Incomodar la realidad con la ficción, una entrevista a Luis Echavarría

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Desde diciembre de 2013 el historietista Luis Echavarría ha hecho siete publicaciones, dos antologías, dos publicaciones para proyectos de investigación por encargo y editó un par de antologías llamadas Gusana de la Revista Larva. En este tiempo creó el laboratorio de historieta La Chimenea, un espacio para nuevos dibujantes de historieta de Medellín. Además, expusó en  Los Únicos (Perú) y en el Museo La Tertulia (Cali). En el año 2016  ganó la Beca de creación de novela gráfica o cómic de la Alcaldía de Medellín que le permitió terminar su primer libro de largo aliento Liborina, que editará con la editorial Planeta. Una historia de aventura situada en una realidad alterna nacional luego del fin del conflicto. Dedicado a editar y publicar sus propias historias, Luis Echavarría ha participado con su trabajo para publicaciones como Carboncito, El Malpensante y la sección de Entreviñetas en el periódico El Espectador. Echavarría también hace parte del equipo organizador de El Faire y este año abrió La Bruja Riso con dos amigos, el cuarto espacio de impresiones en risografía del país.

En esta entrevista hablamos con Luis de su próxima publicación, de cómo es dedicarse a las historietas en Colombia, de una escena nacional que podría estar cocinándose, de oficinas y mansiones en Nueva York, del laboratorio, de La Bruja Riso y de lo placenteramente difícil que es hacer historietas.

¿De qué se trata Liborina y cómo fue el proceso de creación del libro?

Es la historia más larga que he hecho, va a ser de 152 páginas dibujadas. A mí me encanta la historieta pero me cuesta mucho trabajo y para hacer un proyecto largo he necesitado de varios impulsos. Me gusta ensayar con diferente tipos de cosas y lo que me interesaba a mí de joven eran las historias de aventura y quería hacer algo por el estilo. Es una historia localizada en Antioquia en un futuro ficticio si el pasado hubiera sido distinto, si se hubiera acabado el conflicto armado por medio de la fuerza, y ya todo el mundo vive en paz. Pero para que el gobierno no perdiera su control político escondió todo, tipo 1984, el libro, como reescribir la historia, como borrar la historia.

Fragmento “Liborina” Luis Echavarría.

Algo similar a lo que se quiere hacer ahora en Colombia, contar otra historia de lo que pasó en el conflicto

Siempre se ha querido hacer eso pero nunca funciona bien. Entonces un sector de Antioquia fue el epicentro de una catástrofe y lo que hicieron fue borrar unos pueblos del mapa y ampliaron un parque natural que se quedó cerrado por cuestiones de conservación, y entonces los personajes principales van a acampar a ese parque clandestinamente, (…) se encuentran con un pueblo fantasma que está habitado por personas que vivieron [solamente el conflicto armado]. Quería hacer también una especie de choque cultural porque nosotros vivimos en dos países prácticamente, estas personas que no conocen el conflicto y esas otras que siempre están viviendo al borde, o que nunca supieron que el conflicto se acabó y están preparados para recibir lo peor.

 

Fragmento “Vejámenes” Luis Echavarría.

En cuanto a la creación y el proceso de hacer historietas requiere mucho tiempo, es análogo, manual, de mucho oficio. También requiere hacer mucho reproceso, hacer una historia y volverla a plantear, ¿qué opina sobre esto?

Sí, es muy difícil pero creo que se hace más difícil porque no tenemos referentes, no hay tradición. Los que estamos haciendo historieta en Colombia siempre es con las uñas, tratando de hacer las cosas como podamos. No hay un mercado entonces no es una cosa que sea sostenible. Yo lo hago porque me encanta y no quisiera hacer otra cosa pero cuando lo hago, no lo hago para vivir de eso, lo hago porque me gusta. Si uno aplica ocho o diez horas todos los días, por más difícil que sea algo va a salir al final de un tiempo, tres meses, seis, un año. Es muy difícil también porque juega mucho con las emociones de uno, si uno lo hace por gusto, tiene que estar largas jornadas, por mucho tiempo, y entusiasmado en hacerlo porque ese es el motor.

La historieta es un medio que su función es comunicar de una manera muy directa, y creo que por ser tan directa la gente asume que es fácil; “si la lectura es fácil, entonces hacerlo debe ser fácil”.

 

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Una página de “Entropía” Luis Echavarría.

¿Cómo sobrevivir siendo un historietista?

Otros trabajos. Yo estuve viviendo por fuera y hacía otros trabajos para sostenerme. De todo, trabajos que no tenían absolutamente nada que ver, mesero, mudanzas, oficina, lo que fuera.

De esos, ¿cuál ha sido tu trabajo favorito?

En estos momentos el que estoy haciendo hoy [en La Bruja] y otro que hice en Nueva York que trabajé en mudanzas de arte y diseño, entonces me tocaba entrar a unas mansiones y unos loft, había una cosa no sé si clasista: los que trabajaban entraban por un rincón en el sótano para que nadie los vea, pero igual uno llegaba a unos lugares y a ver unas colecciones de arte que uno no ve en los museos, a manipular un Damien Hirst, quitarle un marco original puesto por el artista para poderlo meter por el ascensor. Ese trabajo era una nota, lo que vi en ese trabajo me gusta mucho. Pero igual al final del día yo quería dibujar y hacer mis cosas pero ya estaba cansado y no hacía nada. Y en este momento, lo que estoy haciendo acá con la Riso es entretenido, y  medio tiempo lo puedo dedicar al dibujo, es una cosa como más balanceada, porque sí he tenido altibajos en esa supervivencia. Pienso que es un trabajo largo que sí puede dar resultados y que uno sí puede vivir del dibujo, yo he vivido del dibujo, me he dedicado un poco más a la ilustración como forma de ingreso. Yo hago ilustración y dibujo y, si puedo vivir de eso, estoy contento.

Hace dos años a mí me fue mal y dije tengo que buscar un trabajo. Me metí a un trabajo tiempo completo, muy agradecido por tener el trabajo (…) Renuncié al dibujo, a trabajar ilustración, y yo dije no voy hacer nada más hasta que salga de esto. No me provocaba hacer nada más, por ahí estaba dibujando en libreticas. También el dibujo tiene varios niveles, para mí hacer historietas es el esfuerzo mayor, como si estuviera preparándome para los olímpicos o algo así y el dibujo en libretas o dibujar, es más tranquilo. Estoy haciendo una actividad que me encanta pero  no estoy esperando nada de ello, como ir a Taller 7 a dibujar retrato; bueno ya Taller 7 no existe. Es un ejercicio que me gusta mucho porque se está haciendo una cosa que uno disfruta pero no hay ese esfuerzo de que las cosas salgan como uno tiene una idea de que salgan. Con historietas, en mi caso, es una planeación de muchos niveles, tengo que controlar que todo sí caiga en esa planeación.

 

¿Crees que en Medellín y Colombia hay una exploración de la historieta o una mirada de personas que no han sido de este campo y que de alguna forma lo están apoyando?

Están pasando muchas cosas y me parece muy interesante, de alguna manera pienso que el factor principal es que se haya salido un poquito del nicho. Por lo general la gente de mi generación hace historieta porque leyó historieta, porque le gusta, fue fanático. La gente tiene la barrera de que no puede haber nada más si no sale de esa tradición. Si nunca ha leído historietas y no sabe cómo es la técnica, la tradición, si no ha tenido nunca ese interés, ¿entonces por qué va a hacer historieta?, ¿vale la pena que haga historieta? Para mí sí porque yo pienso que es una cosa que no se trata de la tradición sino de contar cosas, es lo que he tratado de promover un poquito con La Chimenea, y es que no se trata de tener las herramientas perfectas, sino con las herramientas que uno tiene tirar a contar historias que valgan la pena.

¿Cómo ves la presencia del cómic en galerías y museos?

Lo de los museos y las galerías me parece muy sospechoso porque la gente ve la historieta como algo entretenido, fácil, atractivo a lectores nuevos, a lectores juveniles. Entonces dicen como hagamos algo que sea atractivo para los jóvenes, entonces, la solución es la historieta. Son muy pocas las veces que lo hacen como con un sentido distinto a eso, como de novedad, como una especie de explotación, sienten como que hay algo que pasa y que de pronto lo pueden conectar con algo que ellos tienen, entonces lo hacen. Pero no lo hacen porque no entienden lo que están haciendo, muy poquitos casos.

Cuando entra una persona a trabajar en un museo que sí tiene la sensibilidad y conoce de la historieta, empieza a traer historietistas. En este momento pasa eso en el Museo La Tertulia de Cali con Alejandro Martín Maldonado, que conoce y le gusta y tiene un vínculo con la historieta y siendo curador en La Tertulia empezó a generar exposiciones y trabajos alrededor de la historieta, pero es muy raro eso. Yo pienso que sí hay un buen momento de gente haciendo cosas. Hay más libertad también hay que pensar que aquí no hay una tradición, no hay una línea de historieta colombiana, paisa o de ninguna parte. Entonces en realidad cualquier persona es bienvenida a hacer. (…) Pienso que  también hay un interés, no sé si una moda, por cosas que parecen historieta pero no son, que están jugando con esas herramientas y ese lenguaje pero para hacer otras cosas más enfocado como a publicaciones de arte o diseño, cosas por el estilo. O sea a mí me encanta ver de todo pero hay cosas que no son legibles, se ve como una historieta pero no se puede leer.

¿Cómo ha sido el trabajo con La Bruja Riso, abrirle un mercado en Medellín que no existía? En Colombia solo existe una en Cali y dos en Bogotá. 

Con Andrés Smith y Ximena Escobar- los otros socios de la Riso– ya habíamos hablado de forma previa para hacer algo así. Abrimos como negocio en febrero. Súper lento, al principio hicimos actividades invitando a gente para que vinieran a imprimir, a hacer pruebas. Íbamos mejorando y el mes de mayo pasado estalló, era imprimir e imprimir, los clientes fueron de muchos trabajos de entregas de universidad y otro muy bueno fue del Museo de Antioquia que hicieron una documentación de exposiciones.  Yo pensaría que el público ideal es el que autopublica, han venido cosas pequeñitas, pero cada vez ha venido más gente. Yo creía que iba a ser así que todo el mundo iba a venir a sacar fanzines, pero apenas está como arrancando, yo pienso que también falta mucha gente que conozca cómo funciona esto, el hecho de pensar para separar los colores para potenciar la imagen ha costado un poquito acá, pero creo que la gente se va familiarizando con eso.

 

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¿Cuáles han sido tus historietistas referentes o artistas de otras disciplinas?

Daniel Clowes, que tiene un trabajo que se mueve entre la ficción y el absurdo, me identifico con eso, me gusta contar historias que se sientan que es la realidad, pero después incomodar con cosas que son irreales, imposibles, Adrian Tomine, Manuele Fior, Oliver Schrauwen, Brecht Evens, Yoshihiro Tatsumi, que en ésta época que es tan imponente el comercio sobre el medio para sacar todo en novela gráfica, pero los libros de Tatsumi son historias de 6 páginas y son historias brutales de Japón en los años 70, también de ficción.

Aquí en Medellín el referente del que más he admirado el trabajo es Joni B, cuando estaba empezando, (…) Joni empezó a publicar desde pelaíto. Y no tanto influencia de contenido ni de estilo, pero de ética de trabajo Power Paola me parece increíble, ella empezó a hacer historieta tarde pero ya tenía un dibujo compulsivo y creo que por eso cayó en la historieta.

El libro que estoy haciendo tiene un referente fuerte,  una cosa que yo vi y dije quiero hacer algo similar, y son las películas de los hermanos Cohen, los diálogos de ellos me parecen la cosa más alucinante del mundo, las películas empiezan y uno sabe qué está pasando, y la forma de uno saber qué pasa en la película es a través de dos personas conversando y es lo más natural, lo más fluido, (…) a través del diálogo se resuelve la historia.

Las clases de La Chimenea eran muy completas. Se explicaba narración, se hacían ejercicios de dibujo rápido y dibujo urbano, se estudiaban materiales, composición, caligrafía, se invitaban a historietistas con más recorrido a dar charlas, era como una clase de universidad pero mucho más divertida, ¿por qué decidiste hacer el laboratorio?  

Yo crecí queriendo ser historietista y sabía desde el colegio que quería hacer eso pero no sabía cómo hacerlo. Yo pensé erróneamente que tenía que dibujar muy bien y me dediqué a eso y no a contar historias que es lo fundamental; no se trata de dibujar bien, sino de contar historias bien. Entonces salí súper perdido del colegio porque aquí no había nadie que hiciera historietas. La gente que hacía historietas, yo no me sentía identificado con ellos y  no tenía la madurez para decir que aunque no me sintiera identificado podía aprender la experiencia de ellos. Entonces salí súper perdido y terminé en Bellas Artes haciendo artes plásticas porque quería hacer historietas pero no le dije a nadie que quería hacer historietas porque sentía que era una cosa mal vista, yo sentía que las personas tenían prejuicios. Y me gustó mucho hacer artes plásticas, terminé haciendo instalación, trabajando en exposiciones, haciendo intervención en el espacio público.  Encontré una forma de lenguaje que no conocía que me gustó mucho y me sentía muy cómodo con ella, pero al final de cuentas siempre tuve esa inquietud de: yo quiero hacer historieta.

Hacía un tiempo había investigado universidades en Estados Unidos que la tenían como carrera y apliqué a una que tenían beca para estudiantes internacionales [Savannah College of Art and Design] y me la gané. Siempre la idea mía al ganarme la beca era: yo quiero volver a Medellín y poder compartir esto, si hay una persona como yo que tenía tanto interés en historietas, pero no tenía idea cómo llegar hasta allá. Me di cuenta que uno no necesita la parte académica, uno necesita hacer.

 

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Algo que me parece importante en la academia y que he tratado de traerlo a La Chimenea es la interacción con la gente, porque uno está haciendo un producto que es para comunicar, y si no pone a prueba lo que está comunicando, uno cree hacer una genialidad, pero apenas salga al público va a ser la cosa más autista del mundo. Entonces La Chimenea simplemente era compartir el proceso de creación de la historieta, un proceso que yo vi por muchos años y lo comprimí en 5 ciclos.

Para mí en La Chimenea es importante poder hacer crítica sobre los trabajos, de las lecturas que le da la gente (…) A mí en realidad me interesa es esta parte de la que la historieta que sea legible. En ese sentido, yo sí soy muy clásico. En una feria de publicaciones donde mi trabajo está al lado de la gente que está haciendo trabajos ahora, yo ya soy de un estilo súper anticuado.

 ¿Cuántos dibujantes han estado en La Chimenea hasta el final?

¿Que se hayan graduado? Para mí el grado es que hayan sacado publicación, porque hay gente que ha estado hasta el final pero no ha sacado publicación. Fueron por ahí unas 23 o 25 personas.

De los proyectos que yo he armado de pronto es del que me siento más orgulloso porque la meta era publicar y pasar de no haber nada de publicaciones en Medellín a que en un año haya ocho publicaciones nuevas, de muy buena calidad, es una cosa increíble.

 

*El año pasado fue la última versión de La Chimenea, dice Luis que tal vez hará otros talleres más cortos. Algunos estudiantes de este taller no dibujaban antes de La Chimenea, otros no sabían nada de historieta y sin embargo son varios los que continuaron ese camino. Entre ellos están Maritza Bacca, Lennis Orozco, José Olascoaga, Maria Isabel Giraldo, Laura Guarisco, Ana López, Juan Esteban Tobón, Alejandra Tilano, Alejandro Metaute, Diana González, Lorena Zuluaga y Laura Cañas.  

*Esta entrevista fue realizada el 19 de junio del 2019 en La Bruja, un lugar lleno de plantas, afiches, tintas, papeles, pruebas de impresión, ubicado sobre la carrera 42 con la calle 8, cerca al Parque del Poblado. 

Laura Cañas
Laura Cañas
Periodista y dibujante, creadora de historietas y de obras gráficas en linóleo. Ha participado en investigaciones de archivo, grupos de dibujo y espacios de artes y medios de periodismo comunitarios e independientes. Obtuvo el estímulo Cita a ciegas del Ministerio de Cultura y Festival de Cómic de Toronto en el 2019.

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