«Sí, artista. Pero también persona». Gatoenbús y la sensibilidad dibujada

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Los dibujos de Valentina Aguirre, más conocida como Gatoenbús, son sensibles y hacen llorar. La autora tiene como pregrado el diseño gráfico y una maestría en producción editorial, con la que creó Capibara libros dibujados. Valentina nos cuenta cómo fue el origen de su nombre artístico, la búsqueda de un tema del cual hablar y por qué está bien habitar desde lo sensible.

¿Por qué dejarse contagiar y contagiar a los lectores de sensibilidad? Sus dibujos, tanto en ilustración como en cómic, están atravesados por la poesía ¿Cuál es su relación con este género?

Yo soy una persona muy sensible y muy emocional, hay muchas personas así. Y ahora hay mucha presión porque no lo seas. Entonces, necesitas ser una persona fuerte y que los otros te perciban fuerte. Hay una búsqueda en cuanto a dejar la sensibilidad y la ternura, ahora tú ves muchas mujeres que están dejando activamente esto que se asocia mucho con la feminidad porque obviamente por cosas patriarcales te hace una persona más creíble. Y es algo que todas tenemos que hacer, tengo que presentarme como una persona que es creíble, que es profesional, pero a la vez como una persona sensible.

La sensibilidad en carne viva se vuelve protagonista en la obra de Valentina.

Por medio del dibujo tengo una intención de conservarlo, a pesar de que en muchos entornos tenga que dejarlo y no haya lugar para eso. Pero en el dibujo yo siempre voy a encontrar un lugar para eso, es muy personal para mí. Por eso lo aprecio mucho, porque es una forma de expresar esa sensibilidad que puede ser muy personal, pero justamente desde las vivencias personales se conecta con otras personas. Como todos vivimos historias muy parecidas, mi caso va más por esa onda donde hay muchas cosas que yo estoy tratando de entender de anécdotas y cosas que me han pasado o pensamientos que tenía y cómo por medio del dibujo las voy desenredando. Por eso, también, este espacio de sensibilidad donde pueda ser vulnerable y que pueda ayudarme a construir el punto al que estoy llegando.

La búsqueda de estilo y voz propia te lleva a encontrar un tema del cual hablar: la gordura ¿Cómo ha sido la experimentación con las viñetas, las formas, el lenguaje y los dibujos para darle lugar y voz al tema?

Darle lugar al tema, de nuevo, siento que es desde lo personal. Pero era una necesidad mía, porque yo dibujo casi siempre mujeres, siempre. Entonces veía a estas mujeres como muy delicadas, son muy frágiles, muy delgadas y esto era algo que tenía interiorizado. Las dibujaba así, pero sabiendo que yo no soy así. Un montón de mujeres tampoco lo son. Entonces, si se quiere explorar más es porque hay algo que también puede incomodar en eso. El dibujo o ilustración no siempre tiene que ser bello y realista, esto se presta para jugar mucho. Así como ahora es tendencia dibujar manos y pies grandes, esta una ganancia en esto de los cuerpos, no llevarlos hacía lo pequeño.

Para mí fue súper satisfactorio el explorarlo así, el ocupar espacio, incluso en las páginas, cómo hacer en los cuerpos pliegues, dibujar vello y todo esto que es muy popular ahora. Pero yo siento que sí debe hacerse, porque luego como ilustradoras o dibujantes también se te pide mucho y luego quieren ver algo así como súper delicado. Es como un producto, pero yo no quiero eso, porque no voy a incomodar si luego va a ser un producto. Si existe una intención de representación de mí misma, pues es lo que yo hago. En todo lo que hacemos las mujeres hay muchas cosas que esperan de nosotras y también hay cosas que nosotras podemos plantear desde lo que hacemos, en parte si es normalización, en parte si es exploración artística, porque es divertido hacer cosas grandes, hacer cosas irregulares.

El club de lectores de cómic Hablemos de BD, de la Alianza Francesa de Pereira, ha sido uno de los espacios importantes en su formación. ¿Qué posibilidades abren en su trabajo espacios colaborativos y de lectura como estos?

Siento que lo más importante de ese espacio es la comunidad, porque siempre los asistentes han venido de partes muy diferentes. Cada uno viene de cosas súper random, de disciplinas que se suponen no tienen nada que ver con el dibujo. En el club siempre hubo ese espacio para leer.

El proyecto se divide en dos: uno de lectura y uno de producción. Yo casi siempre fui al de lectura. Ricardo nos presentaba la historia, los puntos para hablar, el tema, los colores… Luego, entre todos debatíamos las impresiones, todos aportaban desde su área y desde lo personal. Esto propicia la creación para dibujar. Hay una retroalimentación muy horizontal, porque todos nos aportamos algo como colegas y eso me parece muy valioso.

Hablas de la mala suerte como un punto de recurrencia en tu vida y el cómo la esquivas al dibujar, inclusive el día de tu cumpleaños ¿Cómo el tema de la mala y buena suerte influye en tus creaciones?

La buena y mala suerte…. A mí me gustan mucho, porque es una ficción que tu luego decides creer. Todos los rituales de buena suerte que nacen tienen un origen como muy personal…es medio auto-condicionamiento, pero es super efectivo. Te puede llevar a creer que puedes tener mala suerte, pero es muy ambiguo. Hace que las cosas sean más divertidas, es un mito que creas… según yo todo empezó así.

Gatoenbús rompe con las formas canónicas en cada una de sus secuencias.

Al principio fue muy bromita, pero luego ya no. Por eso, el día del cumpleaños yo hago un dibujo, tal como en año nuevo la gente se come las uvas. De ese modo, he conocido personas que hacen cosas similares, todos tenemos rituales muy parecidos. Me gustan muchos las imágenes asociadas a la suerte, que es ficción, pero puede afectarte de manera positiva o negativa a ti.

Desde el diseño gráfico a la creación de historietas y luego a ser editora ¿Qué pasos han sido fundamentales a la hora de concretar lo que es ahora Gatoenbús?

Yo siento que está muy relacionado el dibujo y la historieta. La historieta combina dos cosas que a mi me gustan mucho, como el texto y la imagen. Son lenguajes que, si se combinan, crean otro medio. No es tan puro. No hay que seguir las estructuras específicas… siento que hay un espacio más grande para jugar con lo textual y visual al tiempo. La edición se ha enfocado mucho en la literatura «real», algo muy de letras, y ha habido menos editores especializados en lenguajes híbridos. La edición es especial para cada género. Por eso, siento que no debería venir solo de las letras, sino desde lo general que tratas de editar.

Y toda esta unión de lenguajes me llevó a querer editar. Esta construcción de diálogo se me hace muy interesante. El juego con los formatos o las viñetas, esto le aporta mucho. Desde la edición, teniendo estos gustos previos, se me hace muy emocionante.

Capibara Libros Dibujados es una editorial que nació en la maestría en Producción Editorial que estudió en México. En todo el aprendizaje, tanto académico como en la edición ¿Qué cambia en su trabajo de dibujante a editora?

Capibara nació en el tiempo que estuve en México. Nace de la nada, en internet, con Ricardo Rodríguez. Él estaba en Pereira y veníamos trabajando en proyectos editoriales, diseñándolos, revisándolos… Luego, en una videollamada, dijimos «ahora sí, ya hemos hecho esto juntos, formalicémoslo». No nos dedicamos completamente a Capibara, todavía está creciendo.

Mi rol me gusta mucho, porque se sale de mí, se separa del hacer meramente artístico, que me encanta, pero es poner en práctica cosas que no están relacionadas directamente conmigo, va más allá de lo que se quiere comunicar. En Capibara revisamos proyectos, algunos son muy extensos, entonces puedo tener una visión global. Eso me parece positivo porque no lo puedo hacer en mi trabajo, porque no tengo un cómic de doscientas páginas. Esa es la mayor diferencia entre mi trabajo en el dibujo y el de la edición.

Algunas de sus referentes son las dibujantes Lynda Barry, Delius, Julie Doucet, María Luque y Paola Gaviria ¿De qué forma han influido estas dibujantes en sus creaciones?                                                   

De muchísimas formas. Algo muy valioso para mí, aparte de ver su trabajo, es ver su vida: Porque son mujeres, me encanta aprender de ellas, de lo que pasaron y están pasando. Así como ellas, también me dedico a muchas cosas, yo no me dedico cien por ciento al dibujo y para que eso pase también tienen que pasar muchas cosas.

¿Cómo entra en juego el medirnos con el trabajo ajeno? Gatoenbús problematiza sobre esta competencia.

Por ejemplo, los libros de Lynda Barry no son catalogados como libros en algún género específico, son solo «libros de Lynda Barry». Eso me ayuda con la presión de catalogar lo que hago, porque ya se irá acomodando. Siempre veo la vida que han tenido y me hacen sentir más tranquila con las posibilidades. Las redes sociales nos venden al súper creador, pero no siempre es así, no nos debería hacer sentir mal eso. Porque la visión de las personas que admiramos es: sí artista, pero también persona.

¿Qué otros referentes artísticos tienes presente al momento de dibujar?

Hay muchos artistas que he descubierto por medio de internet, que son más actuales y siempre veo lo que hacen, es inspirador y no son consagrados. Luego ves como su obra evoluciona y me genera mucha curiosidad, porque de nuevo está la presión en que tengas un estilo definido. Con los artistas consolidados esto no pasa, porque los ves y ya. Pero, cuando ves personas que no llevan tanto tiempo, ves una curva de aprendizaje que puede ser muy inspiradora. Ves que hay espacio para el cambio, para experimentar.

Yo encuentro inspiración en literal cualquier cosa, porque soy muy curiosa, muy inquieta y me gusta aprender cosas muy random, me impresionó muy fácil. Eso me parece muy beneficioso para el dibujo, como lo son las casas. Para mí las casas son un ente muy extraño, las habitamos, las adecuamos a nosotros, son muy personales, se transforman en el tiempo, son también espacios vacíos. Me gusta mucho explorar también los espacios vacíos, que es algo recurrente en mis dibujos, porque no soy de saturar tanto las cosas, sino que creo que cuando uno ve más espacios vacíos es más inquietante.

En las indagaciones de Gatoenbús podemos encontrar referencias a otras artistas sin perder de vista una identidad propia.

¿Qué siente Valentina al ver o sentir que otras mujeres se sienten cercanas a tus emociones dibujadas? Hablando y analizando muy adolescentemente, el sentirnos de ese modo debe reflejar algo… ¿Qué crees que puede ser ese «algo» cercano al sentir femenino en el mundo actual?

Es muy bonito porque para mí el dibujo es muy personal. Son cosas que siento que no son tan importantes y que quise explorar en el dibujo. Pero luego veo que a otras personas les ha pasado. Y me gusta ver cómo esto accidentalmente crea discusiones. Que estos dibujos se presten para crear diálogo entre desconocidos me parece muy impactante. Ahora, por las redes sociales queda un registro y esto va a ser muy interesante de explorar en el futuro: el cómo una publicación en un rincón de internet se volvió una conversación, así sea de una hora.

Por último, puedo preguntar… ¿de dónde viene Gatoenbús?

Gasto mucho tiempo en internet y se me hacía muy raro usar mi nombre. No me suena y es, al menos, separar mi persona que dibuja de mi persona que tiene otros oficios laborales. Porque no quiero que eso se junte.

Gatoenbús… porque… hace mucho tiempo se hizo famosa la noticia de un gatito que en un pueblo cerca a Londres se subía a un bus y daba una vuelta porque paraba afuera de su casa. El conductor ya sabía que se iba a subir y le tenían una almohada para que se acomodara. Él daba varias vueltas hasta querer bajarse y la dueña era consciente de lo que hacía el gatito… Me hizo mucha gracia y me sonó muy lindo y lo dejé así. Tristemente el gatito ya murió.

Lucía García Mosquera
Lucía García Mosquera
Está terminando un pregrado en Estudios Literarios, y a su vez tiene un proyecto personal donde le toma pics a la gente que existe: The people i see in the day. Su bias es yoongi y cree que existir al mismo tiempo que Tay Tay es una bendición. Ahh! Y, por último, es gran fan de escribir poesía impetuosamente adolescente.

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