Tomás Cisternas: «No busco la perfección del trazo, sino la verdad de la sensación»

No recuerdo en qué momento conocí el trabajo de Tomás Cisternas. Imagino que lo empecé a ver como un goteo que se filtra en medio de mi desatención y lo que veo en redes. Lo cierto es que me enganché con fascinación. Me cuesta enmarcar una definición de sus historietas, su trabajo tiene tantas puntas que se puede ver distinto de cerca y de lejos.

La ausencia del vértigo y las acciones llenas pirotecnia y estructuras sofisticadas en lo que más me atrae: la posibilidad del espacio como refugio para la conversación íntima. Dicho de otro modo, una manera de ver y de recrear lo que se ve, de hacer como dice Tomás « que la sensación insignificante signifique».

No lo había advertido, pero necesitaba leer, por estos días, algo de Tomás. Y leer esta entrevista que lleva un tiempo reposando. Como también necesitaba leer unas viñetas de Ventiladores Clyde de Seth me crucé ayer.

Acá esta entrevista para conocer un poco más el trabajo de Tomás Cisternas. 

Tomás, podríamos iniciar con su punto de partida, una imagen, una idea que delimite un poco ese origen como lector y luego como dibujante de historietas.  ¿Cómo fueron sus inicios con la historieta?

Comencé a leer historietas con Condorito a fines de los 80’s. Luego descubrí a Quino (no Mafalda) en la consulta del dentista. En otra ocasión, pasado los años, me compré un número de Linterna Verde y leí La muerte de Superman, hasta que después, conocí el trabajo de Alberto Vázquez con Los Psiconautas y el trabajo de Liniers, con Macanudo. Ahí, comencé a ver el cómic con otros ojos. Me gustó y quise hacer los míos.

En los años cuando los blogs eran el refugio de muchos, descubrí una tira de Macanudo 1 de Liniers (algo totalmente nuevo y revelador). Compré ese libro; coincidentemente también recortaba en ese tiempo las tiras de Calvin &Hobbes que se publicaban en las páginas de un periódico en Chile y comencé a dibujar mis propias tiras cómicas. Me hice un blog (aún existe), publiqué las tiras diariamente por algunos años en algunos periódicos y publiqué 5 libros, hasta que los dejé de un día para otro y comencé otra cosa.

Tiras con humor y melancolía de Tomás Cisternas.

Es habitual encontrar que los dibujantes de historietas no se dedican a un solo género; en su caso usted ha hecho tiras de humor gráfico, fanzines que sirven de registro y representación de historias cotidianas y personales, recuerdos, ficciones más largas, entre otros trabajos. ¿Hay decisiones y cambios técnicos cuando pasa de un género a otro?

Si bien, amo lo que hago y me enamoro al 100% de mis dibujos, sucede que ese amor se transforma y cambia. Y sí, al pasar de un género a otro ha sido muy notorio (de las tiras cómicas al cómic más indie o alternativo), pero últimamente ha sucedido sin percatarme tanto el cambio de trazo.

Soy de esas personas (junto a mi esposa) de cambiar al menos 4 veces al año la ubicación de los muebles de la casa y cada 3 años los muebles mismos (los que sí se puedan costear). He sido rapero, grunge, nerd, vagabundo, hasta hobbit; he pasado por muchos estilos y voy variando en la vida y eso creo yo, es el origen a lo que sucede en los cómics que hago. Siento que seguiré cambiando, pero dentro del marco de lo que hago actualmente, no creo que vaya a dibujar superhéroes alguna vez en mi vida o volver a las tiras cómicas.

Ahora llevo algún tiempo donde el estilo técnico se ha mantenido, no puedo decir que no me dan ganas de experimentar algo más, pero tan radical como pasar de tiras a lo que hago hoy, y de eso a algo más (superhéroes o volver al humor) lo dudo mucho. Ya me quedé aquí.

Uno de los Shumeikers de Tomás Cisternas.

¿Trabaja en paralelo o cada tipo de género tiene su tiempo y camino?

Me cuesta trabajar en paralelo, lo intento, pero en la mayoría de los casos es imposible. Cada proyecto tiene su propio tiempo en lo general. Aunque he trabajado por algún tiempo simultáneamente, cuando dibujaba los cómics de relatos diarios, GrisVerde, y novelas gráficas fallidas. Sabes, recordando, la verdad lo he hecho algunas veces, pero la mayor parte del tiempo, fallo.

Me encantaría poder organizarme más cuando tengo tiempo libre (no soy autor de cómics todo el tiempo, ya que trabajo en una oficina la mayor parte del día) y creo que en teoría uno podría organizarse y estructurar más el tiempo, pero últimamente me afano mucho en el proyecto de turno. Ahora estoy en dos cosas, un trabajo que estoy terminando para una editorial argentina, y otro proyecto de una pequeña novela gráfica donde estoy entintando y tomando decisiones si colorear o dejar en blanco y negro.

Ha resultado muy difícil estos últimos meses, ya que siento que estoy en una sequía creativa y de ánimo. Pero me esfuerzo mucho para quedarme en mi escritorio.

Lo que sí he logrado trabajar de manera paralela y exitosa, es en los guiones.

Esta página explica, en parte, el trabajo y el estilo de Tomás Cisternas.

La serie GrisVerde, es quizás un tipo de trabajo lateral: está la autoedición y la autoficción, la reflexión que se contrapone a los paisajes, la poesía. Uno puede intuir que los caminos son muchos en ese caso, más cercanos a la intuición que a un plan de largo alcance. ¿Qué se permite y no se permite en estos trabajos?

En GrisVerde, me permito el silencio y la incertidumbre, algo que en las tiras cómicas (donde el remate es ley) no es posible. Me permito que una página sea solo un paisaje o una sensación climática, sin la presión de «explicar» una historia. Es un espacio de absoluta honestidad donde el dibujo no está al servicio de un chiste, sino de un estado de ánimo.

Lo que no me permito es la complacencia o repetir fórmulas que ya sé que funcionan. Si siento que estoy dibujando algo solo porque se ve «bonito» pero no me mueve nada por dentro, me detengo. No me permito la mentira narrativa; si el relato nace de una emoción real, aunque sea incómoda, debe quedarse ahí.

Portadas de GrisVerde Vol. 5.

¿Hay límites o riesgos que impone?

El límite principal es la exposición. Al ser un trabajo de autoficción y reflexión personal, el riesgo es volverse demasiado hermético o, por el contrario, quedar demasiado vulnerable frente al lector. Existe el riesgo de que el camino sea tan intuitivo que uno se pierda en el bosque de sus propias ideas y no logre aterrizar el proyecto.

Sin embargo, ese es precisamente el valor de GrisVerde: el riesgo de no tener un mapa claro y confiar en que el trazo y la intuición me llevarán a un lugar que valga la pena habitar, tanto para mí como para quien lea el cómic.

En uno de los números de la serie GrisVerde hay una declaración por su afición por los ambientes y paisajes de naturaleza donde hay poco edificio, poco muro, menos cemento, más verdor. Por narrar y representar el reino de los otros seres vivos. Esto es algo que está presente en muchas de sus publicaciones, ¿de dónde viene esa fijación por la observación y representación de este tipo de paisajes?

Me pasa que recuerdo tanto mi pasado, mi niñez y mi sábado recién vivido, que quiero que la sensación insignificante signifique algo para mí y para otros. Uno se da cuenta de que esas cosas que son imperceptibles o irrelevantes de la existencia pueden ser dignas de un momento. Las lagartijas y las lombrices, las gotas bajo un eucalipto, los sapos y las ranas… siento que es enorme pensar en lo que hay ahí. Abordar lo que ves cada día y que parece no ser importante porque simplemente «está ahí». Yo le doy importancia, siento que así debo hacerlo, porque es hermoso y por algo están ahí. Tengo un llamado a hacerlo.

Detalle de portada del libro: Gafas: Estuve muerto y otros relatos.

Me gustaría volver a las tiras y el humor gráfico. Una gran mayoría de dibujantes de historietas han dejado de lado las tiras o simplemente las consideran un género sin mucha atención, tal vez por ese gusto aprendido o la deformación de las novelas gráficas. En su caso, ese es otro lado de trabajo con las tiras: Shumeikers, ¿cómo fue diseñando esta serie llena de imaginación y personajes?

Cuando leí a Liniers y a Calvin & Hobbes, coincidió con que estaba buscando un lugar para realizar mi práctica profesional en una agencia de publicidad. La verdad es que no me sentía del todo conforme con el trabajo que había hecho mientras estudiaba; sentía que le faltaba algo. Entonces pensé: «Si quieren creatividad, no les voy a presentar publicidad».

Fue así como inventé unos personajes cuadrados. Me inspiré en los dibujos de mi hermana, porque cuando ella era chica dibujaba todo cuadrado y a mí no me gustaba; yo le decía: así no se dibujaba. Bueno, terminé tomando como base esos personajes (solo en lo cuadrado), inventé algunos chistes y dibujé diez tiras. Las imprimí, armé un pequeño librito y ese fue mi pase para entrar a realizar la práctica en una agencia.

A los pocos días, algunas personas de la oficina me instaron a seguir con los cómics. Lo hice: creé un blog y empecé a dibujar diariamente. Con el tiempo hubo pausas; dejé de hacerlos cuando me casé en 2012, pero en 2014 retomé el ritmo y seguí hasta el 2020.

Si bien Los Shumeikers no solo eran humor, sino también romance, sentía que no era lo que quería hacer para siempre. No me sentía a gusto dibujando solo para otros; quería dibujar algo que me gustara a mí. Así fue como, paralelamente en 2017, mientras seguía con las tiras, comencé a crear mi cómic Gafas.

Detalle de portadas de GrisVerde 6.

Se puede intuir que su trabajo tiene cercanía con historietas con Adrian Tomine, John Porcellino, Jeffrey Brown o Daniel Clowes, ¿Hay afinidades con el trabajo de estos dibujantes?

Por supuesto, principalmente con John Porcellino, con quien he podido mantener una relación amistosa vía mensajes de Instagram y correo… ¡sí, en cartas!

Sin embargo, sacaría de la lista a Adrian Tomine, a quien conocí cuando ya llevaba tiempo dibujando, y a Daniel Clowes, porque, aunque disfruto mucho su trabajo, no me atrevo a tomar elementos suyos para lo que yo hago. En cambio, sí mencionaría a Keiler Roberts, Nick Drnaso, Noah Van Sciver y Joann Sfar. Mantendría a Jeffrey Brown y, sobre todo, a Jason.

Ellos han sido mi gasolina creativa desde el comienzo. De hecho, conocer a Jason y a Sfar hizo que tomara decisiones terribles en mi vida: Los Shumeikers me daban ingresos mensuales, pero el cambio de estilo hizo que abandonara todo para trabajar cien por ciento por amor al arte del cómic. Me inspira profundamente lo que ellos han hecho; me da gusto leerlos y releerlos. Siento que mi trabajo, tanto en la ficción de Gafas como en las viñetas poéticas y los relatos autobiográficos, tiene una afinidad tremenda con la sensibilidad de estos autores.

El viento como regalo según Tomás Cisternas.

¿Cuál es el vínculo con este tipo de historietas?

El vínculo es, sobre todo, una cuestión de honestidad y economía de recursos. Lo que me conecta con autores como John Porcellino o Jason es esa capacidad de decir cosas profundas y complejas con un trazo que parece simple, pero que está cargado de verdad. En sus historias encontré el permiso que necesitaba para dejar de lado la pirotecnia visual y centrarme en lo que realmente me importa: la emoción y la observación.

Hay algo en la cadencia de sus relatos, en ese manejo del silencio y los tiempos muertos, que resuena mucho con mi forma de ver la vida (agrego a Nick Drnaso en lo que acabo de escribir). Leerlos me hace sentir que no estoy solo en esta fijación por lo pequeño, por lo cotidiano o por esa melancolía que a veces es difícil de explicar con palabras. Mi vínculo con ellos es un recordatorio constante de que el cómic no tiene por qué ser un espectáculo de acción; puede ser una conversación íntima, un susurro o, como en el caso de Porcellino, una carta enviada por correo que llega justo cuando necesitas leerla.

Detalle de portada de Puddles, una selección colección de cómics de Tomás Cisternas.

¿Hay algo en Latinoamérica que le resulte cercano y entre en ese mismo espacio?

Es una búsqueda difícil. Si bien admiro profundamente a figuras como Liniers, hoy siento que mi trabajo actual se ha alejado de esa escuela para buscar algo más crudo y personal. Me da cierta tristeza reconocer que no encuentro tantos referentes locales que me remuevan, pero los pocos que hay, son fundamentales.

Me siento muy cercano a la honestidad de Aarón Salazar; su trabajo es punk, es doloroso y nace directamente de las vivencias del alma. También está Gabriel Garvo y su increíble capacidad en La vida tranquila, o la sensibilidad de Catalina Bu en Nadie como tú. La belleza de Decur en su arte e historias llenas de sensibilidad, siento que hay mencionarla. Me parece indispensable el trabajo de Kioskerman; sus libros de Edén son obras maestras de la contemplación y la poesía.

Al final, mi vínculo con Latinoamérica es un tanto agridulce. Me da cierta tristeza no conocer más, sentir que quizás hay voces increíbles ahí fuera que todavía no llegan a mis manos ni a mis ojos. Pero, al mismo tiempo, esa carencia me genera una expectativa constante: la esperanza de encontrar, en cualquier momento, a esos pocos autores que, como yo, están tratando de que lo insignificante signifique algo. Me quedo con esa búsqueda, con la puerta abierta a lo que aún está por descubrirse.

Poesía.

En sus publicaciones hay rastros de diferentes materiales: lapiceros, lápices, acuarelas y grafito ¿Qué va determinado el tipo de material o el uso de los colores, el formato o lo tipos de papel?

El material lo determina la necesidad de atmósfera. No es una decisión puramente técnica, sino sensorial. Para mí, el papel es el primer escenario; por eso paso tiempo en mi escritorio probando cómo reacciona una acuarela o sencillo lápiz bic negro sobre diferentes texturas.

En proyectos como GrisVerde, el uso de tintas negras responde a esa búsqueda, de lo que parece inacabado, pero está lleno de intención. El material tiene que ensuciarse un poco, tiene que sentirse humano. A veces, el color ha aparecido y desaparecido, depende de una emoción específica o un cambio de clima en el relato.

Al final, lo que dicta el material es el tipo de silencio que quiero lograr en la historia. Hay relatos que piden la precisión irregular del tiralíneas y otros que exigen una mancha orgánica y el error que solo te da el material físico, el papel, la tinta, el color y el agua.

Esta hermosa historieta de Tomás Cisternas que dibujó gracias a una invitación del teatro de Rancagua, Chile.

Cuando he leído sus historietas me es inevitable pensar en la soledad y en el silencio, un poco de nostalgia y memoria, en una relación con los pequeños placeres, con los instantes mínimos. ¿Cuándo va dibujando esto ambientes y sensaciones aparecen de forma deliberada?

Aparecen de forma semideliberada. Si bien busco ese silencio y esa nostalgia, no es algo que fuerce con un plano técnico rígido; es más bien un reflejo de mi propio estado de ánimo al momento de sentarme a dibujar. Me esfuerzo mucho por quedarme en mi escritorio, y en ese esfuerzo, el dibujo se vuelve un refugio donde la soledad no es algo negativo, sino un espacio de observación.

Esos pequeños placeres o instantes mínimos aparecen porque son lo que me mantiene conectado. Cuando dibujo una gota bajo un eucalipto o una lagartija, no estoy solo ilustrando un paisaje; estoy tratando de capturar un momento de paz que yo mismo necesito y que muchas veces he vivido.

La nostalgia y la memoria dictan el ritmo. No busco la perfección del trazo, sino la verdad de la sensación. A veces, el silencio en una viñeta es deliberado porque entiendo que ahí es donde el lector puede poner sus propios recuerdos, pero la mayoría de las veces, esos ambientes aparecen porque son el lugar donde yo mismo estoy habitando mientras dibujo.

Si te pidiera que definieras tu estilo, ¿cómo le definirías?

Definiría mi estilo como un minimalismo contemplativo y atmosférico.

Es un estilo que busca más la sensación que la precisión. Me interesa que el lector sienta el clima de la escena: el frío de una mañana, el silencio de un paisaje o la pesadez de un recuerdo. No busco un dibujo limpio o industrial; prefiero que se note la mano, la tinta, el papel, el error humano. Es, en definitiva, un dibujo al servicio de la memoria y de los instantes mínimos.

Viñeta de Tomás Cisternas.

Por último, ¿para usted qué es la poesía?

No soy poeta, así que podría responder esto sin mucha decoración pretensiosa.  

Siento que es lo me ha hecho sonreír y llorar por dentro, sin demostrarlo por fuera.

Eso pienso que es.

 

 

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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