Un cómic más de no ficción

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El apetito por la realidad en el cómic colombiano parece tener un mayor espacio en los últimos años. Historietistas, periodistas e historiadores coinciden en recurrir al cómic para contar, narrar o reportar. Aunque la oferta de cómic de no ficción en Colombia es incipiente en comparación con otros países, negar su protagonismo resulta de ciegos. La tendencia por la narrativa secuencial y «zonas seguras» se impone sobre otras posibilidades como la abstracción. Dicha preferencia tiene referentes extranjeros como Nakazawa, pionero del cómic de no ficción en Japón, o Spiegelman, (re)inventor de la no ficción en Estados Unidos. Incluso, desde el siglo XVII existieron artistas adscritos a la no ficción, quienes con imágenes reportaron la guerra. 

Unas viñetas de no ficción

En el 2018 se sumó un referente más al cómic colombiano de no ficción: Yo no corrí frente al miedo (Intermedio Editores). El libro recoge cuatro relatos sobre comunidades víctimas de la violencia derivada del narcotráfico o el conflicto armado. Lo llamativo de los relatos es que, en cada uno, el anhelo de libertad y la resiliencia son el foco de la narración. Allí, los victimarios y la acción (como la presentada por Sacco en La Gran Guerra) se suprimen para dar lugar a la esperanza. El relato más peculiar es el de la comunidad del barrio Villa Santana, ubicado en la frontera entre Pereira y Risaralda, ya que la forma en que la colectividad (femenina) detuvo la guerra entre pandillas fue con un «paro sexual», conocido como la protesta “con las piernas cruzadas”. La paradoja: una narración de no ficción que parece una ficción.

Un paro inusual con resultados insospechados.

Por otra parte, dos relatos del libro transcurren en Nariño, un departamento que tiene más territorio que Estado, donde la presencia indígena es el común denominador. Maniobras como intentar erradicar manualmente la hoja de amapola o reestablecer la emisora del pueblo se convierten en referentes de lucha por la libertad. El último relato se ubica en la capital del país, en este la música es fuente de esperanza ante la muerte. Las cuatro narraciones son historias recogidas en terreno que provienen (casi todas) de la periferia, de una brevedad tal que, en algunos casos, parecen relatos a medio camino (o como se indica al inicio del libro historias «en puntos suspensivos»). El libro es producto de una colaboración entre el periodista Javier Forero (quien, también, trabajó en Galán: la crónica de otra muerte anunciada), la literata Maru Lombardo y la artista visual Rowena Neme, quienes fungen como testigos de la construcción de paz en los territorios. Juntos capturan la singularidad de cada comunidad y ofrecen al lector una Colombia por fuera de la estrecha noción capitalina.

Unas viñetas que narran el desastre de la guerra sin perder la esperanza.

En el cómic se percibe un relato temporal lineal, el cual se afilia a la teoría de narrativa secuencial expuesta por McCloud en Entender el cómic, con una composición de viñetas tradicional (línea recta). Desafortunadamente, aquellas viñetas donde la valentía supera al miedo brillan por la ausencia de una paleta de colores. Esa misma pauta del blanco y negro se observa en un cómic posterior de la casa editorial denominado Galán: la crónica de otra muerte anunciada. En relación con el trazo, el dibujo tiende a ser fotorrealista ya que los personajes y escenarios se reconstruyen a partir de fotografías. Una práctica muy utilizada por Sacco quien, al igual que los autores de Yo no corrí frente al miedo, cubre historias en terreno, recoge testimonios y actúa como testigo. Sin embargo, las viñetas no tienen la misma carga de información que las de Sacco. En general, la obra permite una lectura narrativa convencional sin mayor experimentación.

En la viñeta superior izquierda aparece el taita Queta Alvarado, ilustrado a partir de una fotografía.

Para terminar, en la introducción del libro se lee «Para bien o para mal, el cómic es un medio inflexible, que obliga a tomar decisiones». Dicha sentencia sobre el cómic desconoce la potencialidad expresiva del mismo y, según Álvaro Pons, «la naturaleza mutable y elusiva del medio». Además, la posibilidad de ir más allá de ciertos cánones que crea la industria. A diferencia de la fotografía o el cine, el cómic brinda una compleja y rica dimensión temporal y espacial que lo hace maleable y experimental, inclusive ofrece nuevas formas de representar el tiempo y el espacio. Calificar el cómic de inflexible es una definición reduccionista de un medio que como señaló Santiago García “apenas hemos empezado a entender”.

Yo no corrí frente al miedo

Guion: Maru Lombardo y Javier Forero

Ilustración: Rowena Neme

Intermedio Editores

2018

57 páginas

 

Diana Gil
Diana Gil
Estudió derecho, se mudó a la caricatura. Ahora lee cómics e intenta escribir sobre ellos.

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