La memoria del tiempo recobrado

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En la vida no hay duda de que los recuerdos de juventud son el picante de nuestra existencia. Siempre están acompañados de una especie de nostalgia, de melancólica felicidad en donde las sombras que nos vieron crecer se convierten siempre en maestros de formación que nos aportaron lo bueno, lo malo y lo feo de nuestros mejores años. Por esto, mirar al pasado para recobrar el tiempo implica todo un ejercicio de creación intertextual en el que pueden combinarse historias con reflexiones, anécdotas, sueños y pesadillas. Así, la vida, se vuelve un collage narrativo en el que, como borrachos recién despiertos, tratamos de recordar qué fue verdad y qué simple imaginación. Bajo esta premisa, Guy Delisle (1966, Quebec), del cual conocí su obra Escapar gracias a una reseña de Mario Cárdenas, nos presenta su juventud transcurrida en una empresa de papel que pareciera o no tener relación con su más grande deseo.

La fábrica donde trabajo Guy Delisle.

Crónicas de juventud (Astiberri, 2021)  se centra en tres aspectos: la formación, la relación con el padre y los inicios en la ilustración. La primera, nos logra concentrar en la forma en que, siendo jóvenes, encontramos a esas figuras paternas del exterior de nuestro mundo familiar. La relación con los otros a partir de la escucha, de la experiencia y la humildad ante el conocimiento. Incluso aparecen los que saben que, sin importar cómo o cuándo, se puede llegar a alcanzar lo que se quiere, lo que se sueña, lo que se aspira. La formación en nuestra juventud contiene todo lo anterior. Un ejercicio de mímesis en el que los demás son figuras prototípicas de nuestras expectativas y desilusiones, son nuestros maestros que nos sacan de ese mundo cómodo en el que vivimos para empezar la verdadera aventura. Aquella en la que las subidas y bajadas de la montaña rusa son una constante búsqueda de herramientas.

Recuerdos de Delisle y su padre.

Y si lo externo es una fuente de aprendizaje, la relación con el padre es una columna primordial frente a la toma de distancia con su labor. La separación, la falta de comunicación, la habitación en la que el uno y el otro no se entienden, se ignoran o se ocultan el interés que puedan expresarse. El tópico de «matar al padre» constituye la mejor prueba de valentía que todo joven debe experimentar. Hacer su camino, crear su nuevo mundo y hacerse, no a su propia imagen, sino a partir de una refracción de esta, la cual conlleva un prontuario de errores o caídas del cual nos suelen levantar.

Delisle intentando capturar los momentos con su padre.

Por último, los ejercicios y prácticas en dibujo para convertirse en un profesional se presentan como una metaficción en la cual la obsesión por la imagen, la lectura y el plantearse una perspectiva a futuro propone un seguimiento directo del «decálogo del perfecto cuentista» escrito cien años antes por Horacio Quiroga. Beber de las fuentes primarias, consumir cuanto se acerca a nosotros y tratar de buscar nuestro propio estilo son los mandamientos que han de ponerse en el techo de nuestra habitación para que cada vez que despertemos, recordemos cómo lograr una meta soñada.

Fragmento de “Crónicas de juventud”. Guy Delisle.

En cuanto al formato, el texto constituye una crónica en todo el sentido del título: la descripción del espacio, la visión y la voz de los personajes frente a los hechos; y el pasado y futuro de los mismos. La interacción con su entorno le permite apropiar los elementos comunes del género en el que Delisle, a partir de la combinación de su dibujo sencillo, directo y sin detallismo junto a la palabra concreta combinan a la perfección. Ya me había llamado la atención en su reportaje gráfico de Escapar, pero aquí lo hace con más fuerza y deja una impresión más grande por medio de la cual hace parte de mi propio canon. Si Moebius fue una inspiración para él, entonces Delisle se convirtió en una para mí.

Autor: Guy Delisle

Editorial: Astiberri

144 págs.

Carlos Gutiérrez
Licenciado en Lingüística y Literatura de la Gran Colombia, docente de Lengua castellana en un colegio de Bogotá, los dibujos, las historietas "Observaciones de un Zorro" o skecht que se me ocurren los publico en @Mundo_fanzine, lector amateur de cómics y novelas gráficas.

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