Eliminando la plaga de las historietas en Colombia

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Es bien conocida la historia de la censura y la cancelación a los comics books norteamericanos a mediados del siglo XX, que tuvo su punto máximo en la imposición de la regulación de los contenidos por medio del «Comics Code Authority» con la aprobación de la Asociación de Revistas de Historietas de los Estados Unidos (Comic Magazine Association of América, Inc.). Esta regulación se estableció, en parte, por las ideas que impulsó el psiquiatra Fredric Wertham en su ensayo de 1954 Seduction of the Innocent (La seducción de los inocentes), y la publicación en los años cuarenta, de muchas cartas en contra de los contenidos de estos cómics, una correspondencia que se sumó a otra lista de artículos y manifestaciones que culpaban a estas publicaciones del aumento de los crímenes y la delincuencia en los jóvenes, por aquellos años.

Portadas de “Crime comics” y Crime SuspneStories”.

En Colombia no hay muchos casos documentados de censura contra las historietas a ese nivel estructural, lo más próximo, aunque no podríamos calificarlo como un caso de censura explícita, pero sí un acción deliberada con muchas consecuencias para el sector, fue el artículo 2 de la Ley 98 de 1993 o «Ley del libro», que excluyó a las «tiras cómicas y las historietas gráficas» y a otros productos editoriales como: pornografía, fotonovelas, horóscopos y juegos de azar, de beneficios tributarios y legales. La puesta en marcha de esta ley estancó por dos décadas la edición y distribución de las historietas en el país, creando un atraso significativo en las formas de circulación y acceso a las historietas en Colombia, que en los últimos años se ha ido restaurando.

Portada de “The Ten-Cent Plague” de David Hajdu.

Ahora bien, si tratáramos de hacer un paralelo entre las acciones promovidas en los Estados Unidos antes del «Comic Code»; tanto las ideas de Wertham, como los alegatos que impulsaron diferentes grupos de ultraconservadores, directores de escuelas y parroquias, con lo que posiblemente se hizo en los años previos a la «Ley del libro» en Colombia, ¿encontraríamos acciones similares?  o ¿sabríamos qué argumentos fueron esenciales para sustentar la aprobación de la Ley del libro? Las respuestas no son fáciles, y habría que desarrollar un estudio a fondo para cotejar información y ofrecer algunas pistas sobre el caso y saber cómo se tejió un camino de justificaciones en contra de las historietas. Aunque en un país ultraconversador como el nuestro, es indudable que muchas acciones se llevaron a cabo para que la ley tomara forma.

Un documento que podría responder algunas de esas preguntas y abrir nuevas, es un viejo libro de nombre Criminología publicado originalmente en 1968 pero que cuenta con varias ediciones[1] y reimpresiones a la fecha. Este libro fue escrito por el jurista, magistrado y profesor colombiano Alfonso Reyes Echandía, quien fue asesinado, siendo presidente de la Corte Suprema de Justicia de Colombia, por el Ejército Nacional de Colombia durante La toma y retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. En uno de los capítulos del libro dedicado a los aspectos sociales de la criminalidad en Colombia, Echandía hace énfasis en algunos fenómenos culturales que inciden en los comportamientos criminales de los colombianos. Uno de esos fenómenos culturales es el «libro», pero no el libro en sí, sino un tipo de libro que resulta «idóneo para la comunicación de ideas perniciosas» e influencias negativas. Este tipo de libro, según lo escrito por Echandía, lo integran «tres géneros de la literatura: la criminal, la pornográfica y la de los cómics». Cabe resaltar que en lo mencionado por Echandía hay dos de los productos editoriales que años después, fueron excluidos en la «Ley del libro» del 93: la pornografía y los cómics.

Una historieta de Ivan Brun.

En su argumentación en contra de los cómics, Echandía al mejor estilo de Wertham, desarrolla varias ideas negativas sobre los cómics y lo peligrosa que resulta la circulación y lectura de este producto en territorio nacional, advirtiendo que :«Nuestro país, como los demás países del mundo occidental, soportan actualmente el peligroso alud de un nuevo género de literatura infantil: el de los cómics; se trata de cuadernillos que contienen breves relatos de aventura que se desarrollan por medio de imágenes y en los que la palabra se degrada hasta desaparecer o convertirse en lacónicas y rudimentarias expresiones en boca de los protagonistas dibujados. Schuckler considera, no sin razón, que los comics pueden calificarse como el esperanto de los analfabetas y agrega que no resulta exagerado afirmar que ellos representan “una forma de barbarie, tal y como solo puede surgir en una civilización decadente a cuyas características pertenecen la desolación y superficialidad intelectuales” ». Es claro que en su párrafo, Echandía sigue la línea alarmista que usaron los censuradores norteamericanos, añadiendo varios ingredientes más a su coctel: que la palabra, ese bien literario de los señores ilustrados, se degrada en las historietas, subrayando que las historietas representan una «forma de barbarie» algo que hace citando el simpático texto del investigador alemán Georg Schückler «Jugendgefährdung durch comics» (Jóvenes amenazados por los cómics).

En el siguiente párrafo, Echandía continúa con su exposición, remarcando, con mucha seguridad, una lista de condiciones patológicas que este «tipo de literatura» genera en los niños y jóvenes, como la asimilación, por el flujo de estos contenidos fantásticos, de estados de odio, terror y violencia, incluso «estados neuróticos que comienzan con sueños desapacibles y agitados, insomnio y miedo». En este párrafo, Echandía hace sin ninguna prueba científica, un diagnóstico clínico que responsabiliza a los cómics de ser los generadores de estos comportamientos bárbaros en los pequeños lectores. Lo que es suficiente para demostrar, según él, cómo los cómics son todo un proyecto que destruye las vidas civilizadas de los lectores, que al entrar en contacto con estos productos dibujados desarrollan un perfil criminal.   

Fragmento de la historieta “Si yo fuera presidente” Tomás Arango.

Echandía cierra el espacio dedicado a los cómics citando la investigación de 1983 «Delito, reacción social y control social en el mundo de la historietas» de Amelia Mantilla Villegas, una tesis de grado que bien podría encajar en los documentos previos que tal vez se usaron para sustentar la ley. Aunque no es del todo claro lo que dice Mantilla y para qué lo cita Echandía, si lo comparamos con lo expuesto párrafos atrás, la pirueta resulta atractiva. Lo que argumenta Mantilla es que la representación de un delito a través de los cómics simplifica los actos criminales, negando «los verdaderos problemas socioeconómicos». Es decir, los cómics en su representación ficcional deforman la realidad criminal ofreciendo una versión poco acertada de toda la estructura criminal. Dicho esto, es una lástima que Mantilla no tuviera  a la mano Batman: The Dark Knight Returns (El retorno del Caballero Oscuro) de Frank Miller, Klaus Janson y Lynn Warley, publicada unos años después de que viera la luz su investigación, tal vez un vistazo a esta  historieta le habría iluminado su tesis, o se la habría desbaratado. Sin decir más, con unos comentarios sueltos, Echandía cierra su intervención en contra de la plaga de los cómics y su amenaza criminal en la República.

Una historieta de Mike Diana.

Volviendo a las preguntas iniciales, y más allá de las especulaciones, no sabemos si estos textos se usaron o no para darle forma a la ley, lo que sí es claro es que la historieta en Colombia por muchos años arrastró estigmas y señalamientos como los antes mencionados, que por fortuna han sido superados, gracias a que la historieta en Colombia, de unos años para acá se rehabilitó, y hoy en día, es todo un ciudadano letrado y de bien.

*Este texto es un homenaje al joven abogado y catedrático Julio César Montañez, quien murió por covid-19, en el pasado mes de mayo.

[1] Las citas de fueron tomadas de la cuarta reimpresión, del año 2003, de la octava edición, que fue publicada por primera vez en 1987.

Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

2 Comentarios

  1. Gracias,soy modelo 70 y ya entendì por que de la adversiòn de mi padre a los comics que veìa como kaliman,Arandù y otros… y eso que no eran explicitos,clarisimo era un mal concepto fundamentado por ideas de prejuicios criminalisticos….¡ tenaz esta oposiciòn a una manifestaciòn de lo escrito tambien sin proponerselo origino…el olvido por la lectura…de ahì que en la actualidad ya a las juventudes no les interesa leer, sino hay una motivaciòn agradable en papel…¡

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