Estamos todas bien

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Históricamente el papel de las mujeres ha estado en referencia a sus relaciones filiales, maternales y matrimoniales, convirtiéndolas en personajes accesorios. Visibilizar la vida de mujeres que han ocupado un papel secundario es el argumento que anida en el libro Estamos todas bien de Ana Penyas. Dos historias, aparentemente aisladas, se entrelazan en la pluma de una nieta, Ana Penyas, quien narra la vida de sus abuelas: Maruja y Herminia.  Penyas hace un relato sobre su pasado familiar, enfocado en las mujeres, y de una generación que creció en medio del franquismo y estructuras histórico-sociales, esencialmente, machistas.

 

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 Página interior de Estamos todas bien.

Antes de Estamos todas bien, Penyas había desarrollado diferentes trabajos como ilustradora, los cuales permiten vislumbrar, prematuramente, el trazo gráfico que se hace explícito en Estamos todas bien. Además, ganadora del VII Catálogo Iberoamérica Ilustra con la serie “Buscando un sitio”. En 2017 recibió el Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic, gracias al cual salió a flote la vida de Maruja y Herminia. Al año siguiente, sería galardonada con el premio de autora revelación nacional del Salón del Cómic de Barcelona y el Premio Nacional de Cómic por Estamos todas bien.

La vida de Maruja y Herminia transcurren en los rutinarios achaques de la vejez, mientras, el trazo de Penyas abre una ruta de oscilación entre el pasado y el presente con enfoque feminista. Maruja una mujer devota y viuda, con parkinson, relata a su nieta una vida de represión que inicia con su trabajo en un bar y del cual pudo huir gracias al matrimonio. Una vez casada, más por imposición que por voluntad, la vida de Maruja se reduce al rol de ama de casa y esposa. Por su parte, Herminia fue estimulada desde pequeña en un ambiente bohemio, sin embargo, su vida no escapó de los rutinarios trabajos domésticos y el cuidado de los hijos. Ambas narraciones se entretejen fluidamente para converger en una de las escenas finales del libro, donde las dos abuelas conversan telefónicamente sobre los descontentos de la tercera edad.

 

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Página interior de Estamos todas bien.

Con ambos relatos, Penyas grafica una historia que refleja la vida de muchas mujeres. La autora hace uso de colores cálidos, rojo y rosado para su abuela Maruja y un color cercano al ocre para su abuela Herminia, lo que permite alternar ambas historias e introducir los cambios temporales sutilmente. Es necesario subrayar la importancia que tiene el empleo de diferentes técnicas en el desarrollo del relato, pues fuera del dibujo se observa el uso de fotografías y texturas en diversos fondos, por ejemplo, en las prendas de los personajes, en las cortinas, en las colchas, en las paredes, en la urbe, en los cuadros que ambientan la narración, entre otros. Además, una buena porción de los fondos se caracteriza por el uso de formas geométricas y matices florales. En definitiva, la autora experimenta con impresiones, o especies de croquis, que interviene para hacer la animación, acercando el cómic a un collage.

En el desarrollo gráfico del relato la desproporción del dibujo es intencional, lo que aleja a Penyas de intereses hiperrealistas y, en cambio, la acerca al expresionismo. A pesar de la delicadeza de ambos relatos, la experimentación de técnicas y la conciencia feminista, la forma de graficar de Penyas pareciese estar influenciada por una fórmula desgastada y muy proliferada por ilustradoras como: PowerPaola, Maria Luque, Abbey Losing, Mónica Andino o Janna Glatt. Vale la pena resaltar que este trabajo, sobre pasados familiares, tiene consonancia con otros libros de cómic, como La Casa de Paco Roca. En este último libro, tres hijos vuelven a la casa de sus orígenes, después del fallecimiento de su padre, lugar de recuerdos y reconstrucción del pasado. Extrañamente, ambos libros tienen un formato horizontal lo que permite a los autores jugar, cómodamente, con los tiempos históricos del relato.

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Páginas interiores de Estamos todas bien.

Estamos todas bien invita al lector a contemplar la naturaleza femenina y ampliar los conceptos de libertad y dignidad en medio de un relato convencional. Además, el libro sugiere – sin ser la intención explícita – las relaciones del cómic con el feminismo, más precisamente, cómo el discurso feminista puede ser abordado desde el noveno arte. Por último, Penyas reivindica la memoria de sus abuelas, reclama sobre el lugar de toda una generación de mujeres y se convierte, casualmente, en la primera mujer que gana el Premio Nacional de Cómic.

 

 

 

Estamos todas bien,

Salamandra Graphic,

112 páginas,

2017

 

 

 

Diana Gil
Estudió derecho, se mudó a la caricatura. Ahora lee cómics e intenta escribir sobre ellos.

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