Dibujar sobre la cinta

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que eran su cárcel.

Jorge Luis Borges: El oro de los tigres

 

A finales del año pasado el sello Cohete cómics anunció la publicación de una nueva historieta: Cassette. Era un nuevo libro de Pavel Molano, editor de la revista Elefantes & Jirafas, y autor de Antoñín, una historieta corta en la que podemos reconocer algunas líneas de estilo del dibujante: diseños de texturas y colores que le dan cuerpo al paisaje, la escucha y la oralidad como efecto de vibración narrativa, un ritmo acelerado y acoplado al trabajo de composición, y una representación de la ciudad de Bogotá.

Cuando la editorial anunció la publicación, la portada permitía intuir detalles de unos personajes y objetos que están siendo abducidos por la onda de un cassette que gira al ser rebobinado: la imagen completa es la de una cinta que devuelve el tiempo, en la que cabe el tiempo. Un bucle que se lo traga todo y lo devuelve a su punto inicial. Una grabación, la reproductibilidad de la memoria y el sonido.

El inicio de un viaje.

Al tiempo que escribía y estaba tomando notas para este texto leí una entrevista que le hizo el escritor Munir Hachemi a la escritora Rita Indiana para la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Algo de lo que dice Hachemi me abrió nuevas preguntas sobre Cassete. Lo que dice Munir en su primera pregunta es: «me he acordado del ensayo de Aira sobre Copi, donde propone –no recuerdo si con estas palabras– una diferencia entre velocidad y rapidez. Me suena que Deleuze habla de algo parecido refiriéndose al pensamiento: lo infinitamente rápido es infinitamente lento a la vez». La respuesta de Rita Indiana rebota en el proceso de escritura, sus resultados, que en el caso de Molano es el dibujo, sus diseños. Pienso en esto porque el libro de Molano es rápido y lento a la vez, esto queda insinuado en la primera imagen del interior cuando aparece recreado el bostezo de un tigre y una frase anónima: «No se puede saber en una milésima de parpadeo, un universo entero, si el tigre ruge o bosteza». Ahí está conjugada la idea del libro, lo que se insinúa en la portada y contraportada, no de forma explícita y tampoco como un acertijo. ¿Qué logramos ver? ¿Qué nos muestra la velocidad? ¿Qué es posible en la lentitud? Parece que me pierdo, pero trato de seguir el curso de Cassette, el camino de ese viaje de creación donde lo que menos importa es la resolución y las respuestas exactas entre esa velocidad del ritmo y la lentitud de las ideas que flotan.

La totalidad de las canciones.

Para no hacer una plena descripción del trazado del libro y describirlo en su totalidad, lo único que me gustaría mencionar es lo que se busca como señuelo, el hilo que permite el avance: todo es posible porque que se busca una cinta, la memoria grabada que solo será recuperada con la representación dibujada que vemos de manera completa al final. Un cassete que se va armando. Mejor, grabando. Es que lo busca Simón, un desangelado líder imaginario de la banda Pandilla de Pelouche. Así, el horizonte del libro se escucha y lo vemos, o para decirlo de otro modo la extensión de su estructura se acerca a una serie de canciones dibujadas, aunque sin el empalago y la desorientación de los musicales. ¿Cómo vemos esto? Molano dispone de un listado de estructuras y diseños que une a la inserción de referencias, y a unos juegos de composición que le aportan ritmo y musicalidad a las páginas; la narración sube y baja, se introduce al submundo de un bar underground, entra en zonas imaginación, se pliega a los sueños y las metáforas que afectan la narración, queda atrapada en delirios, narraciones dentro de narraciones, se cruza con el tablero de un video juego; es el tiempo y la velocidad de un partido de fútbol, es una cara y su reverso, es una historia dentro de una historia, es un laberinto. Todo esto con una sincronía que se conserva hasta las páginas finales.

Una banda con muchos tigres.

En toda la composición la recreación de espacios y personajes sitúan la mirada ante un paisaje que se salta la nostalgia reconocible; hay referencias como cuando aparecen portadas y viñetas de Love and Rockets de Jaime Hernández. Todas estas arquitecturas y diseños son espejos que se toman las páginas sin efecto decorativo. Además, hay leyendas del fútbol colombiano como personajes y símbolos, como lo hizo Luis Echavarría en Liborina, en lo que podemos considerar como una memoria gráfica y popular nacional que en este caso tiene un lugar en la ficción gráfica. Molano corre la grabación para no caer en frases hechas y la nostalgia como narrativa. Conjunto que se completa con los diálogos; las letras y las capturas de la oralidad, importantes en un libro que se ve, y se escucha.

Todo se hunde y el cassette se escapa.

En las más de doscientas páginas de esta historieta el viaje no persigue cambios con un significado subrayable: no hay aprendizajes, por fortuna, tampoco hay lugar para grandes transformaciones o enseñanzas que se puedan listar. Lo que hace que este libro escape de ser una historieta como material didáctico, urgente y necesario, o un simple panfleto dibujado de esos que se han vuelto tan comunes por la voluntad de las causas. A Cassette se entra desprevenido, se le escucha y se disfruta, sin manual y efectos, se entra por muchas puertas y calles a una versión del paisaje de Bogotá que se alza en muchas de las páginas; en las rutinas que tienen formas de laberintos, en los espacios que se repiten y encierran a los personajes. Cada canción nos recuerda cómo es vivir por esas calles y lugares que tienen parte de la forma que hemos visto en otras narraciones, sobre todo en películas y literatura que aparecieron en el entusiasmo por las representaciones y narraciones urbanas de los años 90. Pero que, en este caso, con el dibujo, las referencias tienen nuevas formas gracias a la plasticidad de las líneas y las composiciones; que han sido proyectadas no como una repetición de lo ya hecho.

Muchas de las páginas son una lección de plasticidad y composición; Molano fragmenta la construcción, rompe el ritmo, o diluye si es necesario la forma de las viñetas. Articula los parches de un balón a lo que está contando, establece continuidades y figuras sin excesos de experimentación. Es decir, sin perder el control y propósito narrativo. Esto además se acopla al diseño de los personajes, una caracterización y forma que transita la caricatura, que se suma a la gestualidad de las emociones. Personajes que cuenta con los gestos de su cuerpo, pero sobre todo los de sus caras.  

Otro las de las referencias del cassette.

Suelto de cualquier intención ceremonial la búsqueda de la cinta no se ahoga en el drama, de ahí que la lección moral esté por fuera. Lo que sí hay es humor, pero sin chistes fáciles. Un humor que cada tanto desactiva lo que se está contando, y que saca a la narración del charco de la nostalgia y el fracaso, un humor lateral que hace que nos fijemos más, en el foco de lo que se narra, pero también en los detalles de cada página y lo que miran los personajes.

De nuevo, y para cerrar lo dicho, no me atrevería a hacer una fácil descripción de este libro. Léanlo, escúchenlo. Este libro es pirotecnia.

 

 

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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