miércoles, noviembre 13, 2019

Tramas dobles

Entrevista a Yanneth Pineda (Yapi) y Camilo Sandoval

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Contar la historia de sí, la propia, suele implicar  también contar la historia de otros con nosotros, su paso breve o prolongado por nuestra vida, sus incidencias e incluso los capítulos protagónicos donde apenas somos cómplices de otro. Este quizá sea el caso de Yanneth Pineda (Yapi, 1986) y Camilo Sandoval (1985). Cada uno se enfrentó a su momento a una búsqueda donde el término “ilustración narrativa” parece ser la respuesta. A esta llegaron juntos, como pareja, sin embargo, sus afinidades trascienden su relación sentimental. Pues más que esto, son ante todo colegas en una búsqueda que todavía continúa y en la que pese a tropiezos, crisis y capítulos en común, —en el mundo de la historieta— cuentan a su vez con caminos y trazos propios que los distinguen y posicionan. Yapi, por su lado cuenta con una línea gráfica colorida y una exploración de las cuestiones propias a través del dibujo; Camilo por su parte opta por al blanco y negro, y el  humor ácido como una de sus obsesiones; no es gratuito que su personaje más destacado sea la muerte. 

Podría decirse sin temor a fallar, que lo suyo, más que una historia en común se trata de dos tramas que se entrelazan. Hablamos con ellos para desenredar, en el sentido de entender, sus cabos y tramar juntos su relación con el dibujo, sus búsquedas, hallazgos, posturas y planes futuros.

¿Cuándo empiezan en el mundo del cómic?

Yapi(Y): Viendo las  tiras y caricaturas de periódico, pero creo que el momento en el que yo dije “voy a hacer esto” y lo empecé a hacer fue por Zape Pelele, ellos eran lo que yo quería ser. Los escuchaba en el programa de radio y los leía en las revistas y dije “eso es lo mío”, empecé a hacer [cómics] en el cuaderno en octavo, gozándome a la profe de matemáticas. Tenía solamente dos lectores: mis amiguitos y se morían de la risa. 

Camilo Sandoval (CS): Yo empecé con literatura infantil, mi mamá es profesora y siempre me está llenando de libro, leía mucho a Tintín, me gustaba mucho y todavía tengo varias influencias suyas en el estilo y en la narrativa. También Zape Pelele, que en la adolescencia de colegio fue el boom y desde ahí muchas personas quisimos seguir por ese camino, sin saber lo arduo que era. Y los periódicos de los domingos que tenían esa última página de cómics repetidos una y otra vez. 

Y: Hay una historia muy curiosa y es que alguien del colegio publicaba una historieta en el periódico estudiantil, se llamaba Chester, y cuando me hice novia de Camilo me di cuenta de que él era quien hacía ese cómic. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que estudiamos en el mismo colegio. 

CS: Lo publiqué solo una vez, pero tenía varias revistas que hacía con mis amigos, solo para nosotros. Fue pura casualidad porque Yanneth fue a mi casa y le mostré todos los dibujos, porque tengo unas carpetas llenas de rayones y ahí estaba Chester.

Y: Sí, nunca se me olvida. Yo quería ser como el que publicaba ese personaje. Ese era otro referente. 

Y de una forma menos inocente o más seria, ¿cuándo inician como autores? 

Y: Yo empecé por el lado del dibujo manga, tenía muchas ganas de aprender, porque quería participar en el concurso de manga de Norma España, pero yo no sabía dibujar manga entonces me metí a un curso de dibujo manga. Ahí fue donde conocí a Camilo, era el profesor y a través de él empecé a conocer otro tipo de narrativas, luego no me interese tanto en el manga, sino en la ilustración narrativa. Él estaba viendo la forma de publicar libro-álbum y me empecé a meter también por ahí. Luego, asistí a unos talleres que hicieron otros autores, Dipacho, Gusti, Ignacio Blanch, Isol, ilustradores de libro-álbum. Y empecé a compararlo con el cómic, me di cuenta de que los dos usan recursos muy parecidos; los dos están contando historias con las imágenes. Después, empecé a dictar un taller de dibujo manga en el Parque Biblioteca de Belén y me ofrecieron hacer un Club de Mangakas y acepté, pero ¿qué clase de profesora era, cuando yo no tenía historietas ni nada? Ahí empecé a hacer las mías. Creo que fue en 2014 que publiqué la primera en Facebook. 

CS:  Yo entré a la Universidad de Antioquia en el 2004-2005 con la idea de que quería ser ilustrador. Fui por épocas con los cómics, a veces me gustaba mucho hacerlos, luego los dejaba, y esa fue una época en que los dejé, aunque llevaba toda la adolescencia haciendo cómics para mí y mis amigos. Me enfoqué en el libro-álbum durante muchísimo tiempo, porque trabajaba dando clases de manga y de apreciación del libro-álbum a docentes y otros formadores, hasta que conocí a Yanneth. Redescubrí el cómic, porque ya estaba un poco cansado del libro-álbum, veía que no cuadraba ahí porque tenía un humor medio ácido, que no cuadraba en el mundo de los niños, yo no iba a hacer cómics para niños o cosas para niños con esas temáticas, y me sentía un poco hipócrita haciendo cosas para niños, sabiendo que lo mío eran cosas más crudas. Entonces más o menos por la misma época, en el 2014, empecé a hacer cómics también en Facebook, ahí sí en serio, y ya seguí, todo lo que vino después, de por fin meterme al mundo del fanzine, pensar más en el asunto, las ferias. 

¿Cuáles son sus influencias a nivel local?

CS: En mi caso, es infaltable Will Zapata, lo conozco desde que estaba en el colegio, un amigo que empezó más temprano en este mundo del cómic, Juantasma, pero ya no hace tantos cómics, me mostraba los fanzines de Will y los de Zape Pelele, y Daniel Rabanal que me parece superteso, leía una serie que sacaba en un periódico, él también fue una gran influencia. Y de resto yo no conocía nada del fanzine/ cómic de acá, eso fue mucho después. 

Y: Creo que yo empecé a ver artistas al revés, buscaba más referentes de afuera y no estaba muy involucrada con lo que estaba pasando acá, ni localmente ni nacionalmente, no los conocía. No sé si deba a que estaba dando clases de manga. Luego empecé a ver los cómics de PowerPaola, los de la gacetilla Robot de Truchafrita. Los conocí también por Juantasma, él era como el dealer de fanzines, él nos visitaba cada rato y nos llevaba el fanzine de Dr. Fausto, él fue el que nos empezó a introducir [al cómic local], por él yo conocí a Luto. Todo. Ahí fue cuando empezamos a darnos cuenta de que sí había gente que también hacía acá. Uno cree que no, por estar todo hermético mirando solo un tipo de cómic, se queda encasillado en eso, pero a partir de ahí empezamos a ver que había otros fanzines y a abrirnos más a lo local. 

Historieta Yapi.

¿En qué momento llegan al fanzine y las ferias como un modo de dar a conocer su trabajo?

Y: El primer fanzine salió hace poco. Fue por el interés de empezar a participar en ferias. Asistí a unas charlas que estaba haciendo Entreviñetas con autores como Anapurna y Richard McGuire. Ahí vi que también quería publicar, pero nunca me había involucrado en la movida local que es hacer fanzines, ni conocía autores locales. Pero  asistir a las ferias es una buena forma para empezar a conocer. La primera [feria] a la que asistimos fue a El Garaje en 2017 y allá vimos en vivo y en directo a otros autores de los cuales habíamos escuchado y visto su trabajo en redes, y vimos que a la gente le llamó la atención los primeros productos que sacamos.

CS: Creo que si no es por Yapi, yo no entraba ahí, siempre he sido más solitario. Yo simplemente quería estar en mi casa encerrado dibujando, que alguien me descubriera, me publicara mil libros y poder seguir en mi casa encerrado dibujando, pero no se pudo. Fuimos juntos a la presentación con Annapurna, Yapi se emocionó mucho y me contagió. Y yo “hágale”, pero con ciertas prevenciones. Si no fuera por Yapi yo no estaría aquí haciendo fanzines. No, no tenía cuándo. 

Y desde entonces asisten frecuentemente. 

CS: Sí, a mí me parece genial y que nutre, principalmente, a los nuevos artistas, porque ya tienen referentes, si no hubiera nadie haciendo esto, sería muy complicado. Lo digo es por la experiencia en la carrera, porque veo a un montón de gente nueva que ya han recorrido el mismo camino que yo, pero lo han hecho más rápido, entonces me parece muy bacano que tengan esa posibilidad de conocer por medio de internet y demás el cuento del cómic que se está dando acá. Entonces la dinámica aporta mucho sobre todo a los artistas más nuevos y posiciona a los anteriores.

Y: Si no fuera por las ferias yo no sabría nada de los artistas locales, no me habría abierto a nuevas lecturas o a conocer otros autores, otro tipo de historias, eso me parece muy bacano. Es un mundo difícil también, o sea, autopublicarse, venderse uno mismo, para mí eso ha sido lo más difícil. A pesar de que en diseño gráfico a uno le dan algunas herramientas de marketing, ¿cómo es venderse uno mismo? ¿vender el producto que uno hace? Ha sido complicado y me parece que es agotador, uno es como una miniempresa donde se es el único empleado, el de las finanzas, el de los tintos, a uno le toca todo, el mensajero…  pero es muy chévere que se mantenga también, que haya tanta gente detrás de las ferias que las sigue sacando porque eso de alguna forma es una plataforma para los autores. 

Ambos vienen de profesiones relacionado con lo gráfico, artístico, ¿cómo ven esa relación academia y cómic?

Y: Cuando estaba estudiando Diseño Gráfico no estaba tan involucrada con el cómic. Toda la vida he dibujado, he tenido épocas en las que dibujo mucho o dibujo menos, y en la época de la universidad me aproveché mucho de la ilustración para hacer piezas gráficas, pero nunca tuve problema en presentarlas ilustradas o presentar un cómic en algún trabajo. Sin embargo, en diseño no se trabaja mucho ilustración, son dos mundos aparte. Mucha gente cree que todos los diseñadores ilustran y eso no es así. Eso fue un aprendizaje más autónomo, por  aparte.

CS: Por mi parte, quería ser ilustrador, pero no sabía qué tipo de ilustrador. Si hay un momento en el que tengo la vida más o menos clara y lo que quiero hacer, es justo ahora. Al salir del colegio quería ser ilustrador de concept art para videojuegos y películas, entonces dibujaba guerreros, dragones, robots… Entré a la universidad [a Artes Plásticas] con esa idea, pero fue un choque, y después de un tiempo en crisis empezó a gustarme el arte, la historia del arte, el arte contemporáneo, trabajé en el Museo de Antioquia como guia, llevaba como una doble vida; de día era estudiante de universidad de Artes Plásticas con todo el cuento del arte conceptual y de noche hacía cómics e ilustración conceptual pero de videojuegos, de concept art. Nunca encontré la forma de unir esas dos cosas, en la universidad no daban cabida a eso, hasta ahora  apenas lo vengo a hacer. Luego, estudié diseño gráfico y no lo terminé. Creo que toda esa mezcla se lleva muy bien, para mí es una estupidez que haya una escuela de diseño, otra de arte, todo debería estar junto como en la Bauhaus. Ahora afortunadamente en la Nacional, tienen la mente un poco más abierta y he presentado cómics allá, yo me muevo en mi carrera es con trabajos de cómic o cosas narrativas y sarcásticas, pero todo tiene que ver con una misma obra, entonces siento un fresquito. ¡Por fin!

Historieta Camilo Sandoval.

¿En la Nacional cómo toman el asunto del cómic?¿sí hay profesores preparados?

CS: Es como 50/50, pero al menos ya tengo más referentes del mundo del arte contemporàneo que han trabajado con cómic, no pueden decirme que no puedo hacer cómic sabiendo que gente de arte contemporáneo reconocida a nivel mundial lo ha hecho desde los 70 como Lichtenstein o Álvaro Barrios, acá. De todas maneras, se tiene que estar muy bien fundamentado conceptualmente para defender una propuesta de ese tipo, tengo compañeros y compañeras que han intentado hacer lo mismo y les ha ido mal. Tiene que haber un equilibrio entre el concepto, un bagaje de investigación y un proceso para demostrar que llegó al cómic o cosas relacionadas de una manera coherente, demostrar que no es un capricho. 

¿Cómo fue ese aprendizaje de hacer cómics?

CS: A mí me gusta mucho aprender, no me gusta ir a la universidad, no me gusta hacer y presentar trabajos, que me califiquen, pero me gusta mucho aprender y me gusta más aprender cosas por mi propia cuenta. El 90% de las cosas que he aprendido, todavía nada, sobre ilustración narrativa, cómic y storyboard, las he aprendido yo [por mi cuenta] o yendo a alguno que otro taller.

Y: Tiene que ver mucho también con lo que leemos, hay muchas cosas que se aprenden cuando uno está leyendo el tipo de historias a las que le gustaría llegar algún día, me parece muy importante eso, yo sigo leyendo novelas gráficas y cosas de otros autores, porque me interesa mucho y estudio mucho la forma en la que ellos narran, sobre todo situaciones en las que despliegan toda su creatividad para presentar flash backs o flash forward. Y siento que es necesario ver algo de teoría, yo traté de hacerme con unos libros sobre teoría de cómic, como El arte secuencial  de Will Eisner y Hacer cómics de Scott Mccloud, toca así por libros ya que aquí no hay una escuela especializada o una cátedra en una universidad de cómo hacer cómics. Envidio la gente que tiene la posibilidad de hacer una carrera en ilustración, aunque he visto materias relacionados y asisto a talleres con otros autores y es un aprendizaje enorme, además de que le comparten a uno la experiencia que tienen como ilustradores y eso lo va formando a uno también. 

Sus estilos distan mucho entre sí, Camilo, en tu caso hay una tendencia al humor y al blanco y negro, ¿a qué se deben estas decisiones? 

CS: El humor me gusta de toda la vida, me gusta lo “bizarro” desde niño, los dinosaurios, los dragones, las cosas con colmillos que matan y descuartizan gente, me encantaban los Garbage Pail Kids, mientras sean cosas asquerosas, puercas, pero graciosas, soy feliz. Los dibujos animados que veía y veo todavía, tienen unas cosas muy bizarras,  me he dado cuenta de que las influencias de esa época todavía están latentes. Y el blanco y negro es una cuestión de versatilidad, me desespera no terminar las cosas, si yo me demoro más de 4-5 horas haciendo un dibujo, ya [lo dejo]. Y me gusta mucho el blanco y negro, desde que empecé a leer manga, antes leía cómics de superhéroes y la mayoría de estos están coloreados, pero no me gusta ese color, en cambio el manga logra el efecto de impacto solamente con el blanco y negro. 

Yapi, tu estética está más presente el color de una forma delicada y a la vez una búsqueda hacia asuntos más propios e introspectivos. 

Y: En el tipo de temáticas, creo que es un reflejo de esa misma pelea interna que tengo y una búsqueda también, no solamente por cómo voy a ser como artista, sino también como persona. Ese terror que tengo de vivir también. Parece que todo estuviera en calma pero me produce mucho terror, en este momento, el mundo, todo lo que está pasando, entonces siento una necesidad de dibujar o de escribir, de sacarlo de alguna forma. Y las selecciones del color también ha sido una búsqueda por cuáles técnicas y materiales de dibujo usar, he encontrado que en la tinta y una paleta medio pastel, me siento medio cómoda. No sé si eso contribuya a la narración, a veces he tratado de que el color sea un elemento narrativo de la imagen, a veces es más porque soy diseñadora y busco un color que contraste bien con el otro o que se vea bien, la elección es más porque estéticamente se vea bien. 

Estas preocupaciones se hacen evidentes en algunos de tus cómics como “Descendencia criolla”, publicado en la sección de Entreviñetas de El Espectador, por ejemplo. ¿por qué el cómic para poner en evidencia estas cuestiones?

Y: A veces he usado ilustraciones también. No  sé, a veces me siento un poco impotente como ser humano porque  no tengo muchas herramientas para cambiar cosas que están pasando y de las que me siento responsable de alguna forma y el cómic es una contribución pequeña, pero es una forma de entregar un mensaje y me parece muy importante entregarlo y decirlo, lo lea alguien o no lo lea, sirva o no sirva, esté bien explicado o no. A veces he tenido esa preocupación, de hecho vino con el cómic de El Espectador, una crítica de un profesor de Genética de la Nacional de Bogotá, que me destrozó el cómic. Ese era un tema delicado y tuve un buen tiempo investigando, después de la crítica hice un diplomado de Agroecología, porque a veces uno siente inseguridad con las cosas que está diciendo, a pesar de que traté de investigarlas bien, y quería estar muy segura de mis argumentos y de lo que estaba queriendo decir. Son cosas que a mí me preocupan como ser humano y eso me lleva a otros temas y a otras preocupaciones: querer averiguar quién soy, el feminismo, la alimentación, lo que pasa ahora, lo que me está revolviendo la cabeza y quiero comunicar eso también. 

Cómic publicado en la sección Entreviñetas del periódico El Espectador, en noviembre de 2018.

Sandoval, por tu parte, Zaz es cada vez más recurrente en tus tiras, ¿cómo surge este personaje alusivo a la muerte?

CS: Surgió gracias a la Universidad Nacional y al Inktober del 2018. Ya había hecho el Inktober [ilustrado] pero a la gente no le gustó así, entonces decidí hacerlo en cómic, e hice uno de los retos del día que era la muerte típica matando a dos amantes que estaban haciendo el amor y decía “coitus interruptus”. Esa historieta me la robaron muchas veces, le quitaban mis créditos y la publicaban, creo que todavía debe estar rotando por ahí. Me dio mucha rabia eso y justo estaba en la universidad trabajando sobre conceptualización y lo que quería como artista, estaba haciendo algo sobre el duelo, la muerte y empecé a hacer cómics con ese personaje sobre lo que me preocupa acerca del duelo, sobre la pérdida, el saber que el otro en algún momento se va a morir, y me di cuenta que necesitaba ese personaje porque si no me iban a seguir robando los cómics, porque era la muerte de todo el mundo, tenía que personalizar mi muerte, que fuera una muerte mía, que quien la viera la reconociera, entonces empecé a diseñar el personaje y le agregué varios elementos que la identificarán, entre ellos el color.  No quería que fuera una muerte triste, además, no era la idea de la muerte como el momento final, sino una idea del tiempo, de ciclos, que a la final no es la muerte, sino una representación del tiempo, por eso le puse un ojo y el otro no, el que sí tiene es el símbolo del helio, porque el hidrógeno ya lo tiene Dr. Manhattan en Watchmen, además eso le da la característica de que es muy mala de un lado y muy buena del otro; un lado tétrico y otro más amable, con el ojito. De ahí salió el personaje, es tan poderosa que puede hacer cualquier cosa a la hora que se le dé la gana, a quién se le dé la gana, a hombres y mujeres por eso nunca la defino, está en cualquier época, pero se dedica a contar historias muy cotidianas, y le puse precisamente el nombre por el asunto del ciclo: ¡Zaz! 

camilo sandoval comics. All rights reserved

¿En qué medida sienten que les ha aportada el tener pareja historietista?

CS:  Eso tiene sus pros y sus contras,[por ejemplo] la gente llegó a actuar como si fuéramos un solo ente. 

Y: Hemos tratado de equilibrar eso, pero a veces la gente no lo ve así. Menos mal, el trabajo de cada uno es diferente. Ha sido chévere, hemos podido trabajar juntos también, pero  la línea no resulta ser ni de Camilo ni mía, sino como un híbrido entre los dos. 

CS: Es importante la huella propia, a mí también me gusta mantener mis cosas a parte. Las veces que hemos trabajado juntos ha resultado muy bien y a los clientes les encanta, porque trabajamos bien juntos.  A mí me gusta mucho trabajar con Yapi, pero saber que ella está haciendo lo suyo y yo la estoy ayudando de alguna manera, apoyándola.

Y: De hecho, lo bueno de que trabajemos en el mismo medio es que nos podemos ayudar mucho a pesar de que ninguno esté metiendo la mano en el trabajo del otro y es muy bueno también que cada uno tenga sus propias cosas. 

CS: Ha sido chévere porque hablamos horas y horas [sobre esto]. Diferente a si tuviera una pareja de otra profesión e intereses. Eso ha sido muy chévere,y poder afrontar esas crisis creativas y existenciales juntos. 

Y: Sí, los dos hemos ido de la mano: primero libro-álbum, luego cómic, pero cada quien trabaja en lo suyo. Nos hemos levantado juntos en este mundo del cómic.

¿Qué proyectos a futuros tienen?

CS: Voy a hacer el inktober, ya llevo como el 80 % pensado y escrito. Me gusta hacerlo porque el año pasado eso me disparó de una manera impresionante y pasé muy bueno haciéndolo, fue un reto personal, y salió Zaz de ahí. Y a parte de eso quiero pasar los cómics a animación en blanco y negro también para un canal de YouTube.

Haciendo lo que están haciendo las grandes compañías hoy día, adaptando novela gráfica a  películas y es porque ya tienen el cómic, la historia construida, el storyboard, los personajes y ya saben que funcionó, y mucho del trabajo que debían hacer ya está hecho. Entonces eso es lo que quiero hacer, ya hice el trabajo lo voy a pasar a animación, quiero que la gente lo comparta, de la manera inmediata que lo hace, pero ya con movimiento y sonido, porque es muy atractivo. 

 Y: Yo quiero seguir más con los libros, las publicaciones. A mí me interesa mucho todavía la impresión y quiero seguir trabajando en eso. Estoy trabajando en proyectos de novela gráfica y presentándome a becas, concursos y cosas así. Me presenté a la residencia de Angulema. Y hablar directamente con editoriales, pero antes necesito tener esos proyectos de novela gráfica más maduros, porque aún están muy esbozados, y por las experiencias que nos han contado, hay que tener algo más consolidado. 

Página del Fanzine “Para ser libre hay que cerrar bien los ojos” de Yapi.

¿En sus planes está publicar con una editorial?

Y: Sí, es a lo que quiero apostarle ahora. Sé que es un trabajo de mucha disciplina y eso es lo que más me ha costado, sentarme a trabajar en un mismo proyecto, trato de concluirlos, pero siento que me saturo muy rápido de la temática que esté trabajando, siento que la tengo que dejar de lado un momento y quizá ese es el problema con la novela gráfica, que hay que sentarse a trabajar en lo mismo, a conocer a los personajes, porque tienen que tener su propia voz, hablar en la historia, cómo va a concluir… es cuestión de ponerse juicioso a hacerlo. Tengo muchas ganas de hacer novela gráfica y tengo en mente varias historias, y quiero trabajarles, pero tengo que equilibrar esta vida, por una parte está el pensar en pagar las cuentas, un montón de cosas, y novela gráfica es un proceso largo, luego hay que esperar más, presentarlo a una editorial o a un concurso, hay que seguir participando en concursos pero también apostarle al trabajo editorial, a mí me gustaría tener libros publicados. Entonces, mientras tanto deben salir productos que son más inmediatos como el fanzine, los stickers, porque dan esa posibilidad de tener una ganancia un poco más rápido.

CS: A mí también, pero yo no soy muy hábil para hacer historias extensas, tengo algunas ideas que sé que dan para eso, pero tengo una dificultad terrible para echarle cabeza a una sola cosa durante mucho tiempo, sé que puede ser un capricho mío y me toca luchar contra eso, también está el pagar arriendo y toda la cosa, entonces uno como que se ve en problemas para sacar un proyecto que no sabe si va a resultar o ganar un concurso, si van a publicar, entonces también es como una incertidumbre. Pero que me gustaría, claro que sí. 

Han mencionado mucho el concepto de “ilustración narrativa”, ¿a qué se refieren con esto? 

CS: Me parece un poco delicado separar tanto las cosas, que el cómic es una cosa, la ilustración para libro infantil es otra, que la ilustración para libro-álbum (juveniles) es otra, porque a la final lo que hacen todas es contar historias entonces por eso tratamos de encerrar todo en el concepto de “ilustración narrativa”. Incluyendo también storyboard, cómics, la ilustración editorial que también puede ser narrativa, videojuegos. Además, en todo este recorrido que hemos llevado juntos, estudiando y analizando las obras de otras personas, notamos que cuando nosotros hacemos algo, sea cualquier cosa, así sea una ilustración editorial siempre tratamos de contar algo, nos urge contar una historia en lo que sea que estemos haciendo, entonces por eso manejamos ese concepto de ilustración narrativa.

Y: Creo que tiene que ver también con esa formación que tenemos, han sido talleres, no ha sido algo formal en una universidad ni nada, pero tuvimos la fortuna de tener talleres con personas de otros países que trabajan eso “ilustración narrativa”, en la cual la imagen no es una competencia para el texto o no está simplemente repitiendo lo que dice el texto, sino que es una imagen que tiene una segunda historia también, es una imagen que también hay que leer todos los símbolos dentro de ella, todos los elementos, los personajes, todo lo que hay dentro de la imagen para que está también tenga un significado. Y nos hemos encaminado por ahí, no queremos que sea simplemente una imagen bonita o que gráficamente sea muy llamativa, sino que también tenga un contenido, que la persona que logre ver el detallito, el guiño, o lo que sea que uno ponga en ella, se sorprenda también porque es muy chévere eso, y nosotros también leemos muchas imágenes de otros ilustradores y es muy bacano encontrar esos detalles y nosotros también lo queremos hacer ahí. 

CS: Uno no puede evitar poner más y más cosas, como pistas a que alguien de pronto las coja, es como esa necesidad de narrar cosas, de tirar detalles, pistas. Es como otro nivel de dibujo, yo dibujo y vos lo ves, no. Yo dibujo y vos vas a entrar en un juego conmigo de complicidad así no me conozcas, así nunca me vayas a conocer en la vida, pero el hecho de que vos cojas ese detallito que había allí escondido crea como un vínculo inmediato.

Ambos mencionan que dibujar cómic es como una pulsión, ¿es así?

CS: Total. Nosotros hablamos mucho de eso, nos gastamos horas y horas hablando sobre eso y hemos llegado a conclusiones: sí, es una necesidad, una necesidad casi vital; dejar de dibujar es como morirse un poquito. Por lo menos desde mi experiencia, yo dibujo desde que tengo 3 años y si yo me pongo a ver, no he dejado de dibujar más de una semana en toda mi vida, yo dibujo y dibujo, lo que sea, pero dibujo. Nunca he parado, es la única cosa que he hecho durante toda mi vida de manera apasionada y no la voy a dejar de un momento a otro, es imposible. Yo no me imagino un trabajo en el que me toque dejar de dibujar, no lo haría.

Y: Sí, sé que suena exagerado, decir “como morirse un poquito”, pero a mí mi cuerpo, de alguna forma, me dice que necesito sacar el tiempo para esto, y he estado tomando la decisión de salirme de oficina, porque físicamente me enfermo, llegan todas esas preocupaciones por no tener el tiempo para hacer esto y mi cuerpo me obliga, entonces ahora estoy luchando con eso, pero estoy segura de que esto sí es lo que quiero hacer y a lo que me voy a dedicar. 

¿A qué otras conclusiones han llegado con relación al oficio?

Y: ¿Cuál era la pregunta que nos hacíamos en estos días?

CS:  Si tuvieras la posibilidad de estar haciendo lo que quisiéramos hacer. 

Y: Con lo económico resuelto. 

CS: ¿Qué estaríamos haciendo en este preciso momento? 

¿Qué estarían haciendo?

Y: Yo estaría dibujando. 

CS: dibujando. Echado en la hierba con el sol encima, sin preocupaciones de nada.

Y: sí, con una ventana que diera a una playa, pero dibujando. Algo que nos preguntamos mucho es ¿cuál será el equivalente de esa pasión que nosotros sentimos por dibujar en otras personas? O sea, lo que yo hago en mi tiempo libre siempre es esto, dibujar o leer, o ver una pelìcula, pero relacionado con lenguaje narrativo. 

CS: Es que eso ya es tan de uno, de toda la vida, que uno ya lo da por hecho. 

Estefanía Henao Barrera
Estefanía Henao Barrera
Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de Antioquia. Docente encargada del taller Indulfania Cómics, Lectura, Estudio y Creación (2015-2019). Participó como ponente en el II Congreso Internacional de Estudios Interdisciplinares sobre Cómic, Universidad de Zaragoza.

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