El eterno caminante

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Trazar un camino para representar las formas de la memoria no es un trabajo fácil. Las ideas y las representaciones sobre la memoria pueden quedarse-como sucede siempre- en unos bocetos, en unas líneas que no lo cubren todo, en un cajón con los papeles incompletos. Pero si la representación es sobre la perdida, el vacío, lo que no está, lo que no se recuerda o la ausencia de la memoria, el trabajo es más opaco que el boceto anterior, porque acá no existe una forma, o unas formas y las tonalidades desaparecen al tiempo que la imagen más próxima es la de un posible desierto ¿A dónde va la memoria? ¿Qué pasa cuando olvidamos algo? ¿De dónde vienen los recuerdos, y a donde  van cuando intentamos volver a ellos? Una posible respuesta-reservando la ambición de lo que eso implica- es lo que intenta el trabajo reciente de Estebán Millán en “El eterno caminante” con un libro que cruza la narración gráfica, la ilustración y la narración en prosa, en el cual arma una posible versión que responde a las preguntas de siempre, sobre la perdida de la memoria.

 

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El eterno caminante, en esa mixtura que propone Millán, postula un recorrido impulsado por la aparición de una semilla, con ella, primero en la cabeza, y luego en la mano, y después en otros lugares, un hombre (Jorge) deambula en las páginas buscando la presencia fantasmal de su identidad y lo que parecen ser: sus recuerdos. El camino, el viaje a la semilla de su memoria, es en algunos tramos el material de un sueño, pero sin el brillo onírico del surrealismo clásico. Jorge entonces, aparece, tratando de acertar, y reconocerse en una identidad difusa, en muchos posibles y personajes que le hablan. En medio de papeles y escenarios imaginarios, como el archivo de un coleccionista, la presencia de un árbol antiguo y  memorioso como La ceiba, los laberintos, la fluctuación de papeles y otra suma de símbolos reconocibles que dan cuenta  y se aproximan a una idea de la memoria, y acaso una idea de identidad que se esfuma, a la vez que se resiste a desaparecer.

 

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La pérdida de la memoria en El Eterno Caminante, no se dibuja  de manera progresiva e identificable al lector, tampoco se presenta como algo evidente, la idea de una memoria,  los pasos del hombre, de Jorge, son a la vez una construcción sin evidencias. Acá no sucede lo que hizo Paco Roca, en Arrugas-por lo menos en gran parte del libro- donde cuenta una historia sobre el Alzheimer, valiéndose de una trama divertida, al tiempo que el curso irremediable de la memoria se presenta al lector por medio de escenas identificables que nos trasmiten empatía por sus personajes. Lo de Millán en cambio, menos articulado, se parece más a esas dos últimas páginas de Arrugas donde Roca no dibuja nada, donde muestra el lugar de la memoria que se borra en la página de cómic, para darle así al lector una sensación de interior, una variación-con distancia- a lo hecho por Jean Giraud Moebius en su Inside Moebius, mostrando lo que pasa en aquello que no es visible, dando cuenta en líneas un idea sobre eso que no tiene forma. Una metáfora de ése espacio es el campo al cual se aproxima esta versión de Millán, en la cual se reconoce el eco de Emigrantes de Shaun Tan, con ése trazo a la lápiz, opaco, en ocasiones realista, y pasado por algunas secuencias silentes, lo que le da al contado una expresión que circunda por un ambiente difuso.

 

Por otro lado, no todo el libro se resuelve con precisión, en varias páginas, en el camino que caminante emprende, la transición entre la prosa y la imagen no se alternan con armonía, el efecto es más el de un desencaje, en el transito de un lenguaje a otro la composición sufre alteraciones. En algunos espacios, lo que se cuenta en los párrafos luego es presentado en viñetas, algo que incide en el brusco cambio de lectura, afectando el ritmo, dejando en muchas ocasiones que las viñetas aparezcan como ilustraciones de lo que se cuenta.

Si bien al final no hay respuestas a las preguntas sobre la memoria- nunca fue ése el propósito- el ejercicio de Millán, ensaya la posibilidad de crear en lo gráfico un material que responde a eso que se ha perdido, a crear una idea gráfica sobre inhabilidad de adquirir nuevos recuerdos en medio de una confusión mental, los trastornos del lenguaje, el aislamiento y la soledad de una enfermedad que descompone sin remedio.Y es ahí, donde recae el valor de este caminante que da cuenta cómo nuestra memoria se desdibuja al paso que nuestra vida transcurre.

 

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El eterno caminante.

Esteban Millán

Planeta cómic

120 Páginas

2019

Mario Cárdenas
Estudió literatura en la Universidad del Quindío. Ha escrito en diferentes medios sobre cómic y literatura. En sus ratos libres se dedica a tomarle fotos a "Caldera" su Bull terrier.

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