Los cómics de La Chimenea

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La historieta en diferentes países, como España o Estados Unidos, implosionó con la efervescencia de la cultura underground, cuya mayor expresión se dio con el formato del fanzine. Fenómeno contracultural que no es ajeno al panorama del cómic en Colombia, donde un gran número de historietistas opera bajo el lema del “Hazlo tú mismo”. Sin página legal, con tirajes reducidos, confeccionados con las manos y exhibidos por su propio creador, este formato es una de las formas en las que circula el cómic en nuestro medio. En ese contexto surgió en Medellín, en 2015, el laboratorio de historieta La Chimenea.

El deseo de compartir el proceso de creación de la historieta fue el motivo por el que Luis Echavarría Uribe creó un programa de cinco ciclos mensuales, con una sesión semanal. El primer ciclo fue la introducción; el segundo se enfocó en el texto (guion, rotulación, globos y onomatopeyas); el tercero fue sobre aspectos relevantes del dibujo; el cuarto sobre narrativa, y el quinto sobre encuadernación (con algunas sesiones de serigrafía para imprimir portadas). En el programa no existía la preocupación por la calificación, pero sí el deseo (tímido) de publicar, aunque esto último no era una obligación. Como en todo proceso, algunos inscritos se retiraron en el camino, otros –por diferentes motivos– no terminaron la historieta final y la gran mayoría logró el “grado”: la publicación. El laboratorio de historieta se dictó durante cuatro años y este lapso fue testigo del crecimiento exponencial de las publicaciones de los participantes. Dicho en breve, Luis amplió el espectro de historietistas y publicaciones de nuestra ciudad.

Cartel publicitario de la tercera versión del laboratorio de historieta La Chimenea.

Durante el taller de La Chimenea se produjeron veintitrés publicaciones, un número significativo para un proyecto que se hacía con las uñas. En el 2015, dos alumnas del taller, María Isabel Giraldo y Alejandra Arboleda Tilano, dejaron huella de su paso por el laboratorio. Por ejemplo, María Isabel escribió el cómic Soluciones mágicas, donde la narración salta de la plancha abierta sin viñetas a la doble página y de la viñeta rectangular a la circular, sin afectar la coherencia y fluidez de la historia. En este fanzine la forma le suma a la narración. Por su parte, Alejandra creó la historieta Hola extraño, en la que narra, parafraseando al poeta Darío Jaramillo Agudelo, «los amores imposibles que te acompañan con mayor intensidad/ que los amores posibles», en una composición de viñeta tradicional.

En cuanto al año 2016, cuatro alumnos se lanzaron al agua. En primer lugar, Maritza Helena Bacca le apostó a dos publicaciones: El eunuco y Androide. Ambas con formatos diferentes, pero con viñeta tradicional. En El eunuco Maritza denuncia «los estándares de la moralidad paisa». Por su parte, en Androide reflexiona sobre la condena de la humanidad, en dos tonos: rojo y amarillo. En segundo lugar, Lennis Orozco («Lanni Blue») le da vida a Manolo en La especulación. Allí, los pensamientos obsesivos del protagonista invaden cada viñeta; los textos por fuera del marco de los globos le otorgan un carácter variable al personaje y algunas viñetas se asoman en las páginas a modo de ventanas. Dos años después, «Lanni Blue» le dio vida a una segunda edición del cómic con una mayor ambición: un tiraje de cien copias. Por último, Anaris Silva (guionista) y Josymar Arteaga (dibujante), escribieron a dúo Aluxia claros de luna, donde la paleta de colores genera un efecto visual atractivo que le suma a la narración fantástica.

La especulación y El eunuco, dos creaciones del año 2016.

En lo que atañe al año 2017, se «graduaron» siete alumnos. Alejandro Metaute se estrenó con Limpieza Social, una narración que se mueve entre diversas composiciones, sin perder el ritmo de la diégesis. Además, de manera directa, el autor denuncia el asesinato de Don Sergio, un jardinero y habitante de la calle, que se suma a las víctimas de la limpieza social, rindiéndole un tributo a la vida del jardinero. Por otra parte, María Camila Duque Lopera renuncia a los globos y las viñetas en Origami, para sumergirse en la reflexión con el género del diario. Y Lucas Vargas Sierra, en La regla de San Benito, elige un trazo rápido y poco ortodoxo, con viñetas rectangulares, para narrar la vida de un joven en un monasterio benedictino. Algo semejante ocurre en la forma de graficar de Laura Cañas en Alcantarillas, quien sumerge al lector en las cañerías del centro de Medellín.  

Las alcantarillas del centro de Medellín en viñetas (izquierda) y la vida de Don Sergio (derecha).

También, en 2017, se publicó Liviano, de Juan Esteban Tobón, quien inicia con un epígrafe de El inmortal de Jorge Luis Borges. El autor prescinde del texto y de un esquema narrativo clásico para darle lugar a una pluralidad de interpretaciones a su historieta silente. En su trabajo, la viñeta tradicional forma un binomio indescifrable con la narración. Por su parte, en Amores de Arrabal de Lorena Zuluaga, un pentagrama se asoma al inicio del fanzine para enmarcar la narración de la pérdida del ser querido. Su dibujo evidencia un estilo propio y un trazo despreocupado. Las publicaciones del año 2017 cerraron con una historieta sin título de Juan Pablo Soto Posada, que subvierte la encuadernación a grapa o hilo por una de acordeón. Además, entre tonos azules se expone la nobleza del reino animal.   

La historieta silente de Juan Esteban y el pentagrama de Lorena.

El 2018 fue el año con mayor número de publicaciones. El impulso creativo detonó en diez alumnos del taller. Por un lado, Jorge Sepúlveda («Chico fortuna») con un trazo infantil, nos ofrece una visión de la inocencia en Uno. Por otro lado, Poliploidía, de Alejandra Cárdenas («Animaleja»), exhibe un dibujo inmediato y espeso que aborda tres subtramas que giran en torno a las plantas. Luego, Diana González, en Superlike, cambia al formato horizontal para narrar las intersecciones que habitan en la palma de la mano. En contraste con los tres cómics anteriores, Daniel González («Dani de Medellín») sumerge al lector en una historia sanguinaria, en la que dos campesinos afanosos de riqueza ven oro en lugar de papas, y de allí el título No todo lo que brilla es oro. En blanco y negro, y con un trazo moderadamente realista, se muestra, en las últimas viñetas, el descuartizamiento de los protagonistas.

El formato horizontal de Diana y el cómic sanguinario de Daniel.

Por su parte, Alejandra Arboleda Tilano repite su participación en el taller con Canon de Aguacate. A diferencia de Hola extraño, en este nuevo trabajo le apostó a una narración más experimental, donde las peripecias del protagonista siguen la estructura composicional del canon musical. Llaman la atención las guardas del fanzine por ser de papel periódico, un guiño a la historia que allí se cuenta. María Camila Bernal optó por el cómic con carácter de denuncia en No estamos solas, en la misma línea de Maritza Helena Bacca con El eunuco, de 2016. La historia de María Camila narra un caso de violencia sexual y, a su vez, la indiferencia e incredulidad de la sociedad frente a este tipo de hechos. Además, el fanzine tiene dos plegables, uno que contiene estadísticas sobre los casos de violencia sexual y otro que invita a romper el silencio. Por su parte, Eliana Correal Uribe («Wandercat») publicó Azul, un relato que se despliega entre tonos rojizos y azules como elementos narrativos que significan rutina y libertad, respectivamente.

El caso de violencia sexual y los tonos rojizos y azules de «Wandercat».

Entre las publicaciones del 2018 se encuentra una historia de lograda factura: Volver. En ella, Jorge Carvajal nos confronta con la muerte, por medio de su protagonista, porque « Tarde o temprano, la vida siempre escoge a la muerte». Sin necesidad de abusos con la forma, Jorge logra, con sutileza y estética, erizar la piel del lector. Por esa misma línea ondula Laura Guarisco («Guarisquín») en No me gustan las peceras. Entre tonos azules la autora nos remite a una experiencia traumática de su infancia, en la que la pecera es una metáfora de encierro y libertad. Esto le permite a «Guarisquín» moverse como pez en las viñetas. Por último, José Olascoaga se desnuda en Confidencial, un trabajo autobiográfico que tuvo una segunda edición. Empacado en un sobre de manila el fanzine nos revela la intimidad del autor, quien con un trazo sencillo y una narrativa refrescante atenúa el insoportable peso de la vida.

Las refrescantes anécdotas de Olascoaga (izquierda) y la confrontación con la muerte de Carvajal (derecha).

Como vemos, estos cuatro años del laboratorio de historieta La Chimenea hicieron florecer un universo de estilos, formas, texturas y narrativas. Una diversidad necesaria en una ciudad donde la publicación del cómic estaba en muy pocas manos. De este modo, Luis democratizó el escenario local con la apertura del taller y al hacer eco de la idea de que es más importante saber contar historias que dibujar muy bien. Hay que añadir que las veintitrés portadas de los fanzines son pequeñas obras de arte en sí mismas. Algunos creadores, como Alejandra Arboleda, Daniel González, Diana González, «Guarisquín», José Olascoaga, «Lanni Blue», Laura Cañas, Maritza Bacca y «Wandercat», siguen publicando historietas y asumiendo el dibujo del cómic como un oficio. En suma, las publicaciones del taller La Chimenea forman parte de la historia (no) oficial de Medellín.

 

*Para los lectores hambrientos de historietas pueden encontrar publicaciones del taller y sello editorial La Chimenea en La Bruja Riso (Medellín) y en la librería Libros Antimateria.

Diana Gil
Diana Gil
Estudió derecho, se mudó a la caricatura. Ahora lee cómics e intenta escribir sobre ellos.
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