Hacer del duelo un dolor mayor

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Miguel Vallejo (Gusanillo) es un artista, dibujante o historietista colombiano que desde la Magna Soacha y su cuenta de Instagram nos llena a cada momento con sus minicomics o historietas sobre lo que se le pase por la cabeza. Ya había leído sus historias sobre el ogro Emok y su historieta publicada por Cohete Comics: Basuras; las cuales me parecieron llamativas por su temática, interesantes en su dibujo y entretenidas por su desarrollo. Hace poco abrió su cuenta de Instagram @libercarajo, como una editorial «fanzinera» (si es válido el término) desde la cual publicó en el mes de octubre y en formato físico una de las primeras historias: El Taller una historia corta y autoconclusiva que concreta los elementos más icónicos de las historias de Gusanillo: los marginados, los aspectos éticos y el costumbrismo que esconde una historia profunda.

Portada de “El taller”. Miguel Vallejo.

 

El Taller, es una de esas historias en las que lo inesperado, que es lo que siempre se espera que suceda, suele caer como un balde de agua que nos golpea fuerte. Sin el previo aviso de que, a lo lejos, en la distancia pudiera aparecer. No se puede vislumbrar, por ningún motivo; a pesar de que se espera, solamente surge de la nada como un efecto de la divina providencia que cambia por completo nuestra existencia. En este caso, El Taller nos cuenta cómo un psicólogo y una experta tecnóloga a partir de una tragedia terminan involucrados en un ejercicio de poder y conspiración, al tiempo que ven sus vidas comunes interrumpidas por un espionaje y el deseo de recobrar algo imposible de volver.

Una página de “El taller”. Miguel Vallejo.

Los aspectos éticos y los dilemas que vienen con ellos se proponen con ese ejercicio costumbrista por medio del cual, más que la tecnología o el ciberpunk que hubiera podido constituir esta obra, vemos el pensamiento de una mujer que vive la muerte de su hijo como un sueño que va y viene sin dejarla descansar e incluso influyendo en su trabajo. También identificamos esto en el personaje que se convertirá en el ratón de laboratorio que aparece de manera accidental. Con él, también nos queda la pregunta de si toda experimentación implica la capacidad de aceptar que como no se tiene nada que perder no se está haciendo ningún sacrificio, no se está cometiendo ningún crimen o no se está dañando a nadie. Así, aparece tanto en la obra como en nuestro inconsciente colectivo, aunque no podemos decir que lo haya determinado como tal el mismo Gusanillo; el pasado histórico, los desaparecidos, del reclutamiento forzado, los «buenos muertos» o «las máquinas de guerra»; metáforas a las que siempre recurren algunos funcionarios del Gobierno cuando quiere hablar del Conflicto armado colombiano, y que no desaparecen de nuestra cotidianidad.

Una página de “El taller”. Miguel Vallejo.

A lo anterior, se une el espionaje tecnológico en el que la traición juega como una vuelta de tuerca tópica. El beso de judas que tiende a ser dado por el pariente, el amigo, el familiar más cercano y al cual le confiaste todo cuanto sabes lo da aquel al que se le brindó la mano cuando más lo necesitaba. Para cerrar, dando el último giro a la trama, completando el círculo de cada uno de los personajes, vemos que ninguno es separado del otro, vemos que las casualidades no existen y el azar solo es una ilusión con la cual nos mantenemos tranquilos y alejados de la realidad que nos absorbe pensando que quienes nos rodean solo cayeron en el abismo de nuestras vidas porque sí, sin alguna explicación profunda. En El Taller, la muerte del hijo que constituyó el motor para desarrollar una idea, aparece pintada como una pesadilla que empezó con una lágrima y terminó con un coro de llantos, que ante el lamento de no poder cambiar lo que hicieron, acaban conviviéndose en su propio infierno y condenados a vivir con su recuerdo a la espera de una reconciliación.

El taller.

Autor: Gusanillo de Tierra.

Páginas: 80

Editorial: Carajo – 2021

Carlos Gutiérrez
Licenciado en Lingüística y Literatura de la Gran Colombia, docente de Lengua castellana en un colegio de Bogotá, los dibujos, las historietas "Observaciones de un Zorro" o skecht que se me ocurren los publico en @Mundo_fanzine, lector amateur de cómics y novelas gráficas.

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