Historietas que viajaron en el tiempo

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El cuadro de la historieta colombiana es siempre incompleto. En un país en el que esta forma de arte es apenas el juego de una muy minúscula minoría, el cuadro tiene muchas ausencias o menciones mínimas, y esto es algo que sucede sin distinción. Acá ni siquiera existen unas jerarquías o un canon de la historieta nacional que excluya dibujantes. Decir por ejemplo, que hay dibujantes que gozan de beneficios institucionales, que les promueven su trabajo a nivel internacional, que hay una «industria» que ha segregado trabajos, o que existen dibujantes que se han llevado la atención central opacando el trabajo de otros, es una pirueta oportunista, y que en el caso colombiano no cuadra mas allá de ciertas justificaciones fáciles. Como se sabe, y esto es bien conocido por todo aquel que conozca un poco de historieta en Colombia, la mayoría de dibujantes en este país, por no decir todos, han levantado un trabajo a contra corriente, en espacios alternativos, autogestionados, sorteando todo tipo de condiciones precarias y limitadas que impiden dedicarse a plenitud a este trabajo.

Dicho esto, algunos dibujantes que empezaron a diseñar historietas en los años noventa, en un tiempo de poca atención a lo que se hacía y de muchas dificultades para divulgación y distribución, parte de su trabajo en esos años ha quedado condicionado al olvido o la escasa referencia. Es por eso que, reseñar esas historietas siempre será un trabajo pendiente.

Doble página de “El custodio”. Giovanni Castro y Andrés López.

Ahora bien, en diciembre de 1998 se publicó, gracias al Concurso Bogotá una ciudad que sueña: Historieta urbana un pequeño libro que reúne historietas de los dibujantes: Santiago Díaz, Andrés López, Alberto Rodríguez y Giovanni Castro. El libro publicado a finales de la década de los noventa se destaca por varios aspectos. El primero de ellos, es la cuidada edición para la época y el formato horizontal contrario al formato álbum usado por revistas de esos años. Lo segundo, es el contenido que de atrás hacia adelante presenta la historieta: Custodio de Giovanni Castro (Nigio) y Andrés López. La historieta de este dúo, es una narración con la ciudad de Bogotá como escenario y en la que en pocas páginas se representan, de forma superficial, arquitecturas y símbolos de la capital, lo cual simula una recreación de la ciudad en los años noventa. La selección de los acertados diseños y las recreaciones de escenarios, sumergen al lector por un viaje al centro de la ciudad y sus profundidades. De modo que, el custodio es, en pocas páginas, un viaje que sigue la ruta de un elegido, Omar, que cae en la ciudad y es atrapado por ella, para cumplir con lo que parece su destino: custodiar la madre subterránea que absorbe los detritus y el mal original que habita en esta tierra de condenados. A pesar de que es una historia suelta y sin una resolución completa, los detalles, composiciones y ritmos son de los puntos altos que podemos leer en los paisajes proyectados por la línea clara de Nigio, que dispone de diversos modos y composiciones para enmarcar las iconografías y los dibujos de rostros indígenas con imágenes de la modernidad y el eclecticismo urbano característico de las ciudades colombianas.

Doble página de “Emilio 18:30”. Andrés López y Alberto Rodríguez.

También en sintonía con muchos de los autores que pasaron por Metal Hurlant como Jean Giraud (Moebius) y Enki Bilal, los cuales fueron una clara influencia para los dibujantes que aparecen en Historieta Urbana, aparece la segunda de las historietas: Emilio 18:30 con guion de Andrés López y dibujo de Alberto Rodríguez. En las primeras viñetas, como en la historieta anterior, se dibuja desde distintos ángulos la ciudad de Bogotá, detallando algunas calles, puentes y deprimidos, y arquitecturas reconocibles del espacio urbano que sirven, como en la historieta de Giovanni Castro y Andrés López de escenarios que mezclan lo local con el imaginario cosmopolita de este tipo de historietas. En esta aventura prevalece el ritmo y la acción entre viñetas, dejando de lado la contemplación y la reflexión en los detalles. La aparición de imágenes y la recreación, enriquecen el decorado de las escenas en las que aparece un extraño héroe: Emilio, el cual busca cristales en los cuerpos de otros, a la vez que intenta restablecer el equilibrio de una ciudad poseída por bandas y criminales que trabajan de la mano con las fuerzas militares.

Portada de “Historieta urbana”.

La selección se completa con las historietas Cuentos habitados de Santiago Díaz que es una muestra de tiras, algunas de ellas más cercanas a los cuentos ilustrados, en las que se narran pequeñas historias sobre la ciudad: el origen de la ciudad, los problemas de una ciudad, en fin, la ciudad una y otra vez narrada desde diferentes ángulos, y con algunas variaciones y mensajes de lo que significaba vivir y habitar en una. Esta última parte, presenta más grietas que las anteriores, debido a una resolución reiterativa del dibujo, usado como mención y no como narración al interior de las viñetas, sumado a la ausencia de recursos propios y contundentes de este género de historietas: las tiras. Ya que mucho de lo narrado, es harto previsible. Aunque pasados los años podríamos decir que estos ejercicios tienen un valor gráfico.

Gran portada de “Condiciones extremas”.

Otra de las publicaciones es Condiciones extremas, un viaje en el tiempo por la cenizas de Bogotá (1998) publicada gracias al Banco de Propuestas Artísticas, del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Santa Fé de Bogotá. Esta historieta de Alberto Rodríguez, Juan B Gutiérrez y Giovanni Castro (Nigio) sigue las coordenadas de muchas de sus publicaciones anteriores, pero con otras variaciones narrativas, sobre todo en la forma. Presentada a gran formato, la portada de esta historieta la adorna un hombre, que simula ser uno de los tantos héroes del cyberpunk, que contrasta con la torre del Santuario Nacional Nuestra Señora del Carmen. Este ejercicio narrativo se presenta en tres fases: un amplio texto literario, una historieta que inicia en el año 2085, y el complemento de un viejo CD-ROM. En conjunto, cada una de las fases nos propone una lectura a saltos, al mejor estilo de los usos transmediales, que no permiten, en esta propuesta, deslizarnos por una trama ecológica y la lucha por la supervivencia. Hablando de la historieta, la imaginería científica del futuro se contrapone a la representación de la ciudad a finales de los años noventa, aunque en ambos escenarios se conservan el tono gélido, los colores claros y ácidos, y la estructura de paisajes que detallan muy bien los escenarios realistas y de ciencia ficción.

Portada de “Secuelas”. Albertising y Nigio.

Hasta ahí una breve mención a estas historietas, en un intento por ampliar el foco sobre trabajos poco reconocidos. Ahora bien ¿Por qué estas historietas apenas circulan? ¿Podrían crearse becas para la reimpresión de libros como estos y otros, ampliado su disponibilidad para lectores e investigadores? Como se ha dicho al inicio, el mapa de las historietas en Colombia es incompleto, y parte de los ajustes a las ausencias podrían restaurarse con un trabajo editorial que posibilite mejores condiciones para la circulación de estos y otros materiales, con rescates, antologías de lo viejo y lo nuevo.

Una página de “Boxer” Albertising y Nigio.

Punto aparte, hago una breve mención al libro Secuelas (La cofradía, 2017) de Alberto Rodríguez (Albertising) y Giovanni Castro (Nigio). En este álbum recopilatorio aparecen los geniales retrocómics que publicó Albertising en Acme y TNT en los años noventa, unas «capsulas gráficas» o historietas cortas, narradas en una sola página, que más que ejercicios, son entretenidas muestras de lo que se puede hacer en una página de historieta entendida como un todo. La selección se completa con las historietas de Nigio: «Candelaria», «Super Héroe» y «Boxer», en esta última, en un juego de temporalidades, la imaginación de un habitante de la calle es alterada cuando «huele» bóxer, lo que desemboca en escenarios de acción, derivas violentas con personajes heroicos y grandes criaturas. Acá además de recrearse la ciudad, el caos y sus rutinas, se subraya el desprecio que sufren los que viven en el suelo, como lo hecho por Miguel Vallejo (Gusanillo) en Basuras (Cohete cómics, 2020).

Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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