La historieta colombiana, invitada de honor a la Biblioteca Nacional

Hace un mes la Biblioteca Nacional de Colombia abrió la exposición «¡Extra, extra! Los orígenes del cómic en Colombia (1890-1967)», exposición en la que trabajó al investigador y editor Pablo Guerra junto a la investigadora Laura Valentina Álvarez, y un equipo complementario de investigadoras, editores y artistas como Estefanía Henao, Lina Flórez, Ricardo Rodríguez, Bernardo Rincón Martínez, Paula Leuro y Niña Tigre.

Con un prolongado arco historiográfico la exposición, que no se limita a la instalación de una serie de originales y reproducciones en paredes y vitrinas, va desde finales del siglo XIX hasta los últimos años de la década del 60 del siglo XX, exactamente hasta 1967, año de la «Primera Exposición de Tiras Cómicas Colombianas», de la cual se tenga registro. Aunque la exposición presentada por la Biblioteca Nacional de Colombia, excede esa línea de tiempo con una selección de conexiones a los años 90, reconocimiento al trabajo de las mujeres dibujantes, y al presente.

Detalle del capítulo «Chaticas y chaticos», un punto con personajes e historietas infantiles.

«¡Extra, extra!» está organizada en seis capítulos «Chaticas y chaticos», «Aquí todo es chanchullo», «La vida viéndonos pasar», «El oficio colectivo» «Autoras del cómic colombiano en el siglo XX» y «Relatos de ilustres: vida de proceres» que le permiten al visitante pasar y ver de forma aleatoria diferentes puntos iniciales de la historieta en Colombia. Deliberado o no, su instalación invita a saltarse el marco secuencial de lo que es una historia con tantos comienzos posibles. En el diseño de la exposición el concepto y contenido son un juego con el espacio, con dispositivos móviles que intercalan observación e interacción. La arquitectura de la sala con la presencia de murales que se ajustan y se destacan en el amarillo con el que se pintaron las paredes de esa parte del edificio de la Biblioteca Nacional, haciendo que el recorrido sea una manera en la que el montaje nos permite leer y tocar de otro modo todo lo que contiene la muestra: un gran archivo de historieta colombiana que se puede ver por primera vez de forma física, en conjunto. Archivo que a su vez es una forma de hacer visibles páginas, nombres y títulos que por años se han sido referencias o notas al pie.

Una página de «Para los niños Mojicón» de Adolfo Samper.
Una pared llena de mojicones de Adolfo Samper.

El montaje cuenta con muchos géneros: historietas humorísticas, infantiles, satíricas, políticas, periodísticas e históricas que dan cuenta de los cambios y contingencias que fueron afectando los estilos y temáticas que aparecieron en esas décadas. El resultado de este trabajo tiene más dos décadas de fases previas, años en los que se han instalado, ajustes, discusiones, nuevas preguntas y conceptos que ha transformado los orígenes de la historieta nacional y sus líneas de tiempo. En esas fases fueron esenciales los insumos del «Museo Virtual de la Historieta Colombiana», las preguntas y hallazgos derivados del especial de 2014 «La historieta colombiana en prensa» en la que trabajó Pablo Guerra con el apoyo de la Biblioteca Nacional de Colombia y el Festival Internacional de Cómics Entreviñetas, «El club de los cómics perdidos» proyecto que lideraron Pablo Guerra y Bernardo Rincón, y la investigación «Incógnitas mujeres en el cómic colombiano», de Lina Flórez y Estefanía Henao. Parte de estos trabajos de archivo y unas de las investigaciones de la iniciativa Año 100, son el soporte de «¡Extra, extra!». Así, todas las fases, y su versión portátil de 2024 que circuló en bibliotecas públicas gracias al proyecto «Pasajeras: exposiciones que viajan a bibliotecas» de la Biblioteca Nacional son la forma definitiva que tiene lugar en esta exposición.

Historietas osé María Gómez (Pepe Gómez).

Navegar por «¡Extra, extra!» pasa por el asombro y el reconocimiento. El asombro por lo que se puede descubrir en la calidad técnica de los diseños de los dibujantes; y por el reconocimiento del archivo que se hace visible, con sus autores y autoras, publicaciones, personajes, y formas de hacer historieta. Dicho así resulta genérico, pero en el caso de Colombia la exposición es la ruta más completa que tenemos ahora de ver parte de una historia y una tradición en la que nos cuesta asomarnos porque el espejo de esa historia nos resulta opaco, o desconocido. La exposición, entre muchas cosas; es una forma de encontrarse con un pariente lejano, o que había estado perdido en la memoria nacional. La historieta colombiana existe, es el mensaje que podemos leer, y ha existido de muchos modos. Este es su gran valor de un trabajo prolongado en el tiempo que no es resultado de un trabajo apurado o un accidente conmemorativo sino la materialización de una insistente reflexión.

Detalle del capítulo «Aquí todo es chanchullo». con historietas de sátira política.
Detalle de «El oficio colectivo» «Autoras del cómic colombiano en el siglo XX».

Con riesgo a perderme en lo que puedo nombrar y resumir acá «¡Extra, extra!» exige más tiempo del que pasé revisando lo que nos presenta. La exposición opera como referencia y muestra, una invitación a leer —cada fase es una nueva puerta para más investigaciones—, y quizás, nuevas preguntas. Cada parte nos lleva por diferentes modos de narrar, de registro gráfico y textual. Porque en los cuadros de costumbres, juegos, historias, educación, ideas e imaginación que podemos agrupar no sólo está el ingenio y la voluntad narrativa, hay capturas del tiempo, de lo que significaba ser niño, de los modos de habla y de representación. Y más. En conjunto: un registro cultural de Colombia en historieta.

Uno de los murales Niña Tigre con «Copetín» de Ernesto Franco.
«Copetín» de Ernesto Franco fuera de las páginas.

Ver las páginas y tiras completas de «Para los niños Mojicón» de Adolfo Samper seguidas de las planchas de Jorge Peña nos muestran parte de ese ingenio particular que tienen los dibujantes de historietas, y que para el caso colombiano ha estado ahí desde hace mucho rato: una manera de hacer con el dibujo, de narrar con todos elementos que caben en una página, así las dificultades o las restricciones estén en el camino. Ver las historietas de un dibujante que debería tener más reconocimiento como José María Gómez (Pepe Gómez) fue uno de mis tantos momentos de felicidad: la huella de su línea, el uso del espacio y el tiempo para mostrar con detalle registros históricos como «La vista tomada a vuelo de pájaro» de la masacre de los sastres en 1919 en Bogotá, o las maniobras políticas y sus conocidos desenlaces, es parte de lo que podemos encontrar, además de las muchas páginas de «Bogotá cómico», semanario que dirigió Gómez, uno de esos puntos donde caricatura e historieta albergan límites porosos. Un ejemplo de esto lo podemos leer en la ficción seriada «Retabizca», que narra las andanzas del expresidente Marco Fidel Suárez.

Portadas de la revista «Michín» de 1945.

Ver a «Copetín» de Ernesto Franco fuera de las páginas, acompañándonos en el recorrido mientras aparece al borde un cuadro que está al lado de sus tiras, es un mensaje y juego en una selección que no deja por fuera la historieta infantil. Otro de los puntos destacables de este trabajo que no marca el foco hacia un tipo de historietas, repitiendo esa frase hecha que ha generado más inconvenientes: «Las historietas no son infantiles», lo contrario, acá se le da un gran espacio y protagonismo a lo que podemos leer de niños y en todas en las edades: «Mojicón» por supuesto, las historietas cortas de la revista «Michín» de 1945, o Frijolito Jaramillo de M. J Marini y Mario Rodríguez para la separata «Rataplán» de 1951. 

Una de las páginas de Frijolito Jaramillo de M. J Marini y Mario Rodríguez para la separata «Rataplán».

Ver además historietas de Cecilia Cáceres Amaya (Ceci), Myriam Neira Baena (Mina), Olga Cuéllar Serrano, de Victoria Franco de Sandoval, que son parte de las investigaciones y rescates que han realizado Estefanía Henao y Lina Flórez, punto que complementa y discute lo que se venía trazando como una línea de tiempo con omisiones en la historieta colombiana.

Una de las páginas de Rinaldo Scandroglio para la serie «Historia de Colombia» publicada en la revista «Cromos» entre 1941 y 1944.

Ver los las páginas de historietas del artista italiano Rinaldo Scandroglio que le dieron forma a la serie «Historia de Colombia» publicada en la revista «Cromos» entre 1941 y 1944. Serie con claras intenciones ideológicas y formativas. Para este caso los investigadores rastrearon la autoría del dibujante, ya que las primeras piezas no tenían firma. Recordemos que Scandroglio, además de diseñar publicidad en contra del consumo de la chicha es el autor del documental gráfico La gran mancha roja, que fue encargado por la Central Informativa Colombiana (Cenic), oficina de prensa del gobierno de Mariano Ospina Pérez para crear una versión del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el Bogotazo ocurrido el 9 de abril de ese año de 1948.

Otros de los murales con personajes pintados por Niña Tigre.

Tal vez uno de los puntos grises de la exposición es el espacio dedicado a las revistas o antologías. Una parte que está en el reverso del punto «Tío kiosko» que presenta una pequeña muestra de historietas colombianas. Si bien hay una cuidada justificación, lo que acá se muestra queda reservado para la revista ACME como única referencia destacable, salvo una pálida mención a la revista Agente Naranja, esa parte pasa de largo lo hecho en otras revistas. Es claro que la exposición no puede albergar todo el archivo recuperado —en toda la muestra hay más de 340 piezas— sin desconocer el valor de la revista ACME, el capítulo antologías, así en plural, pudo ser más diverso en su intento por conectar la exposición con el pasado reciente, con otras formas de gestión colectiva y lo publicado en la actualidad.

«¡Extra, extra!» es como lo afirmó Pablo Guerra en la charla de presentación «Un gran por fin, pero también es un gran continuará…», un momento que celebra el centenario de la historieta colombiana, que permite hacer público el reconocimiento de sus procesos, que señala los muchos caminos y momentos claves en una tradición. Una exposición que tiene muchos formatos de presentación, como el que pudo itinerar en sus fases previas, una muestra que se planta en la Biblioteca Nacional de Colombia con un gran anuncio que nos dice que la historieta es parte de la memoria gráfica y narrativa de este país.

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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