Apocalipsis, mientras tanto: «lo que hacemos mientras esperamos nuestro fin»

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 Cualquier argentino que se encuentre con la portada de Apocalipsis, mientras tanto (2021) inmediatamente recrea algún momento vivido durante la cuarentena. Con un mate en la mano, un personaje en jogging contempla el mundo por la ventana. A lo lejos, la llamarada de un ser de otra especie se asoma como parte del paisaje -quizá imaginario- de aquel que solo observa. En esta imagen queda plasmado ese momento abrupto y escabroso de la historia donde todo afuera estaba desolado, temiendo a que el virus -intangible a los ojos y presente en cifras numerosas- llegara a nuestra casa. No nos quedó más que esperar a que todo simplemente pasara.

Aguardar con nosotros hizo evidentes múltiples facetas, pero en conjunto solo fueron un montón de patrones que se repitieron. Somos humanos al fin y al cabo. Sine, autora también de Amarga (2018), se sirve del gran paréntesis que todos vivimos para crear esta compilación de historietas. Con una puesta en página minimalista y valiéndose de trazos simples, la autora logra que el dibujo de contorno de sus personajes recreen gestos, expresiones y emociones de la cultura porteña. En las 94 páginas del libro, editado por Barro Editora, quedaron plasmados los instantes cotidianos de esta larga espera.

Sine es Diseñadora Gráfica de la FADU (UBA). Paralelamente realizó talleres de dibujo humorístico y caricatura, con Humberto Massa Montano; ilustración, con Daniel Roldán; narrativa gráfica, con Mariano Díaz Prieto; y pintura, con Alejandro Sordi. Publica una tira semanal en @barroeditora y en su cuenta personal @sinesteeesia.

¿Cómo fue tu contacto con la historieta?

Tuve muy escaso contacto con la historieta porque era un género que no me interesaba. Nunca fui de comprarme revistas de cómics. De chica mi contacto más cercano era la sección de humor gráfico en los diarios y revistas que había en casa (Caloi, Tute, Quino, Maitena, Mordillo) o alguna que otra historieta suelta que salía en revistas infantiles. A los 13 ó 14 años recortaba y me guardaban las tiras de Liniers. No estaba segura de si terminaba de entenderlas, era un humor diferente a lo que yo conocía en esa época, pero me gustaban, me hacían pensar. Alrededor de 2008 encontré en internet el blog Historietas Reales y me llamó la atención, porque eran historias cotidianas de gente común. Sin embargo, en ese momento yo estaba explorando el dibujo desde otro lugar, escribía mucho en mi blog y mis ilustraciones solo acompañaban los textos de mis posteos. Fue a principios de 2014 que entré en el taller de ilustración de Mariano Díaz Prieto (@marianoenelmundo), y al poco tiempo nos propuso a otra alumna y a mí reunirnos una vez por semana en un café para hacer ejercicios de narrativa gráfica. Estaba metiéndome a hacer historieta sin darme cuenta. Ahí descubrí que este mundo es muchísimo más amplio de lo que yo creía, conocí el trabajo de historietistas que hacían cosas más afines a lo que a mí me interesaba leer y contar. Para ese momento yo estaba atravesando una etapa de muchos cambios a nivel personal, había abandonado mi blog y los dibujos que hacía antes, sentía que ya no fluían. Con esta nueva puerta abierta encontré una forma de narrar con la que me sentí cómoda enseguida.

¿Cuáles son tus principales referentes a la hora de dibujar?

Me cuesta pensar en referentes a la hora de hacer historieta, precisamente por mi escaso pasado «historietil», pero al momento de sentarme a dibujar siempre resuenan los consejos de Mariano Diaz, quien fue mi mentor -aunque a veces los desobedezco-. De la época en que empecé a hacer mis primeras tiras, recuerdo más que nada a Jeffrey Brown y a Kioskerman. Más adelante me hice fan de Deep Dark Fears (Fran Krause) y de War and Peas (Elizabeth Pich y Jonathan Kunz). Clarísimos Días (Clara Lagos) fue el primer libro de historieta que me compré y creo que absorbí algo de su trazo simple y espontáneo. Por otro lado, pasé mi infancia y adolescencia mirando dibujos animados en la tele (mucho Nickelodeon), algo de eso debe haber también en mi trabajo. Soy consciente de que no le dedico mucho tiempo al dibujo cuando hago historieta, me gusta que sea sintético y expresivo, que sirva para transmitir lo que quiero contar. Para dibujar algo más elaborado prefiero ponerme a pintar un cuadro, que para mí es un proceso completamente distinto.

¿Cuáles son las principales temáticas que abordas en tus historietas?

Mis historietas casi siempre tratan sobre la vida diaria. En el día a día hay muchas micro historias que creo que merecen ser contadas. Y en lo cotidiano, por supuesto, se filtran sensaciones, intereses, preocupaciones, nuestro registro del mundo y del otrx, la crítica social, etc.

¿Qué es lo mejor de expresarse a través del lenguaje de la historieta?

Hacer historieta es un ejercicio de autoconocimiento constante. A mí me permite tomar distancia y ver las cosas en perspectiva, entender mejor. A veces tengo muchas contradicciones quemándome la cabeza y cuando lo plasmo en una historieta de repente lo veo más claro. Trato de que mis tiras sean lo más sintéticas posible y eso también me ayuda a quedarme con lo esencial de todo ese embrollo. Otras veces, ese debate interno no se resuelve, sino que se desdobla en dos o más personajes que dialogan o discuten, y eso también es válido porque cualquier persona podría verse a sí misma representada en todos a la vez. Sea una historieta autobiográfica o no, me gusta dibujar personajes imperfectos, con inseguridades y dudas, que cometen errores. Otra cosa que me gusta de hacer historieta es poder inmortalizar momentos pequeñitos, cosas que en la película completa de mi vida parecerían escenas insignificantes pero que no quiero olvidar.

Tu primer libro editado con Barro Editora fue Amarga (2018) ¿de dónde surge la idea de hacer este libro?, ¿qué temáticas quisiste explorar?

Cuando encaramos el proyecto con Barro la idea era no hacer una historieta autobiográfica. Yo tenía unos bocetos sueltos de escenas de la escuela secundaria, cosas que había hecho para ejercicios del taller, pero que no conformaban una historia en sí. Por esos días encontré los diarios íntimos de mi adolescencia (una época muy oscura). Después de leerlos, los destruí y me puse a dibujar una ficción a partir de esas sensaciones. Fue una oportunidad de rever mi propio pasado desde otro lugar, reírme un poco de mí misma. A diferencia de otras historias donde la protagonista se esfuerza por encajar y no encuentra aceptación por parte del resto, en Amarga ella está rodeada de gente que la quiere y la invita a integrarse, pero es ella quien se aleja y este, me parece, es uno de los puntos importantes que toca: la resistencia a amoldarse a una única «normalidad». Estos mandatos que recibimos desde la infancia son tan fuertes, que hasta la forma en que se nos permite (o no) divertirnos está atravesada por ellos. Sentí que era un buen momento para contar esto porque hoy, como sociedad, estamos transitando un camino de visibilidad y respeto a la diversidad, y no me refiero únicamente a diversidad sexual o de género, sino a la forma entera de existir. Si hubiese contado esta historia algunos años atrás, quizás se habría interpretado de otra manera: una adolescente antisocial más.

En Apocalipsis (2021), tu segundo libro, hay una intención de crítica política y social, ¿había una intención a priori de plasmar esto en el libro?, ¿cómo fue el proceso?, ¿de dónde surge la idea de hacer este libro?

El plan era hacer una tira semanal para las redes de Barro (y, más adelante, un libro) y la idea original era simplemente «gente diciendo cosas». Diálogos en espacios públicos, en la fila de la verdulería, en el colectivo. Ya tenía algunas armadas para empezar a publicar y ¡zas! PANDEMIA MUNDIAL: se acabaron los espacios públicos. Cuando empezó la cuarentena, dibujé una tira sobre una persona aburrida mirando por el balcón y lxs chicxs de Barro me sugirieron que, mientras durara el aislamiento, siguiera con la temática Covid. Cabe aclarar que en ese momento creíamos que el encierro iba a durar dos o tres semanas. El proceso no fue difícil, estoy acostumbrada a narrar desde lo cotidiano y la pandemia atravesaba todos los aspectos de nuestra vida.

No había una intención a priori de hacer un libro con crítica política y social (aunque estas cosas suelen traslucirse hasta en el diálogo más trivial). De hecho, no estaba segura de que fuéramos a incluir en el libro las tiras sobre la pandemia, porque para mí estas tiras eran sólo «hasta que pase todo esto». No sabía que «todo esto» iba a durar tanto tiempo. No obstante, en el transcurso de los meses veía noticias de femicidios, incendios intencionales, proyectos de megaminería y granjas industriales, violencia policial… y todas estas noticias quedaban en un segundo plano porque lo importante para los medios era la pandemia. Caí en períodos de mucho pesimismo, me sentía decepcionada por nuestra especie y en el fondo esperaba que nos extinguiéramos de una vez para dejar este planeta en paz. Al mismo tiempo veía gente que no se cuidaba, pero sobre todo, que no cuidaba al resto. Entiendo que puedas no creer en el virus y no tener miedo de la enfermedad, pero la persona que tenemos al lado quizás sí tiene miedo, quizás tiene problemas de salud o está inmunodeprimida, no sabemos si la estamos poniendo en una situación de riesgo. Ese no-registro del otrx me enfurecía. No es divertido usar el tapaboca y guardar distancia, pero no es un sacrificio tan grande ponérselo bien y respetar el espacio de lxs demás. Con Covid o sin Covid, creo que estamos destruyendo todo y NOS estamos destruyendo y no siento que estemos haciendo lo suficiente para revertirlo. Apocalipsis mientras tanto no es un libro sobre el fin del mundo, es un libro sobre lo que hacemos (y lo que no) mientras esperamos nuestro fin.

Diana Romero
Bogotana. Literata de la PUJ. Hizo un máster en edición digital con la UAH. Vive en Buenos Aires, donde se encontró con el cómic y estudia un posgrado en diseño comunicacional en la UBA.

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