Puentes entre el presente y el olvido

A estas alturas, pensaría, como lector promiscuo, que la industria editorial llegó a un punto de inflexión en el que, con tal de «salvar» a los lectores clásicos de las garras de la internet, recurre a temáticas artificiosas para retenerlos. Pero, cuando todo parece condenado a la aceptación, llegan textos libres como Memento mori, intercambios entre la vida y la muerte (Editorial Universidad Nacional de Colombia, y el Museo Nacional de Colombia, 2025) a tocar la puerta sin avisar y hacernos caer en la cuenta, que el pasado no solo se conserva, sino que retorna con sus fantasmas.

Por supuesto, no es la primera historieta que expurga la historia como documento latente en un país propenso a banalizar sus tragedias como Colombia; pero el esmerado componente pedagógico presente en sus páginas, es lo que destaca entre otras de su género. Y es que resulta acertado el termino expurgar, que como veremos, huesos roídos por el paso del tiempo se convierten en pergaminos que conservan en su interior códigos a resolver a través de sus mismas grietas.

Ganadora de la convocatoria 2020 para proyectos de investigación conjunta entre las facultades de Artes y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, la trama transcurre en 2015, año en el que Ana, joven estudiante de antropología se une como voluntaria a un equipo de investigación perteneciente a la mencionada institución educativa, el cual adelanta un proyecto de bioarqueología —campo de estudio acerca de restos humanos para reconstruir condiciones de vida— en el Cementerio Central de Bogotá. Esta iniciativa parte de la intención de limpiar y analizar evidencias óseas de personas enterradas en un lapso de cien años, entre 1850 y 1950 en el otrora sitio denominado «Cementerio de pobres». Todo con el aval de otras entidades instituciones de la república, entre ellas, el Instituto Colombiano de Arqueología e Historia (ICANH).

Detalle a doble página de Memento mori: intercambios entre la vida y la muerte.

En afinidad con este marco, se desarrolla un drama personal que Ana tiene prisa por resolver, el cual no será posible sin el apoyo moral que encuentra en Mario y Fernanda, dos compañeros que, en medio de las diferencias de personalidad, terminan involucrados en el centro de sus conflictos. Una caza de pistas en donde no faltan baches que impiden armar el rompecabezas genealógico de sus raíces U`wa[i], dificultando que nuestra protagonista logre identificar miembros de su comunidad extraviados durante un proceso de silenciamiento sistemático ocurrido durante la dinámica de violencia de la primera mitad del siglo XX colombiano. Al tiempo que se empalma la narración ficticia con el informe académico, el proceso de recolección de datos procedentes de lo que el material óseo arroja, confirma las sospechas de desapariciones forzadas.

Los créditos de esta obra se pueden agrupar en un listado, pues como todo trabajo de rastreo, requiere de un equipo multifuncional para efectos de optimización del producto. Ningún miembro fue menos indispensable que los otros, sin embargo, quiero detenerme en una de sus cabezas visibles, como es, Iván Benavides (Ivanquio), el encargado de los trazos. Uno de los gratos conocidos en el ámbito de la historieta colombiana, diseñador gráfico, museólogo y arquitecto del universo de la serie Las aventuras del Cuy Jacobo, que como muchos recordarán, recoge las travesías de un valiente roedor y sus amigos que tienen por costumbre meterse en dificultades tratando de averiguar enigmas alrededor de patrimonios culturales. Siempre portando con orgullo su linaje nariñense, región madre del autor también.

Detalle de Memento mori: Intercambios entre la vida y la muerte.

Esta vez, Ivanquio expone una faceta poco visible de su trayectoria. Sin perder de vista su estilo colorido, atravesado por líneas definidas que suelen iluminar de expresividad a sus personajes, en Memento mori, con el trabajo de los coloristas Gabriela Abella, y Luis Mora, opta por un enfoque denso en relación a los detalles de los escenarios y la degradación de luces y sombras en los tonos oscuros y sepia. Este último, aplicado con sentido común para hacer notar los flashbacks que contienen apartados históricos decisivos en la investigación del grupo. La destreza en la figuración, que en lo personal me impresionó, se integra a la superposición de viñetas de diferentes tipos en una misma página, que, si bien pueden saturar la estructura narrativa, introducen dinamismo a la comprensión de la misma a medida que el lector avanza. Una forma de distribución grafica que también forma parte del sello personal de Iván.

Una página entre dos tiempos.

En adición a esto, la investigación de Claudia Rojas y el guion a cargo de Stephany Méndez, otorgan esa minuciosidad académica que funciona como constancia de la seriedad con la que fue abordada esta historieta. El mérito de Memento mori —al menos fue mi sensación—, es que logra enganchar el narración gráfica con los informes reales de expedientes, permitiendo que lo segundo se convierta en insumo científico de lo primero; que como bien se señala en la presentación del libro, en realidad termina siendo una fuente de consulta para aquellos estudiantes que están cerrando su ciclo de educación básica o para los que han elegido la antropología como profesión y buscan adentrase en el fascinante mundo de los rastros cifrados que guardan los huesos.

Esta es una publicación voluminosa que hace honor a su naturaleza académica: Casi 190 páginas condensan diez años de procesos en cuatro capítulos —con un inserto metodológico en cada uno—, una sección de expedientes con el contexto socio-cultural de Bogotá; además de un copioso glosario y consignación de abreviaturas. La portada en sí misma, es una puerta que invita a ingresar a una zona gris donde aguardan misterios que seguramente, muchos de ellos quedarán en el aire, pero los que se logren descifrar darán pistas certeras de algo tan intangible como es un pasado que se diluye en medio de titulares de artículos.

Superposición de espacios y viñetas en las páginas. Con un detalle del Cementerio Central de Bogotá.

Un veredicto acerca de Memento mori, intercambios entre la vida y la muerte, dejando de lado la pomposidad que encierra la palabra veredicto. Para los que apreciamos sumergirnos en el lado no oficial de la historia, esta propuesta ofrece elementos que nos abren los ojos frente a lo que el canon educativo suele dar por sentado. Peculiaridades tales como, que la hija de un marmolero le revele a Ana y a sus compañeros que la mayoría de los muertos del 9 de abril se apiñaron en fosas comunes, disfrazadas después con el romántico eufemismo de Pabellón del Olvido; o que se advierta que el conjunto funerario de la calle 26 en Bogotá, es una especie de ciudadela mortuoria dividida en secciones en donde ni siquiera las personas después de fallecidas son eximidas de ser estratificadas, son referencias que aportan luz a nuestra oscura complejidad.

A partir de esa lucidez que el texto confiere, si podemos cambiar la percepción que tenemos sobre la muerte como factor social que en realidad es, entenderemos también a nuestros persistentes héroes y sus razones para no renunciar a su búsqueda.

 

[i] Los U’wa son un pueblo indígena originario de los bosques nubosos y la cordillera oriental de Colombia, con un fuerte vínculo con la naturaleza y la espiritualidad. La palabra u’wa significa “gente inteligente que sabe hablar”. Su vida como pueblo y como individuos se guía por la “Ley de origen”; dicen los sabios más viejos que esa ley les fue dada desde la creación y les dio como tarea proteger a la madre tierra y su equilibrio.

Raúl Trujillo
Raúl Trujillo
Ilustrador freelance y bibliotecólogo en formación. Ha realizado colaboraciones para el periódico Dela Urbe, de la facultad de comunicación de la Universidad de Antioquia y Revista Pérgamo de la Escuela de Bibliotecologia de la Universidad de Antioquia. Además ha sido seleccionado para exposiciones y muestras de caricatura e ilustración en Colombia en ciudades como Medellin, Rionegro, Pereira y Armenia. En el extranjero en Buenos Aires (Argentina) y Sinaloa (Mexico).

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