Daniela Ruggeri y Maten al Mensajero expanden el universo de las «Aventuras en el Otro Barrio» con Más allá del jardín, la nueva entrega de la serie de la pandilla favorita de la nueva historieta argentina. Una invitación a la aventura, allí donde parecía no estar permitido imaginar.
«¿A dónde está escrito que no puede haber extraterrestres en la villa?», se pregunta Julio Arrieta en Estrellas, el documental dirigido por Federico León y Marcos Martínez que sigue el proceso de filmación de una película de ciencia ficción en la Villa 21 de Barracas. Julio había sido protagonista, unos años antes, de El Nexo, film en el que los «barrios de emergencia» porteños se transforman en el último bastión de resistencia ante una invasión alienígena y en la única solución posible para vencerla.
A unos ocho kilómetros, aparece un triángulo rectángulo isósceles en el margen izquierdo inferior del mapa de Buenos Aires. Si se mira desde el oeste, esa es la forma y esa es la ubicación del Barrio Cardenal Samoré, en Villa Lugano. Al igual que la Villa 21, un «domicilio de la aventura» impensado, inhabilitado, excluido por la hegemonía de la ficción. Hasta que Dani Ruggeri lo eligió para sus historietas. Un pedazo de territorio en el que la autora decidió emprender un trabajo etnográfico, sensible y comprometido en busca de responder una pregunta fundamental ¿Tenemos asegurado el derecho a imaginar?

Maten al Mensajero trae Más allá del jardín, la nueva entrega de la serie creada por Ruggeri, protagonizada por una pandilla de cinco amigues para los cuales todo puede ser el inicio de una aventura.
En este libro de casi cien páginas, se unen El diablo en la Torre 9, la reedición de la primera historia, nacida bajo el sello de la extinta Barro en 2021, y Primeros días, continuación directa de la anterior. Entre los complejos habitacionales, los canteros con plantas traídas de todas las provincias del país y los bloques de hormigón, se suceden las andanzas de Juan, Olivia, Caro, Dan y Rú, Little Rascals locales criados a mate cocido.
En tiempos de distancias sociales, producto de la pasada pandemia y la presente hiperconectividad, la autora invita a conocer otras espacialidades, otras temporalidades y otras formas de entender, construir y vivir el lugar donde vivir. Presenta «otro barrio» en el que todavía les niñes salen a jugar, las viejas se juntan a chusmear y los guachos se ponen a ranchear.
Pero ni bien les lectores se ubican espacialmente, Dani les propone un juego: imaginar una versión alternativa de las calles que se caminan todos los días. Una variante en la que lo real se mezcla con lo fantástico. Porque en sus páginas están los guardapolvos escolares, de un blanco que solo el lavado a mano sabe conseguir, pero también hay turros color verde agua con orejas en punta y piercing en la ceja. Hay nísperos frescos, esas glorias de la naturaleza que son alimento y proyectil al mismo tiempo, pero existe también una Torre 9 con un diablo al que no le funciona el portero eléctrico. Sí, pasan a comprar muebles viejos, heladeras y chatarra los sábados a la mañana, pero no necesariamente en una F-100 destartalada.

Esta combinación entre los real y lo fantástico se complementa por un acervo de referencias, entre las cuales están Digimon, con ese Koromon llegando tarde al colegio, Mafalda, con ese valor dado a la reflexión y la sensibilidad de Dan, y Charlie Brown, con esas pecas a lo Peppermint Patty en el rostro de Caro. Queda en manos de quienes lean la historia descubrir el resto de los guiños que la autora fue escondiendo entre sus páginas.
La potencia de la obra de Dani, que es una potencia revolucionaria, se concentra en su capacidad de imprimir sobre lo cotidiano lo fantástico. Como si el día a día fuera la página de un álbum sobre la que la autora pega figuritas de otras colecciones. En ese juego de poner piezas donde no van, termina poniendo las cosas en su lugar, porque la serie de Ruggeri restablece un derecho: el de ver, en páginas a todo color, aquello que el pueblo quiere y puede imaginar, en el lugar que se le cante.
En el camino, esta historieta rompe las cadenas que ataron por demasiado tiempo esa creatividad. Represiones que pretendieron, desde siempre, decir quién puede y quién no puede elegir la cuadra de su casa como el lugar por el que puede pasar una bestia gigante que destroce el pavimento ¿O acaso no pasaron los Gurbos por Castañares?

Luego de la salida de El diablo en la Torre 9, Ruggeri cumplió con sus obligaciones etnográficas: devolver a la comunidad aquello que le prestaron como materia prima narrativa. Recorrió colegios, se juntó con sus amigues de la infancia y mostró a les vecines esta otra forma de pensar su lugar en el mundo. Más allá del jardín nació del diálogo entre la autora y todes aquelles que fueron mirando y leyendo la obra. Conociendo cada una de las páginas que hasta ahora se han publicado de la serie y conociendo también a Dani, ese diálogo hay que imaginarlo desordenado, a los gritos, ocupando todos los espacios, sin pedir permiso, aunque siempre respetando cosas que son sagradas: el barrio, su gente y sus fantasías.

Sentir que te leen con tanto cuidado, compromiso político y familiaridad barrial es un enorme bálsamo al corazón en esta era de tanta anestesia. Gracias por dedicar tiempo y reflexión a estas páginas. Seguiremos haciendo más y siempre llevándolas de vuelta a las calles de los barrios.