Espejos de la estupidez

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«Siempre e inexorablemente subestimamos la cantidad de estúpidos que hay en circulación.»

Allegro ma non troppo Carlo María Cipolla.

«Lo Lynchiano se refiere a un tipo particular de ironía donde lo muy macabro y lo muy mundano se combinan de tal manera que revelan la contención del primero dentro del segundo.»

David Foster Wallace

 

El libro se llama Sabrina, (Salamandra Graphic, 2019; traducción de Carlos Mayor) es el segundo libro de Nick Drnaso, el dibujante de Pallos Hills (Illinois) que firmó una serie de relatos gráficos que título como Beverly (Fulgencio Pimentel, 2016), un cómic que fue calificado por el dibujante Chris Ware como «la mejor novela gráfica, la más compleja y electrizante que he leído en años, y que nos habla de un talento afilado, inquietante y cargado de inteligencia no solo en el ámbito del cómic, sino también en los de la escritura y el arte visual». Con Sabrina, Drnaso fue nominado al Man Booker Prize 2019, uno de esos premios literarios que las agencias de autores de literatura latinoamericana desean cada año. El dato de la nominación se repite mucho como una forma de validación de este trabajo, pero eso a mí me resulta accesorio, porque Drnaso hace cómic y no literatura, y si con más de cien años de tradición de cómic solo seguimos validando al cómic como algo literario, esto solo es útil como adjetivo para las ventas, además de que seguir repitiendo esa frase maltrecha: «El cómic ya es alta literatura» es una consideración muy básica para esta forma de arte. Lo que me interesa en cambio, es hablar de Sabrina y sus reveladas formas de inspección y expiación, y cómo, a partir de esas dos premisas, el cómic de Drnaso es un trabajo sobre la estupidez; la estupidez que se propaga a través de la información y a través de los cuerpos solitarios que consumimos esa información que puede ser usada como una pistola para sacrificar al otro.

Un resume gélido de las páginas en “Sabrina”.

Lo primero es que Sabrina Gallo, la mujer que le da nombre al libro, nunca aparece, o bueno, aparece en el inicio conversando con su hermana Sandra, desde ahí, se le menciona como una noticia, desde la portada, en las conversaciones siguientes, en las teorías, en vídeos, pero Sabrina Gallo no existe, solo existe en pesadillas, en los vídeos que no vemos. Sabrina Gallo solo aparece como información, como algo de lo que se habla, de lo que se supone algo, pero sin mayor verificación. Vista así, Sabrina es una noticia, una tendencia social, un dato de consumo de esos que aparecen a cada tanto en las redes sociales sirviendo de combustible para las más alteradas discusiones y especulaciones. Como lo escribió Gerardo Vilches en su blog «Sabrina se presenta, así, como un nudo de tensiones constantes entre realidad y ficción, pero también entre lo dicho y lo no dicho, o lo dicho y lo mostrado». Es decir que, Sabrina es un modo de representación, de todo aquello que no se sabe, de todo eso que no se conoce y de lo cual se termina hablando con la propiedad del «experto». Algunos podrían afirmar que para eso está la libertad de opinión, aunque la libertad de opinión se ha ido transformando en ruido, en basura y en algo peor: estupidez. Porque la regla ahora es decir cualquier cosa sobre el tema del día y vaciar el estreñimiento vital. Esto último es una de esas maneras de darle color y «vertigo» a miles y miles de vidas miserables que se levantan cada día a tomarle fotos a sus platos de comida, a mostrar un nuevo corte de pelo, a destilar la depresión en comentarios, en fin, a preguntarse al espejo, con la cámara del celular en la mano, qué tan miserable me siento hoy.

Una video llamada entre Calvin y su hija.

Para explicar un poco más esto, habría que resumir lo que pasa en Sabrina, lo cual no es problemático ni revela las fisuras de la trama. Sabrina Gallo ha desparecido y luego aparece asesinada y las personas cercanas a ella: su novio (Teddy), el amigo militar de su novio (Calvin) y su hermana (Sandra) son las afectadas directas con todo lo que deriva del hecho, porque los cercanos, unos personajes sin mayor gracia, sin atisbo de heroísmo, sin mayor importancia, son consumidos por el dolor y el duelo y por todo lo que se arma alrededor de lo que ha sucedido. Y acá Drnaso representa algo que muy pocas veces vemos ¿Qué pasa con las víctimas de los hechos que tragamos a diario? ¿Qué pasa con los acusados en redes sociales? ¿Qué consecuencias derivan de las sobre explicaciones escritas en redes que son más especulaciones que investigaciones? ¿Cuáles son los límites de la opinión pública ante un hecho? ¿Qué sucede con los espectros que se vuelven tendencia? Mucho de esto, con la inserción de datos y los esquemas de las plataformas, se va organizando a partir de las posibilidades que ofrece el lenguaje del cómic; superponer viñetas y alternar espacios, filtrar focos, sumar encuadres. La narración gráfica va mostrando lo que no está en la superficie, lo que no se ve en las pantallas de formas directas. Además, de las formas asépticas que adopta Drnaso a su estilo, con una línea clara siglo XXI que transmite desapego y los colores opacos para narrar gráficamente; líneas sin expresión, escenarios que se repiten en el confinamiento de los seres que conviven con lo que pasa: el aislamiento y la soledad, los estados mentales y el horror del mundo sumergido en la hiperconexión. La desaparición y el asesinato son apenas dispositivos con los cuales Drnaso arma las piezas para ir desfilando los síntomas de la inspección y cómo nos vigilamos y nos castigamos sin piedad, y cómo consumimos las tragedias que son parte de la franja de ficciones que vemos en las plataformas. En este punto, podría atreverme a insinuar que Sabrina no es solo representación, es un diagnóstico del mundo que hemos armado. Un laberinto de pulsiones y de convivencias virales: entre asesinatos y tragedias, entre los accidentes, matanzas y masacres, entre el conteo de muertes y las celebraciones deportivas, entre los maquillajes, las fotografías, asesinatos grabados; espacios sin filtros ­-a pesar de su uso decorativo- información sin ediciones donde todo circula, donde incluso hoy somos los vigilantes del otro, destilando miedo, rabia e histeria como respuesta al ruido y el desconcierto. Al hilo de un delirio compartido que va desde nuestra posibilidad de escribir sobre lo que sea, de plantar una teoría cruda que explique el hecho diario, de plantear opiniones y teorías no pedidas, que no se alejan de las explicaciones conspirativas. Hemos construido demasiados complots para explicar el supuesto complot. En eso navegamos a diario ciudadanos y políticos.

La imagen de “Sabrina” mezclada con páginas de comentarios.

¿De qué sirve todo esto? De expiación, ante la imposibilidad de justica o una explicación, la expiación es la forma resolutiva de organizar una narración a la estupidez. Ante tanta mierda diaria, a medida que se esparce la filtración de hechos que antes no nos importaban, la forma fácil es el sacrificio; es decir, hay que castigar y enmendar el relato así sea de formas simbólicas. Como sucede con Sabrina, ella ya no está, porque su cuerpo ha sido asesinado, ¿Qué hacer si no se le puede perseguir, grabar o preguntar? Sacrificar a los cercanos, perseguirlos y atribuirles culpas.

Los pasatiempos nocturnos de Calvin.

¿Podría contarse lo que se cuenta en Sabrina en otra forma de arte? Tal vez, pero con muchas piezas desencajadas, el libro como artefacto que es Sabrina y como objeto, la página de cómic con sus totalidades representa los significantes de un mundo en el cual creemos que sucede el todo. Supuestos, más no verificaciones conviven entre lo narrado y las expresiones dibujadas, todo derivando sin control posible, un mundo donde «La verdad es mucho más aterradora. No hay un único control. El mundo está sin timón» como lo dijo Alan Moore, un mundo que es igual a esa página de libro infantil que lee Teddy. Eso pasa cuando leemos Sabrina, no hay una disección entre lo que les sucede a los personajes y lo que se fabula, todo eso convive en las viñetas que son las pantallas, las viñetas que son el escenario de los video juegos, las viñetas son los mensajes de texto, las viñetas son los vídeos, las viñetas son el laberinto informacional que habitamos. De ahí que las noticias falsas sean incontenibles, ellas habitan entre lo que creemos, y lo que replicamos. Aunque uno solo alcance a dar cuenta de lo que pasa en su barrio, o su casa y eso, siempre estamos dispuestos a explicar el mundo, lo que pasa a diario, desde el encierro, a partir de lo que vemos y suponemos en las pantallas.

Ahora bien, Sabrina parece ser un espejo del mundo actual, un salón de espejos perturbador, lo cual hace que podamos subrayar demasiados eventos que reconocemos. No es algo extraño [weird], o lo es, pero lo extraño no gravita en un rasgo de incomprensión, sino en la exposición de una máquina narrativa que ha reemplazado lo extraño por estupidez.

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Realizó trabajos de promoción de lectura de cómic en el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín, la Universidad Eafit y el área cultural del Banco de la República. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura como Revista Arcadia, Revista ElMalpensante, Boletín Bibliográfico del Banco de la República, Revista Bacánika, Revista Corónica, El Espectador, El Heraldo Universo Centro y otros. Premio Simón Bolívar de Periodismo 2018 en la categoría entrevista prensa escrita.

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