Cuando llega a tus manos un material en el cual se advierte una narración de aventuras de ultramar, el cerebro en automático elabora imágenes preconcebidas que pueden llevar a la prevención. Mar, islas desiertas, galeones gigantes, piratas codiciosos y otros elementos de este corte desfilan antes de avanzar en las páginas. Sin embargo, cuando reconoces que los trazos de Eduardo Risso son los que le dan alma al papel, tomas conciencia de que, en adelante, nada será convencional. Tal fue mi experiencia cuando me adentré en Fulú (Loco Rabia, 2026), justo una narración de ultramar que, si se le agrega el ingenio literario de Carlos Trillo, podemos diagnosticar que estamos ante el hallazgo de una joya perdida de la historieta argentina de las últimas décadas.
Y, ¿por qué hallazgo? Porque las circunstancias que rodean a esta historieta, está conformado por rarezas como la obra misma. De acuerdo a los rastreos, el origen de esta producción apunta a 1988, año en el que la dupla Trillo-Risso —famosa por un repertorio de memorables colaboraciones—, comienza a perfilar los bocetos iniciales de Fulú. Obviamente, Argentina era su casa matriz, pero debido a los contratos que Trillo había firmado para editoriales italianas, el tejido argumental estaba más diseñado para colmar las expectativas del público europeo; de ahí el notable énfasis en la ambientación de la América esclavista en donde se recrea el choque de dos mundos que el azar parece fundir a través de un personaje designado. Esto teñido con cierto barniz de novela de aventuras al mejor estilo capa y espada, subgénero literario con el que Emilio Salgari acostumbró a la audiencia del viejo continente a apreciar trabajos de esta naturaleza.

Esta primera aparición de Fulú sería el preámbulo de algo que se sostendría en el tiempo. Para 1989, surgen tímidos coqueteos con los lectores de su país, al publicarse por entregas en la revista Puertitas. Sin embargo, el empujón definitivo tendría ocasión hasta la década de 2000, cuando una cascada de editoriales independientes en Europa y Argentina (Splitter, Glénat, Doedytores, entre otras) se interesan en sacar al mercado sus propias ediciones de la obra; cada una con ligeras modificaciones en lo relacionado a formato y presentación, pero respetando la propuesta original. El alcance limitado de estos remakes, los convirtió en piezas de alto valor para los coleccionistas de cómics. Solo hasta 2026, Loco Rabia se encarga de llevar a cabo una especie de lanzamiento oficial para Latinoamérica, masificándola entre un público más amplio en cuanto a rango de edad y ámbito geográfico. Recogiendo así, los frutos de aquel éxito silencioso que precede a su visibilidad actual.

En referencia a la trama, Fulú se desprende de una investigación crítica de los autores que busca replantear la narrativa sobre la interacción entre las primeras comunidades africanas con los criollos de los asentamientos portuguesas en América durante el siglo XVII. Consta de cinco segmentos auto concluyentes con un hilo conductor que los convierte en capítulos dentro de una miniserie, claramente con un orden secuencial. Ese hilo, es la conquista de la libertad en base a la resistencia a las adversidades. Con esta misión a cuestas, Fulú, joven negra, parte de su natal África al naciente Brasil, atada a cadenas para su posterior comercialización por cuenta de un grupo de mercaderes de esclavos que cruza el Atlántico en busca de fortuna. Como era de esperarse, este entorno deshumanizado ofrecerá a nuestra protagonista un clima hostil que la acompañará en todas sus decisiones. Sin dejar de lado que su rebeldía y sensualidad, atraerá la envidia de las mujeres y el odio de los varones que no puedan poseerla. Ella es consciente no solo de lo que puede hacer con su belleza, sino también con los dones sobrenaturales que le han sido heredados por vía de su linaje de hechiceros (la figura de una daga en su frente es la señal). Esto se torna evidente con la presencia de Nder Sabá, deidad del fuego de la tribu de donde proviene, el cual efectúa recurrentes apariciones en instantes de crisis para enseñarle a torcer el destino de los hombres y abrir las puertas de la libertad.

Pero el camino a la ansiada libertad será cualquier cosa, menos sencillo. Ni siquiera el apoyo de Nder Sabá será suficiente. A lo largo de cada capítulo, Fulú pasará de un amo a otro, cada uno cruel a su modo. Todo inmerso en un juego de intrigas, algunas veces producto de injusticias y otras ocasionadas por ella, con la formula en común de salirse con la suya al escapar de cada lugar y dejando atrás, una seguidilla de problemas cuando logra arruinar los planes de quienes la acechan. Entre las personalidades con las que tropieza, permanecen en la retina algunas que, para bien o mal, determinarán su suerte. Una de ellas es Aldaba, mujer promiscua que anda de pueblo en pueblo estafando incautos junto a un hombre llamado Alonso de la Anunciada, el cual nunca se definirá si es su hermano o amante. Una vez descubierta por éste en actos lascivos con uno de sus socios —por vía de Fulú—, entra en cólera y se desata una riña, dejando como saldo a los dos sujetos muertos. Aldaba se entera que la esclava la delató y desde entonces, hará lo que esté a su alcance para destruirla. Se le verá aparecer en los demás capítulos tratando de ejecutar su objetivo.

Otro personaje que marcará a Fulú es Bonde, uno de los líderes de la resistencia de la villa que los colonizadores amenazan con arrasar y doblegar a la población negra esclava que se ha refugiado allí. Aparte de esa virtud, Bonde resalta por ser el único hombre que pudo tomar el cuerpo de Fulú por amor real antes de ser abatido y dejar en su vientre, el fruto de esa pasión personificado en su hija Saga; la cual deberá nacer al amparo de la selva que, a su vez, será refugio de su madre mientras huye para evitar ser capturada de nuevo y regresar a África. El boleto de salida llega de una manera accidentada, cuando otros traficantes la descubren. Lo que parecía ser otra anécdota de maltrato, se convierte en negociación cuando Fulú, usando su astucia, obliga al capitán de la tripulación a cumplir la promesa de devolverla a su continente. Como siempre ocurre, los azares del destino hacen que se salga con la suya una vez más. Pero el regreso a casa, significará también confrontar su pasado y desafiar a poderosas divinidades que querrán someterla. Solo los lazos afectivos que la unen a su hija, podrían darle la fortaleza necesaria para superar esta prueba final y cumplir, si lo logra, la misión para la que fue enviada al mundo de los mortales.
Como señalé al comienzo, la obra flota entre rarezas. Una muy llamativa, es redescubrir casi cuarenta años después como el trabajo de un emergente Eduardo Risso, ya gozaba de un estilo definido en cuanto a un armónico contraste entre líneas finas y la sincrónica alternancia de claros y oscuros. Algo que sería su sello personal. En Fulú, quizá por su carácter experimental, apreciamos trazos arriesgados, con poco espacio para la rigidez; gracias a ello, los planos de las escenas de máxima tensión transcurren a veces como fotogramas, acentuando la expresividad de los personajes, sin imposición de límites a la hora de ilustrar con pormenores escenas muy explícitas. Carlos Trillo sabía que se exponía a que el dibujo de Risso engullera su guion, pero supo sacar provecho de ello para concentrarse más en los diálogos y llegar así, a esa famosa química creativa que les valió el reconocimiento internacional.
En perspectiva, esta historieta se me antoja uno de esos trabajos necesarios para el buen nombre de una profesión, en este caso la del dibujante o escritor. Los adjetivos se me quedan cortos por la manera de abordar la temática, ya que no solo resulta dispendioso plasmar en el plano gráfico el periodo que contextualiza la historia, sino cuidarse de no volverse tedioso con viñetas muy recargadas. Una circunstancia resuelta cuando se apela al recurso de la escenificación de la selva, que transporta al lector a otro espacio extremo donde se puede ver a Fulú en plena acción, dueña de sus impulsos más salvajes y ofreciendo un repertorio de gestos mientras se planta de frente al peligro. Tal cual es el espíritu de esta producción, autónoma, que ha crecido por sí misma, pues su legado fundamental fue develar otra visión del pasado. Esa que no se puede maquillar.
