Evidencias de mundos semiolvidados

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Copérnico nos abrió los ojos cuando sentenció que nuestra estrella más cercana estaba en el centro del sistema solar; pero nos dejó un interrogante relacionado a la infinitud del universo cuando afirmó que todas las estrellas pertenecen a una esfera fija sobre nuestras cabezas. Basta un poco de conexión con el yo interior, tal como lo llama la psicología terapéutica —incluso con algo de poesía—, para motivarnos a comprender la existencia de un flujo de energías que culmina y retoma ciclos, arrastrando a su paso con nuestro corto instante en la tierra. Esta introducción «cósmica», es para darle un apoyo de entrada a la teoría de nuestro invitado de hoy, Paco Roca, quien ataca de nuevo con otra de sus fascinantes obras en el universo paralelo de la novela gráfica; aunque como ya lo veremos, el termino fascinante se queda corto cada vez mas ante las tramas de sus historias, dotadas de auténtico análisis filosófico en dibujos acerca de la naturaleza humana.

La estrategia de enganche inicial en Regreso al Edén (Astiberri, 2020), predispone la mente del lector a descubrir algo trascendental cuando los recuadros oscuros se extienden por varias páginas y unos diminutos puntos blancos van apareciendo en esa nada, hasta darle cabida en un extremo al enunciado «Eones de no existencia». A partir de ahí, me tomo la licencia de apartarme de Copérnico para ponerme del lado de Roca, quien cautiva con su idea inicial de la separación de partículas que vagan por el universo indefinidamente hasta el fin de los tiempos. Esta dramática analogía entre diminuta partícula y fugaz vida, se fusionan en la figura de Antonia, protagonista de la historia y en la vida del autor, ya que se inspira en su progenitora; sin embargo, se vale de dicha figura para reconstruir un retrato sombrío de la España franquista, a partir de otro retrato similar, como lo es, el de un drama familiar: un jefe de hogar sin ninguna empatía, una madre resignada al destino que le tocó y unos hijos que cargan a cuestas el sino del fracaso, pero que se las arreglan a su manera para zafarse de él.

Una parte del mapa familiar.

En este torbellino de sentimientos, Antonia asiste como espectadora hasta cierto punto; principalmente cuando toma conciencia del papel determinante de su madre Carmen en sus decisiones. Bien sea para aceptar sus puntos de vista o cuestionarlos en silencio. Es la misma actitud que asumirá frente a los otros miembros de la familia, quizá por ser la niña sumisa de la que poco se espera.

Ante el lector, los familiares de Antonia pueden despertar indignación por sus irresponsables comportamientos; pero luego se puede ser benevolentes al comprender que, a través de sus defectos, podemos descifrar mejor a nuestra protagonista, y además, que son claves en el propósito de Roca de insertarnos en el escenario español durante la segunda guerra mundial, realizando así su compromiso de denuncia al estado de corrupción y miseria que produjo el periodo de la dictadura en su país. Un cometido que lo logra con sobrados méritos, gracias a la capacidad de despertar emociones por medio del realismo narrativo en sus composiciones, incluso de convencernos de la premisa bíblica de que El Edén, es la recompensa a nuestros sufrimientos en esta infernal vida.

La ausencia de la fotografía como parte del mapa familiar.

Entonces, ¿cuál es el Edén de Paco Roca? sin duda, se vale de múltiples recursos para llevarnos hasta allá sin despegar los ojos de las páginas. La semilla de inspiración, es una foto familiar extraviada de mediados de la década de 1940. Su valor radica en ser la última en la que aparecen casi todos los miembros en plan de gozo en las playas valencianas. Se convierte en puerta hacia esa función de memoria colectiva que cumplen las fotografías y en este caso, recrear una situación dentro de otra, pero ambas llenas de dolor; tanto la de la familia, como la de la guerra civil española.  

La técnica para producir el efecto de recuerdos que van y vienen, es la combinación de transiciones sobreponiendo viñetas entre diferentes tonalidades para remarcar los instantes, bien pueden ser opacas o claras, pero con predominio de los fondos cálidos; algo meritorio para el formato de tira cómica de periódico o de funnies en el que se diseñó. De esta manera, el lector sabe diferenciar los acontecimientos del presente de la Antonia joven y el presente de la Antonia mayor, sin perder de vista que se trata de la misma persona. Independiente del punto de vista omnisciente en el que se cuenta la historia.

El inserto de las fotografías “reales” en la narración gráfica.

Otro aspecto que le da peso a la obra, es la credibilidad. El espectador se da cuenta enseguida que Paco Roca no está sacando una historia arbitraria de la nada para ganar mayor popularidad y que incluir a Franco o a Hitler en algunas viñetas, no es un truco efectista. Lo que sabe el lector intuitivo, es que Roca está haciendo una catarsis de memoria honesta consigo, que se le antoja necesario compartir con el círculo de sus seguidores; pero nada más potente para ello que el recurso de intercalar la narración con fotografías reales. Es significativo cuando se señala a modo de columna vertebral de la trama, que Antonia solo se fotografió tres veces antes de cumplir veinte años; entonces en cada una de esas veces, se nos muestra la imagen original. Conmueve, por ejemplo, la página 19 cuando al lado de las viñetas, aparece la foto de Antonia en carne y hueso junto a su hermana Vicentita y el prometido de esta, posando en un estudio previo a su matrimonio. Ahí nos damos cuenta del efecto sentimental que tuvo para Roca recrear un pasado que apenas se atreve a explorar desde su talento gráfico, teniendo cuidado de encajar cada pieza en su lugar para que, en el conjunto total, no se perciban añadiduras.

Fragmento de “Regreso al Edén”. Paco Roca.

Con todos estos elementos (y varios más que se me quedan), Regreso al Edén podría convertirse dentro de la carrera de Paco Roca, en la cumbre más alta a donde ha llegado, pues de aquí en adelante, tendrá que exigirse mucho para mantenerse en esa línea. Algo que no le será complicado con seguridad. La visualizo como una autobiografía indirecta, que, aunque no afecta directamente al autor, trata de cerrar una herida transmitida por vía de su madre; al fin y al cabo, en la mayoría de las familias suele haber experiencias duras que se tejen con la realidad social.  Los prolongados negros que le dan apertura y epílogo a la historia, remiten al vacío de dónde venimos y a donde volveremos. Esos flashbacks de Antonia que nos llevan a todas las épocas de su vida, pasando por sus días de tranquilo matrimonio en los que subió de peso por comer demasiado para compensar los años de carencia de su infancia, hasta la vejez acompañada de sus hijos que le ayudan a recuperar aquella foto familiar perdida que para ella es su único tesoro, permiten responder a la pregunta de renglones atrás: el Edén que nos enseña Roca, está hecho de recuerdos del que nos aferraremos cuando nos sintamos vulnerables. Entonces al igual que Antonia, cuando nuestro último soplo de imaginación nos lleve en forma de globo aerostático, podremos gritar desde el más allá tal cual una de las citas de la obra: «Mantenemos una lucha constante contra el olvido, que intenta borrar el pasado».

Raúl Trujillo
Ilustrador freelance y bibliotecólogo en formación. Ha realizado colaboraciones para el periódico Dela Urbe, de la facultad de comunicación de la Universidad de Antioquia y Revista Pérgamo de la Escuela de Bibliotecologia de la Universidad de Antioquia. Además ha sido seleccionado para exposiciones y muestras de caricatura e ilustración en Colombia en ciudades como Medellin, Rionegro, Pereira y Armenia. En el extranjero en Buenos Aires (Argentina) y Sinaloa (Mexico).

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