Entre lo elemental y lo complejo

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Elemental parece estar escrito por un adolescente recién deslumbrado por el mundo del cómic. Entiendo que a primera vista esta declaración pueda parecer un insulto o una descalificación, pero a mi modo de ver, dista mucho de serlo. El ritmo, audacia, pasión y madura ingenuidad de este cómic – todas cualidades muy adolescentes -me resultaron familiarmente refrescantes. En un medio que a menudo trata de escapar de las convenciones más clásicas, esta obra colombiana abraza sin complejos la tradición mientras se aventura a buscar una voz propia. Es en su tensión constante entre la nostalgia y la innovación, el pastiche y la referencia, lo leve y lo profundo, que esta lectura elemental se torna más compleja y por tanto atractiva. Vale la pena entonces, analizar algunos de sus rasgos.

El arte

Este es sin duda uno de los puntos más fuertes del cómic y el que primero llamó mi atención. Las portadas de Omar Francia son de una calidad mayúscula. El nivel de detalle, el color, el movimiento, los fondos y la utilización del espacio para crear impacto inmediato son a mi modo de ver, un gran logro. Aunque hasta el momento se han publicado solo dos números, ya se intuye una identidad en la paleta de colores y la propuesta gráfica. Quizás por la experiencia de Francia en casas como Dark Horse o DC, se trata de portadas que gritan «cómic» sin lugar a equívocos.

De vuelta al componente adolescente, estas tapas me recuerdan que mis primeras compras de cómic americano estuvieron principalmente influenciadas por las portadas. Seguramente por esa época hubiese ignorado cualquier trabajo de Harvey Pekar en favor de algún número de X- Men o Spawn, más espectacular en su diseño exterior.  Y es que poseen incluso ese tinte tan noventero de mostrar algunos componentes o sucesos que terminan sin aparecer por completo en las páginas interiores, todo por el puro goce ilustrativo.

Portadas de los números 1 y 2 de Elemental.

En cuanto al arte interior, hay varias cosas por resaltar. Lo primero que salta a la vista es el color. Desconozco si tiene algo que ver con los costos de impresión o si la propuesta estética fue pensada de este modo desde un principio, pero lo cierto es que los tonos utilizados por Topbox, sepias y bermejos con diversos niveles y variaciones de sombreado y delineado, le otorgan un nivel de reconocimiento inmediato. Presentar la casi totalidad de la narración de este modo es un riesgo calculado en términos de recordación y atmósfera. Resulta tan efectiva esta continuidad, que cuando en las últimas páginas del segundo número el color cambia abruptamente a tonos azules y fríos, el lector se descoloca y al momento advierte un cambio significativo: un interesante empleo de los tonos como instrumento narrativo.

Algunos ejemplos del uso del color en la obra.

Otro apartado interesante es el detalle arquitectónico, los vehículos y los fondos. En un escenario postapocalíptico como el que presenta esta historia el entorno es un personaje más y Jorge Velásquez, el ilustrador principal, no parece haberlo olvidado. Las estructuras, edificios y mobiliario lucen llamativos además de funcionales. Los medios de transporte, armaduras y tecnología parecen tener un propósito práctico pero también estético. Los fondos, salvo contadas excepciones, se muestran poblados y orgánicos, coherentes con el lugar en el que se va desarrollando el relato. En resumen, se trata de un mundo verosímil con el que lector puede establecer correspondencia.

El diseño de personajes está bien logrado. Los actores son diferenciables y tienen una estética propia que va desde el secuaz estándar hasta propuestas realmente innovadoras como «el infopirata» que porta orgulloso una máscara de marimonda[1] sin desentonar un ápice con la atmósfera.

Las contraportadas, obra de Andrés Cruz, ofrecen un detalle interesante toda vez que resumen gráficamente parte de los sucesos de la historia, rompiendo el estilo establecido en las páginas previas, suministrando una visión de los acontecimientos que nos hace dudar de todo y de todos y – para el ojo atento – homenajeando imágenes icónicas de la historia del cómic.

Contraportada del número 1, presentando al infame infopirata.

El guion

Considero que la narración tiene varios aciertos. En primer lugar, Gabriel Gamora aprovecha los recursos propios del género. Su experimentación con las viñetas es abundante y variada. Viñetas de múltiples formas, spreads doble página para subrayar la importancia de un evento, paneles pequeños y continuos para marcar velocidad e incluso viñetas que imitan ondas en concordancia con los súper poderes de uno de los personajes, dan cuenta de un curtido explorador de la narrativa gráfica que no teme apropiarse de las estrategias que seguramente han nutrido sus lecturas, ajustándolas a su voz de guionista novel. Por la misma línea, Gamora se sirve del ya mencionado nivel de detalle gráfico para dejar pistas narrativas en los fondos y las estructuras. Sea una figura casi imperceptible apostada en un edificio, el nombre de un local comercial o un ornamento aparentemente casual, el autor usa el entorno como parte integral de la historia, recompensando al lector atento y dándole excusas para revisitar sus viñetas.

El ritmo del guion es muy dinámico y esto favorece el formato episódico del cómic. Si bien hay momentos reposados de exposición y desarrollo, me parece que la prioridad está a menudo puesta en la acción física. Los números se leen con agilidad y rematan en un cliffhanger que invita a leer el siguiente capítulo. La trama en sí misma – una aventura de ciencia ficción postapocalíptica en la que diferentes facciones de moralidad borrosa se enfrentan por el poder – va siendo paulatinamente permeada por modismos, costumbres, eventos históricos y aproximaciones estéticas con un regusto colombiano. Esta aproximación dosificada es pertinente: podría tratarse de cualquier país, pero aquellos con conocimiento mínimo de Colombia verán reflejos inevitables aquí y allá, lo que permite aproximarse a una historia a la vez local y universal, familiar pero con posibilidades de re-imaginación.

Un último aspecto por resaltar sería la naturaleza coral de la narración. Si bien hay bandos establecidos y villanos más o menos determinados, conforme avanza la historia se hace difícil apostarle ciegamente a alguno de ellos en particular. Sus valores tienen varios matices, sus acciones pueden ser arbitrarias, sus motivaciones no siempre claras. Esta indeterminación puede enriquecer la reflexión y alejar un poco al relato del típico maniqueísmo del cómic de super héroes o de la búsqueda de polémica vacía que aqueja a algunos cómics de antihéroes.

 El formato

El formato de grapas (revistillas individuales con un solo número) puede ser problemático, especialmente en Colombia. Si bien los últimos años han visto un considerable aumento en la producción y distribución de cómics locales, las editoriales que emiten tirajes considerables le han venido apostado mayoritariamente a tomos recopilatorios o con historias auto conclusivas. Para la editorial a veces resulta difícil asumir el reto de una publicación seriada sin conocer cuál será la respuesta comercial tras el primer número. Para el lector es a menudo más cómodo adquirir una historia completa sin tener que esperar un tiempo indeterminado a que concluya. Específicamente en Colombia ha habido infinidad de ejemplos de historietas que se quedan en el primer o segundo número y nunca obtienen continuidad, por lo que la desconfianza no es infundada.

En este contexto y aunque no es el primero ni el último en hacerlo, Elemental se arriesga a incluir cada detalle del formato de cómic serializado del que claramente es heredero. Interiores con portadas variante, páginas de pin-ups, inclusión del arte de fans, sección de reflexión para el lector, avances del siguiente número y hasta la promoción a través de tarjetas coleccionables limitadas -muy en la onda de las Marvel Cards Masterpieces -, entregan un producto que recuerda las grapas americanas y a la vez evoca la nostalgia de las publicaciones noventeras de la desaparecida Editorial Vid

Las primeras tres tarjetas coleccionables que comparten espacio con la serie hermana del guionista, Limbo.

Es en este mismo espíritu de cómic seriado, que nos encontramos con páginas plagadas de referencias, guiños y metalenguaje. En mis lecturas y relecturas de los dos primeros números me topé con alusiones, algunas veladas y otras explícitas, a Fundación, Ghost in the Shell, Appleseed, X-Men, Batman, Star Wars, Street Fighter, Mortal Kombat, Mad Max, El Fantasma 2040, Saint Seiya, Jojo’s Bizarre Adventure, entre otras muchas. Parece ser tan común esta práctica, que incluso en las viñetas de Limbo -otro proyecto del guionista- se aprecian partes del capítulo 1 de Elemental. Lo interesante es que no parece haber afán de pastiche o copia, pues estos guiños a menudo no forman parte esencial de la trama o el diseño, sino que se tornan más bien en huevos de pascua para el comiquero acérrimo.

Paneles para cazar referencias.

Por último en este apartado, vale la pena mencionar que como muchos proyectos de publicación periódica, esta obra es un esfuerzo de equipo. Un guionista, un portadista, dos ilustradores, dos coloristas, un editor y rotulador y un artista encargado de las contraportadas, evidencian un grado de especialización propio de una historia que se extiende en el tiempo. A mi juicio, proyectos similares han fracasado por la pretensión de multifuncionalidad de un solo autor que termina viéndose apabullado por exigencias y plazos, incapaz de entregar la calidad que un trabajo interdisciplinar puede lograr con más holgura.

Errores elementales: quejas y reclamos

Elemental sin embargo, no está libre de imperfecciones. En primer lugar, habrá quien considere que la historia es un poco genérica. Rebeldes enfrentándose al gobierno, súper poderes, cyber-punk, caníbales y criaturas mutantes son recursos que se han utilizado hasta la saciedad. Tras releer el primer capítulo – pues la primera lectura fue frenética y vibrante- me costó encontrar un valor diferenciador respecto de historias que se le parecen o en las que se inspira. Cierto, hay elementos muy propios y propuestas novedosas, pero se pueden diluir al tratarse de la enésima iteración de un tema recurrente. El segundo número trazó un camino similar, pero su giro final fue para mí completamente ingenioso e inesperado. Creo que allí radica una oportunidad de oro para desarrollar ese factor único que aporte algo verdaderamente nuevo y memorable al género. Habrá que esperar las dos entregas finales para juzgar qué tan bien se capitalizó. En este sentido, creo que se puede tratar de un título de odios o amores, sin recepción intermedia.

Un aspecto que no pasará desapercibido es lo que muchos podrían calificar como hipersexualización de los personajes femeninos. Todas las mujeres de Elemental son jóvenes, hermosas y voluptuosas: hasta las caníbales y las indigentes son despampanantes. La practicidad de sus atuendos tiene una curiosa variedad: desde los muy verosímiles y efectivos uniformes tácticos de las rebeldes, pasando por la ropa sugerente pero coherente de la villana, hasta una líder militar con aditamentos robóticos que combate prácticamente en Baby doll, el guardarropa puede resultar dispar. No faltará quien conciba esta estética como un retroceso a épocas donde las heroínas de cómic no eran más que un accesorio sexualizado para aumentar las compras masculinas. Aunque personalmente creo que aquí el desarrollo de los personajes está muy lejos de ese modelo, lo cierto es que quien tenga reparos de este tipo tendría que aproximarse a Elemental con precaución o pasar totalmente del cómic.

¿Erotismo gratuito o construcción coherente de personajes? Una pregunta con tantas respuestas como tipos de lectores puede haber.

Finalmente, en una nota más personal, nunca he sido gran admirador de la jerga pseudocientífica que utilizan algunos cómics: «techno-créditos», «natura-traficantes», «bio-terroristas» son términos que no logro tomar muy en serio porque a menudo generan cierta expectativa sin ser explorados a profundidad. Una queja particular sobre un nombre grandilocuente, por ejemplo, es el del «combate geométrico» del capítulo dos: con esa denominación esperaba quizás otro tipo de confrontación.

Para concluir

Elemental es una obra que todo aquel que disfrute del cómic mainstream debe leer. Habiendo enumerado sus bondades y pecados, está claro que puede generar diversas reacciones, pero la indiferencia no será una de ellas. El equipo de Viñeta Violeta Estudio ofrece un cómic para un público muy específico: un título lleno de acción, excelente arte, personajes variados y un argumento que inicia ligero y se va complejizando. Una aventura editorial que si bien no reinventa la rueda, sí hace desde este primer intento un trabajo ciertamente superior al de multitud de predecesores.

Como dije al inicio, Elemental parece estar escrito por un adolescente recién deslumbrado por el mundo del cómic… y eso recuerda a quien ahora escribe este texto, que a sus 15 siempre soñó con escribir reseñas de cómics.

[1] Personaje icónico del carnaval de Barranquilla en Colombia

Diego Cárdenas
Ibagué, Colombia. Becario de Doctorado en Literatura. Magíster en literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira. Profesor de Literatura Angloamericana en la Universidad del Tolima. Recientemente culminó la investigación “20 años de viñetas: una caracterización de tres autores de historieta colombiana” y se encuentra adelantando una nueva indagación académica respecto del conflicto y el post-conflicto en la narrativa gráfica colombiana. Es uno de los 8 miembros colombianos de la red internacional PACE ( Plataforma Académica sobre el cómic en Español). Actualmente dirige el grupo de estudio “Narrativa gráfica: instrumento y discurso” que se ocupa de investigar diversas temáticas relacionadas con el cómic.

5 COMENTARIOS

  1. Que bacano que Blast publique sobre este tipo de cómics. Muy cheveres los experimentales y todo pero historias como estas nos gustan a muchas personas y casi no las conocemos en Colombia. Se ve brutal y parece que esta muy bueno por lo que dice el articulo. Voy a comprarlo. gracias!

  2. Me gusta mucho esta reseña porque habla de todos los aspectos y la verdad que hace falta conocer más de estas historietas en el país. Me arriesgue a comprar el número 1 después que la leí y me encantó. Que nos den más recomendaciones así .

  3. Se ve excelente, pero lamentablemente me causa el mismo problemas que muchos otros títulos latinoamericanos: el no querer dar el salto al formato digital. Es el mismo motivo por el que casi nadie ha leído Gardianes del Sur fuera de Chile, o por qué pocos conocen El Cerra’o fuera de Colombia. Entiendo el miedo a la piratería asociada a dicho formato, pero con los costos de importación y con nuestros países azotados por la inflación, cada vez se hace más difícil no terminar optando por comprar una novela gráfica o título norteamericanos, europeos o asiáticos por 10 dólares en vez de pagar unos $60,00 para poder importar un sólo título que no hemos podido ni hojear con anterioridad 🙁

    Pero insisto, tanto el video en youtube como esta nota me dejaron el hype por las nubes.

  4. Esta nota me animo a conocer el cómic y estuvo excelente. Es más ahora en la Filbo voy a comprar los 2 de Limbo. Muchas gracias por la recomendación.

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