La hierba que resiste

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«Hay dibujos que estudian y cuestionan lo visible, otros que muestran y comunican ideas, y, por último que aquellos que se hacen de memoria»

John Berger. Sobre el dibujo.

 

«Son hierbas que resisten al viento y a todo lo que las pisotea ». Se puede leer al final de Hierba (Reservoir Books, 2022) de la dibujante coreana Keum Suk Gendry-Kim. Esa corta frase y otras que flotan alrededor de las ramas de un árbol que se extiende en una doble página resumen un poco lo que es este libro, lo que en él se cuenta y se recuerda, que es la memoria de Lee Ok-sun, una mujer coreana que sobrevivió a la explotación y la esclavitud sexual a la cual fue sometida desde que era niña por militares japoneses durante la Guerra del Pacífico.

Sin hacer de lo gráfico una representación de lo visible, o la fácil información de un tema con dibujos, la historia que dibujó Gendry-Kim es un camino extendido a través de la memoria de una sobreviviente que después de todo lo que ha pasado, ha resistido para contar lo que vivió y cómo lo vivió.

Páginas de «Hierba».

Lejos de ser una colección de anécdotas con dibujos, esta historieta soporta parte de lo contado en la ausencia, en lo no visible y los grandes espacios ocupados por el silencio y los olvidos. Puntos apenas necesarios para el respiro y las zonas grises de lo que se cuenta, que en muchos casos es, a pesar de que lo narrado es dibujado, irrepresentable.

Los años de infancia y la inocencia rota ocupan los primeros capítulos hasta que Lee Ok-sun: «Una niña que quería ir al colegio» a los 16 años fue vendida a una «Estación de consuelo» la engañosa frase que usaba el ejército imperial japonés para nombrar a los muchos puntos de esclavitud sexual y maltrato en los que vivían secuestradas las mujeres pobres que eran traídas de países como Corea, Filipinas o China. En estos lugares de infierno Lee Ok-sun y muchas mujeres, además de los sistemáticos abusos sexuales, sufrieron enfermedades venéreas, suicidios, embarazos no deseados, violencia física y hambre durante muchos años.

Doble página en «Hierba».

El testimonio de Lee Ok-sun es escuchado desde la «Casa del compartir», el lugar que habita en el presente y el lugar donde siembra los testimonios que Gendry-Kim dibujó y escribió. Desde ahí se escribe y se dibuja Hierba, entre las conversaciones que hilan ambas mujeres y lo momentos que comparten, en tardes y caminatas donde las confesiones y la confianza en la palabra toman lugar. De modo que, mientras lo narrado cobra forma, aparece, en los intermedios, Lee Ok-sun relatando, primero con precaución, y luego sin contención y previsión por lo que dice, a la vez que Gendry-Kim va escuchando. De tal forma Hierba se estructura entre el pasado y el presente de Lee Ok-sun, en la organización episódica de los recuerdos, y la forma cómo Gendry-Kim accede a su dolor y las heridas para darle una forma gráfica con su indicidad y la forma del trazo de sus pinceles.

Una página de «Hierba».

El uso de una sola tinta, la negra y los manchones sobre el papel blanco, y los pinceles que le dan forma a la memoria, parecen recursos sencillos, pero en Hierba son apenas los justos para que lo contado tome lugar en las páginas, sobre todo en aquellas partes donde los manchones y los bloques negros se toman las páginas para suprimir la recreación de los hechos como cuando Lee Ok-sun relata: La primera violación que sufrió o llegada de las tropas soviéticas y los abusos que cometieron contra las mujeres que estuvieron a la deriva luego de ser despojadas de todo lo poco que tenían. Al paso de lo que leemos en el libro, entre páginas se alternan, como respiros, imágenes de un paisaje desprovisto de la intervención humana, unas imágenes naturales que aparecen dispersas en las páginas, así que vemos y leemos pedazos de ramas que se desprenden, arboles rotos, sombras de montañas, hojas de hierba movidas por el viento, el silencio de las noches, las nubes que pasan en el tiempo, las estrellas, y el viento que corre al paso de los días que Lee Ok-sun y otras mujeres vivían el infierno.

Desprovisto de rigidez y esquematismos el trazo que imprime Gendry-Kim en las páginas actúa ante lo que se cuenta: La mirada desviada de Lee Ok-sun, su dignidad, las risas, y la contención de sus gestos en los testimonios que acompañan sus palabras. Así pasa en las huellas y las marcas de la sobreviviente que podemos ver dibujadas, en su inocencia perdida, su pelo cortado que se desvanece en la página en blanco, los abusos y las violencias que recibió, los recuerdos del imposible primer amor, y la sobrevivencia luego de la guerra, y una sumatoria de hechos sufridos y atravesados en el cuerpo de una mujer que «desde que nació no ha vivido un solo momento pleno de felicidad».

¿Cómo hacer memoria a través del dibujo? Hierba es una respuesta, no hay prisa por agenciarse un seguro temático como única razón visible para la lectura, y mucho menos la anécdota o el esencialismo a la víctima es la justificación de la historieta, sino respeto y dignificación narrativa y estética durante todo el libro, que ante la fluidez de su lectura nos recuerda que Lee Ok-sun, así como otras mujeres que han sido pisoteadas, resisten, y aún viven.

 

 

 

Mario Cárdenas
Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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