A Malvinas se llega desde diferentes rutas

Cada 2 de abril se conmemora en Argentina el inicio de la Guerra de Malvinas, una de las grandes heridas en la historia nacional. Nuestro editor, Demian Urdin, analiza los diferentes caminos desde los cuales la historieta trabajó y atravesó ese trauma. Cuarenta y cuatro años de historia reescritos y redibujados a lo largo del tiempo.

Este jueves 2 de abril se conmemora el 44° aniversario del desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, episodio que marca el inicio de la guerra entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña por su control. Una fecha que hoy es no solo un pedido de respeto a la soberanía argentina, sino también un reclamo de memoria, verdad y justicia para aquellos que participaron.

Los libros de Historia cuentan que el conflicto bélico duró setenta y cuatro días y que durante ese tiempo se llevó la vida de seiscientos cuarenta y nueve combatientes argentinos. Pero la guerra siguió, aunque ya no fuera en las islas. En los años venideros, produjo más de setecientos suicidios. La Guerra de Malvinas fue el último intento de la Dictadura Cívico-Militar y Eclesiástica por acercarse a una sociedad que le había soltado la mano. Las bases que entre sus seguidores la habían legitimado como una solución «ordenadora», se fueron desgranando. Un aparato represor insaciable, una censura que llegaba a cada rincón de la existencia y una crisis económica que acrecentaba la brecha entre ricos y pobres fueron algunos de sus oscuros fundamentos. La rendición frente a las tropas inglesas es hasta el día de hoy un símbolo indiscutible de su fracaso.

En cada momento de la historia argentina aparecen expresiones artísticas que los representan. Desde los inicios de la república, el arte gráfico fue un espacio de diálogo entre artistas y lectores, un campo donde reflejar -con mecanismos no convencionales- eso que atraviesa el conjunto de la sociedad. Luego de 1982, el arte, la historieta y el humor gráfico buscaron reflexionar acerca del trauma creado por la guerra y produjeron formas dibujadas de comprender lo que estaba pasando.

El caso de Billiken, la revista escolar por antonomasia que fundó Antonio Vigil en noviembre de 1919 para su Editorial Atlántida, es uno de los más conocidos y recordados. En junio de 1982, en pleno fin del conflicto, publicó cinco especiales realizados por el canario Roberto Regalado. Las entregas operaban como propaganda a favor de las Fuerzas Armadas, enalteciendo proezas argentinas y denunciando actos británicos. Los especiales de Billiken son un fenómeno interesante, ya que demuestran el peso que tenía el conflicto dentro de la discusión cotidiana en los hogares argentinos, al punto de ocupar páginas enteras de la revista creada para los más chicos. 

Historieta sobre el hundimiento del destructor Sheffield de la armada británica, publicada en la edición 3256 de Billiken el 8 de junio de 1982.
Otra de las páginas de la historieta sobre el hundimiento del destructor Sheffield de la armada británica, publicada en la edición 3256 de Billiken el 8 de junio de 1982.

Como pasa en los especiales de Regalado, la mayoría de las historietas argentinas sobre el conflicto durante esos primeros años se encuadran dentro del género bélico y, más específicamente, en la categoría «una de aviones». Así lo demuestra la revista tucumana Pucará: La historieta nacional, nacida en abril de 1985, relanzada en 1990 y cuyo primer número fue dedicado a la «gloria eterna a los Héroes de Malvinas». La revista llevó el nombre del avión de combate fabricado a partir de 1965 por las Fuerzas Armadas. En sus orígenes, no se trataba de un proyecto propagandístico, sino todo lo contrario. Pucará era dirigida por artistas de izquierda, enmarcados en una ideología latinoamericanista y antiimperialista. Sin embargo, para su relanzamiento, esta postura había virado al hispanoamericanismo militarista. Bajo esta segunda perspectiva, se publicaron la telenovelesca Malvinera, de Arturo Arroyo y Jorge Soria, la utópica Los hijos del sol, del mismo Arroyo, pero con dibujos de Carlos Morales, y la patriótica Invencibles, con guion de Ricardo Ferrari y arte de Alberto Méndez. A diferencia de Malvinera, las otras dos no son exclusivamente sobre la guerra, sino que trabajan sobre ese tópico solo en algunos de sus capítulos.

Tapa de la revista Pucará número 4.
Tapa de la revista Pucará número 2.

Algunos años antes, en 1984, la Revista Fierro, en su primera época, publicó la serie La batalla por las Malvinas, una obra que opera en varios sentidos. En primer lugar, se trata de una historieta bélica, escrita por Ricardo Barreiro y dibujada por Carlos Pedrazzini y Marcelo Pérez. La obra trae a un presente todavía muy cercano al desenlace del conflicto, consecuencias que la sociedad aún estaba procesando.

En segundo lugar, La batalla por las Malvinas es una referencia a la colección Batallas Inolvidables, protagonizada por Ernie Pike, el corresponsal de guerra creado por Héctor Germán Oesterheld y publicado en 1960 en su Editorial Frontera.

Tapa de la revista Fierro número 2, publicada en octubre de 1984.

En tercer lugar, es -como en el caso de Pucará– un ejercicio de resignificación discursiva que tomó un género tradicionalmente consumido por las Fuerzas Armadas -el bélico- y lo reubicó en un medio progresista, combativo y opositor a la Dictadura.

La guerra también fue materia prima para ser repensada desde la ciencia ficción. Así lo hicieron Emilio Balcarce y el mismo Marcelo Pérez de La batalla por las Islas Malvinas en las historias Islas e Islas II, parte de la serie Asteroides que realizaron para Fierro. En la primera entrega, de abril de 1985, la dupla ubica la acción en unas islas post apocalípticas asediadas por naves de combate «Mataco», en referencia a la comunidad indígena del Chaco Central (actual noreste argentino y sudeste boliviano) y al nombre quechua «Pucará» que llevaban los aviones que combatieron en Malvinas. En Islas II, en cambio, «esta» guerra termina con los ingleses abandonando el territorio, pero no en pos de la paz. El imperio acaba de invadir los territorios argentinos otorgados por la ONU en la Luna. Tres años habían pasado desde el fin del enfrentamiento y el enemigo seguía teniendo una nacionalidad y una motivación marcada.

Con guiones de Emilio Balcarce y dibujos de Marcelo Pérez, la serie «Asteroides» (subtitulada «Agujas en el pajar cósmico») constó de 8 episodios.
Otra de las páginas de la serie «Asteroides».

También desde la ciencia ficción fue que Ricardo Barreiro y A. Roux crearon Enemigos, publicada en el número 147 de Súper Skorpio, de diciembre de 1987. En esta historia, la Guerra de Malvinas, en vez de cuarenta y siete días, duró diez años. En esta variante futurista, el enfrentamiento entre ingleses y «argies» llegó a un punto en que uno de los bandos fue diezmado y su población eliminada de la Tierra.

Con el comienzo del nuevo milenio, el «tema Malvinas» cambia de perspectiva. Para quienes fueron niños durante los años noventa, la guerra era un hecho difuso en el que habían participado los veteranos, esos señores que asistían a actos escolares, que reclamaban por pensiones de calidad en la Plaza de Mayo y que vendían escarapelas celestes y blancas en los subtes para poder sobrevivir. Mariela Acevedo habla en sus estudios de una «desmalvinización» fomentada por el Estado y sufrida o aceptada por la sociedad. Con la llegada de gobiernos kirchneristas, la «causa Malvinas» se transformó, con las tensiones necesarias, en una política pública. Un tópico importante de la agenda gubernamental que, una vez más, irradió su potencia en el arte.

Con estos nuevos aires, llegaron nuevas formas de hablar de la guerra. La película Iluminados por el fuego, dirigida por Tristán Bauer y musicalizada por León Gieco, tuvo su estreno en 2005 y representó un fenómeno de taquilla que puso en el centro de la discusión a Malvinas. En el film, Esteban se entera que un amigo quiso suicidarse y, a partir de allí, comienza un recorrido por los recuerdos de un adolescente que marcha a la guerra. Esta forma de encarar el conflicto marcó un cambio y se orientó hacia las consecuencias psicológicas sobre sus protagonistas y víctimas.

Portada de la historieta Tortas fritas de polenta.

Al interior de las narrativas gráficas, esto quedó plasmado en dos trabajos, una novela gráfica y una antología, que son íconos de una época. En primer lugar, Tortas fritas de polenta, de Fechu Bayúgar y Ariel Martinelli, una obra infaltable. En ella, la dupla alcanza fibras sensoriales. Grafica el frío despiadado, el hambre voraz, el miedo y la resignación frente a la muerte. En esta obra, la Guerra de Malvinas se cuenta en fechas exactas. Se vuelve una cronología precisa que guía hacia un fin que ya se sabe triste. Bayúgar indaga dentro de los recuerdos de Ariel Martinelli para retratar un momento histórico, desde la sensación de uno de sus protagonistas silenciosos. Reconstruir, pedazo a pedazo. Rearmar, buscando piezas en lo más hondo y oculto de la memoria de un ex combatiente. Los trazos duros, raspantes, dolorosos. Son dibujos que atraviesan cada uno de los sentidos; escenas con sonidos de detonaciones, gritos y llanto; cuadros con olor a pis, carne chamuscada y mar. Dibujos que entumecen pies y manos. Lo incomprensible de la guerra y el único salvataje que regala el compañerismo. El abrazo de los que volvieron, la tristeza por les que no aguantaron esa vuelta y la pregunta eterna por los que guerrearon y nunca regresaron en una batalla sin sentido.

En segundo lugar, la antología: el especial del número 66 de 2012 de Revista Fierro: La historieta argentina, en su segunda época. Allí, se construye una narrativa que no solo conversa acerca de la guerra, sino que dialoga con el especial del número 2 de Revista Fierro a Fierro: Historietas para sobrevivientes, primera época, de octubre de 1984.

Tapa de la revista Fierro número 66.

Esta incompleta genealogía culmina con un trabajo que recupera y supera todos los antecedentes: Turba, de Lauri Fernández, editado por Hotel de las Ideas. Aunque Revista Blast ya cuenta con un texto centrado en esta obra, interesa recuperar su potencia y su capacidad para enfrentar la guerra desde un lugar nunca antes visto. Luego de entrevistar a soldados argentinos, Lauri se anima a cruzar las -otrora- líneas enemigas para charlar con los ex-combatientes ingleses. Desde esa búsqueda, desde esa forma de preguntarle cosas a Malvinas, la autora complejiza el conflicto -bélico, patriótico e histórico- atravesado y suma esas otras voces. Además, rompe una pared, quiebra el pacto lector y se incluye a sí misma como personaje de la historieta, sumando su propio proceso físico en el camino de la investigación.

Portada de Turba: Memorias de Malvinas de Lauri Fernández publicada en Argentina por Hotel de las Ideas.

Hoy, el tópico «Malvinas» es complejo, multivariable, difícilmente abarcable. Así lo demuestran las incontables aristas desde las que la historieta trabajó primero el hecho y luego el trauma que representó la guerra. El contexto político marca «épocas» definidas que explican, en parte, las líneas de reflexión que las narrativas gráficas desplegaron. Entre Billiken y Turba hay un largo camino. Entre Roberto Regalado y Lauri Fernández sucedieron incontables luchas, discusiones públicas, políticas públicas orientadas al olvido y leyes de reactivación por la memoria de los combatientes. Las diferentes historietas sobre Malvinas devuelven un reflejo guionado y dibujado, en constante cambio, sobre un tema presente que, por el dolor que ocasionó y por el peligro constante a su olvido, estará siempre en la mesa, en las páginas y en los imaginarios argentinos.

Demian Urdin
Demian Urdin
Estudiante de Antropología Social por la Universidad de Buenos Aires, especializado en el estudio de la Historieta Argentina como construcción patrimonial. Ganador de la Beca de Investigación Boris Spivacow II de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de la República Argentina en el año 2018, donde analizó los procesos históricos de desarrollo del fanzine de historietas y su incorporación al Archivo de la Historieta y el Humor Gráfico Argentinos de esta misma institución. Ha realizado diferentes investigaciones en clave museológica acerca del trabajo del Museo del Humor de la Ciudad Autónoma de Buenos Aire. Es, además, columnista para diferentes medios gráficos y radiofónicos argentinos donde indaga en el mundo de la historieta, los cómics, las series, el cine y los videojuegos. Fue co-creador y co-conductor del ciclo de entrevistas “Guion y Dibujo: Diálogos de Historieta”. Actualmente, dirige el proyecto de difusión de la historieta latinoamericana "Grafo: Culturas Dibujadas".

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