Fisuras en la memoria oficial

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«Hay dibujos que estudian y cuestionan lo visible, otros que muestran y comunican ideas, y, por último, aquellos que se hacen de memoria. Cada tipo habla en un tiempo verbal distinto. Y nuestra imaginación responde con diferentes capacidades a cada uno de ellos».

John Berger

«Era una historia verdaderamente extraña, con aristas variadas y versiones múltiples. Igual que todas, pensó Renzi».

Blanco Nocturno, Ricardo Piglia

«El cómic es un medio de expresión con una especificidad propia. A los autores nos toca encontrarla evitando copiar los tics del cine. De hecho, el cine es tan anecdótico, ilustrativo y descriptivo que al final resulta limitado: ¡es el siglo XIX! Un buen cómic es más abstracto, más misterioso. Más bello».

—Blutch, agent provocateur

 

Fue Erika Pantoja López, quien en un post de facebook escribió: «Me encantaría en serio que alguien en Colombia hiciera un cómic como Anticristo de Javier Rodríguez Pino». Su comentario estaba acompañado de una larga cita del texto Sobre el dibujo y el relato histórico del Anticristo, de Carolina Olmedo Carrasco, que abre el libro del autor chileno. El texto de Olmedo Carrasco, citado por Erika, empezaba así: «A través del soporte del dibujo, tránsito ficcional por el cine y la estética del cómic, Anticristo se convierte en un proyecto de realismo fotográfico que está envuelto con un tenebroso aspecto del mítico vampiro en conjunto con hechos de la vida real. Para este caso el artista mezcla al vampiro con los antecedentes históricos que investigó sobre la Operación Albania, acontecida en el invierno de 1987, donde la Central Nacional de Informaciones (CNI) asesinó a doce miembros del FPMR».

Antricristo de Javier Rodríguez (1981), es una narración gráfica que como todas aquellas que están en el catálogo de editoriales que no editan habitualmente historietas, se pierden, o quedan, en cierto extravío. Gracias a la publicación de Erika conocí y leí el trabajo de Rodríguez Pino, y acá presento algunas impresiones.

Falsa noticia inicial sobre la desaparición de un artista.

Anticristo (Metales pesados, 2017) es un material extraño, no solo por su nombre, es un texto con muchas piezas encajadas, con dibujos en mayoría realistas, representaciones de personajes falsos y «reales », a partir de un montaje de dibujos y archivos de prensa, historieta, imágenes de cine, con el que construye un «falso documental».

La bestia representada como la imagen de un vampiro sacada de una película comercial.

Si bien entrar en los detalles de lo narrado no es fácil para un lector que no conozca los hechos centrales de este documento, que son algunas de las partes y datos de La operación Albania o lo que se conoce como popularmente la «matanza de Corpus Christi», una operación que fue presentada primero: como enfrentamiento entre bandos insurgentes y fuerzas militares del Estado chileno,​ pero que fue, en «realidad » una masacre selectiva a algunos de los opositores a la dictadura militar de Augusto Pinochet, ocurrida en Santiago los días 15 y 16 de junio de 1987, cuando doce militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) fueron asesinados a manos de agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI), con el objetivo de «reventar» a la organización, que un año antes había realizado una fallida emboscada en contra de la comitiva del dictador.

La imagen del dictador Augusto Pinochet en un página con la imagen de Mia Wallace, personaje de “Pulp Fiction”.

En el caso reconstruido en Antricristo, escapando del registro oficial, de los hechos ya narrados, el montaje de Rodríguez Pino va más allá, con una historieta que no se limita a la descripción de los hechos repetidos con dibujos y una secuencia de anécdotas, sino que instala nuevas ideas, recreando fugas y conceptos que están por fuera de la memoria oficial, por lo menos lo que corresponde a La operación Albania; como el asesinato, a manos de un anónimo vengador, de los agentes del CNI que participaron en la masacre, es decir, una masacre oculta tras la operación del Estado. Para ello, usa el montaje de varios registros: históricos, mediáticos, artísticos y de entretenimiento, que en su totalidad articulan un falso documental que le permite zafarse de la promesa maltrecha de la objetividad por un lado, y la frase hecha de la «verdadera historia». Como sabemos, en cualquier historieta documental hay encuadres, borraduras, hechos eliminados y datos biográficos cercenados, de esto hay muchos casos, en los que se cuenta una versión de un personaje o un hecho dependiendo de los intereses o la instrumentalización que se quiera hacer en la promoción de lo que se cuenta.

Un montaje con cuerpos.

Ahora bien, como lo afirmó el curador Rodolfo Andaur en una exposición de las piezas gráficas «Las imágenes de Anticristo sacuden su plataforma documental, que ha sido construida para mantener ya sea un discurso oficial o metafórico sobre el ocultamiento de información que sentencia los mitos». Es así como desde la primera página, autor y documento se mezclan poniendo en cuestión el discurso oficial y los materiales maleables de la información usada para administrar la memoria, de modo que, aparece dibujada una noticia sobre su desaparición, la de Rodríguez Pino «Artista Visual», autor-personaje, que lo vincula a los hechos documentados: la mencionada Operación Albania y la desaparición del agente del CNI Juan José Reyes Valenzuela, emisor de la historia oculta. En esas dos primeras páginas aparecen, a contra cara, las noticias dibujadas que simulan recortes de prensa, en ellas, autor y hechos se funden en la investigación y la no resolución de lo que se expone hasta el final de las páginas. Seguido a esto, está el trabajo de reportería, las rutas marcadas por una falsa fotografía y las conversaciones con «implicados», historiadores y testigos. En esta que es la primera parte del montaje, el autor narra y perfila el contexto de lo que pasó en la operación, hasta hundirse en la trama de imágenes, escenarios y voces.

Una de las imágenes de la segunda parte de “Anticristo”.

Ya en la segunda parte, precedida de nuevo por un recorte de prensa, el registro cambia, la página horizontal se vuelve en negativo con la voz en off del autor que pasea su mirada y su lente por la casa del emisor de la historia oculta (Reyes Valenzuela) esa voz delirante y fantasiosa que pibota en contra de la historia oficial. Entonces su mirada recorre una casa donde espera encontrar respuestas a su fallida investigación. Así cada página de la segunda parte es un fotograma, cada página es una mirada que le anuda el tono espectral a la narración. Acá, se sugiere en cada paso, un retorno a la noticia oficial y las razones no explicadas de su desaparición. Para decirlo de otro modo, el artefacto creado por Rodríguez Pino cuestiona la memoria oficial y sus falsificaciones al tiempo que su representación se difumina, es por eso que, tal vez, autor como investigador, personaje y autor, quedan al final iluminados con tres puntos suspensivos como nota al pie. Porque lo esencial en el texto no es saber la verdad, sino el cuestionamiento de lo ya visible. Todo esto a partir de la proyección de imágenes dibujadas.

Leyendo Anticristo recordé la versión oficial sobre el asesinato de Pablo Escobar, la que se repite y se repite y ha mitificado el final de su historia, siendo además funcional para la memoria oficial y el poder de las elites colombianas. Escobar como se dice, fue abatido en el techo de una casa al occidente de Medellín por agentes del Bloque de Búsqueda, un grupo élite conformado por los mejores efectivos de la Policía y el Ejército en diciembre del 93. De esta versión se ha tratado de eliminar la participación de los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) que no eran perseguidos sino narcotraficantes que querían monopolizar el negocio de la droga. En la operación participaron además, agentes del Estado, y miembros del Cartel de Cali. En la versión oficial, poco se ha contado que muchos de los agentes del Bloque de Búsqueda fueron asesinados luego del asesinato de Escobar. Es por eso que, en el caso de Escobar y otros hechos de la historia nacional, a falta de más documentales dibujados o no que repiten las versiones conocidas, podrían insinuarse otras alternativas documentales, como se sugiere en la narración de Rodríguez Pino, usando el mecanismo no para la reproducción de lo que se ha repetido, sino para instalar una serie de dibujos «que estudian y cuestionan lo visible» como lo escribió John Berger, saltándose además, las anécdotas, las ilustración y las descripciones hechas, que al final resultan insípidas y limitadas.

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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