido a un universo, Liévano nos muestra cómo funcionan esas conexiones.

Representación de “Los recuerdos por Daniel Liévano.

Partiendo de la idea de que todo es aprendido, desde la lengua y lo que hacemos con ella, y las ideas y los significados que construimos o imitamos, somos de forma individual y colectiva  algo que está impulsado por un «sueño», como lo escribe Liévano, en letras blancas, debajo de la silueta de un cuerpo que intenta atrapar algo, dirigiendo su mirada hacia arriba «… si algo se mueve, es porque quiere atrapar un sueño.» Los sueños son ideas que nos mueven. El sueño, en el caso de la vida dibujada por Haugomat es una vida que sueña con el espacio, que dirige su mirada al exterior, a lo que está en el aire y se mueve en el cielo  y más allá. El cuerpo sueña con el espacio una y otra vez, fijándose por la ventana, por la pantalla de un televisor, por el lente de un telescopio. Un ejemplo concreto del sueño como la madre de todas las motivaciones, parafraseando a Liévano en la abertura del capítulo sobre lo sueños.

El universo del niño. Tom Haugomat.

Del sueño, del sueño alcanzable, para ser precisos, viene la realidad y ciertos momentos de felicidad. La realidad es algo empieza a cobrar forma con la primera línea, así lo escribe Liévano, una línea que da vueltas en unas páginas en negativo, hasta que la primera línea se encuentra con una segunda; de ese choque, ambas líneas, son un par de universos que se reconocen a través de sus miradas. Luego, continúa Liévano, en su universo de explicación particular, las líneas encontradas desencadenan un punto en común. Después de ese primer punto en común se suman más líneas, que originan a su vez, nuevos puntos en común, el conjunto vacío o no, de puntos en común que da lugar a las nociones, y a un grupo de nociones, que agrupadas, establecen una realidad.

Recreaciones de “La gravedad” por Daniel Liévano.

En el caso del universo dibujado por Haugomat, ¿cuáles son las líneas? ¿Cuáles son las nociones y la realidad? Las primeras líneas son los dispositivos a través de los que vemos su historia, el primero de ellos: los lentes de unos binoculares. La mirada como primera línea y creación de nociones a través de instrumento óptico diseñado para ampliar la imagen de los objetos distantes y la recreación de esos objetos, que en este caso son varios: un móvil con planetas, el cohete del viaje de Tintín con el cual viajó a la luna, una lupa para ampliar la imagen, los vuelos de aviones, otro instrumento óptico (un telescopio) y algunas piezas más. De ahí, van apareciendo las nociones con mayor frecuencia: la imagen de un niño viendo en la televisión un alunizaje o la lectura con gafas 3D. Desde ese punto, la realidad configurada por las nociones y las líneas, se concreta cuando vemos la imagen de un joven en su estudio decorado por un afiche de la serie Star Trek, o cuando el niño ve imágenes galácticas través de un Esteroscopio, y luego, en una página aparece haciendo pruebas con un cohete casero; una descripción de lo visto puesto en práctica, hasta que todo eso, visto e imaginado pasa a otras líneas que amplifican las nociones a un universo completo de estas. En esta parte, el universo del hombre ya es una pieza de lo que había soñado, las nociones son su realidad, porque páginas más adelante, para completar el cuadro, lo vemos despegar y alejarse de su casa; entra a la Nasa, y así, su universo es ya la vida de un astronauta en preparación que interactúa con equipos, una vida que gravita, una vida que sube en un transbordador, una vida que se sostiene en satélites,  una vida que flota, y es en ese punto cuando se unen en un mismo tiempo: su mirada que antes estaba dirigida hacia arriba y los lugares que tanto observó. Y en esa realidad, aunque imperfecta, se da la concreción de su felicidad, cuando pasa por su vida como un planeta que ha estado girando y él persiguiendo. La felicidad como la dibujada por Liévano, pasando de universo en universo, entrando en órbita. La felicidad como un planeta que se mueve, pasa y desaparece.

Al final aparecen las dos últimas sustancias dibujadas por Liévano contrapuestas al universo de Haugomat: la gravedad y los recuerdos. La primera la comprendemos en el libro de Haugomat con todo el recorrido a través de la vida del hombre: un cuerpo que fija la mirada al espacio para luego caer. Es por eso que de repente las imágenes, las que fueron nociones y ahora son su realidad, se transforman cuando empiezan a descender, con él, al paso de aviones que se estrellan con dos torres y, ante la imagen de un transbordador que explota y cae, ante la mirada de él y mirada de todos, se va desdibujando su realidad, porque como está en el libro de Liévano aludiendo a la gravedad: «todo lo que sube, baja».

Una mención a la felicidad. Daniel Liévano.

El universo de Haugomat describe eso, un ascenso y un descenso, en un viaje que es el viaje de la gravedad se va esa historia, que es la historia de la vida. Y de esa historia, como lo que pasa en todo viaje, quedan solo los recuerdos, que a pesar del descenso se conservan y se alargan en la experiencia vivida. Liévano representa los recuerdos con líneas, unas que se unen, otras que se expanden como órbitas, líneas que iluminan otras líneas que hacen aparecer nuevas formas, aunque incompletas, y dibujadas como referencias extraviadas que señalan caminos. Y uno de esos caminos, de ese retorno, es la vida del hombre en su casa paseando con su papá mientras observa de nuevo a través del telescopio; el hombre recorriendo lo que era su cuarto con algunas de la nociones que le dieron formas a su realidad: él viendo sus fotos familiares, viendo de nuevo el aire, a los pájaros volando, a un avión que pasa, viendo la película 2001: odisea del espacio, viendo el reino de plantas e insectos y mariposas, hasta que se rompe la lupa. Todo esto como una sumatoria hasta el final cuando en una de las últimas imágenes aparece viéndose con su hijo a través de la pantalla de un computador en septiembre 2020 -como tantos lo hemos hecho en estos años- configurando un recuerdo más.

Sin embargo, todas esas sustancias y todo ese universo dibujado se desvanece, y como pasa con todos lo momentos, no importa el tamaño del universo construido, como bien lo dijo el replicante Roy Batty en la escena final de Blade Runner «se perderán en el tiempo, igual que el llanto en la lluvia.»

Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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