¿Cómic colombiano? Una entrevista a Gerardo Vilches

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El crítico y divulgador español, Gerardo Vilches estuvo en Bogotá (Colombia) a finales del 2018, con motivo del festival Entreviñetas, donde pudo armarse de un botín de cómic colombiano y además entrevistar a algunos de los historietistas nacionales que más llamaron su atención. Hablamos con él sobre su paso por la ciudad capital y su percepción del cómic colombiano que pudo conocer en su breve estancia.

¿Qué sensación te dejó lo que alcanzaste a percibir de cómic colombiano?

Me pareció que la escena actual del cómic colombiano, o por lo menos, la parte con la que yo entré en contacto, se parece mucho al cómic español en los años 90. Salvando las distancias, porque hay muchas diferencias.En España hubo una gran industria, que se vino abajo al final de los años 80, y casi todo lo que quedó después, en lo que respecta al cómic español, eran fanzines y editoriales muy pequeñas haciendo publicaciones muy humildes. Había muy pocas oportunidades para publicar, los autores españoles que se habían ganado la vida con el cómic en revistas que tenían bastante tirada, o dejaron el cómic o se dirigieron a otros mercados: Francia, Estados Unidos y demás. Claro, eso no sucede en el cómic colombiano, pero sí me dio la sensación de ser una escena que está empezando y me pareció todo muy excitante en ese sentido, porque vi mucha gente con ganas de hacer cosas, gente que está ahora recién empezando su primera obra larga, haciendo fanzines y, sobre todo, mucha gente, en lo que yo detecté, que no venía de ser grandes lectores de cómic o de intentar hacer cómics desde que eran jóvenes, sino que había empezado a leer, a lo mejor, al entrar a la universidad, como Sindy Elefante; Cabizbaja venía del mundo del diseño, Ana Fino, del mundo de las artes visuales, Daniel Liévano, también tenía otra formación, y en eso también tiene mucho que ver con la escena actual de cómic más vanguardista o experimental en España, donde hay mucha gente que está haciendo fanzines, muchísima, que viene desde las bellas artes, desde las artes visuales, que sobre todo no viene con el bagaje del cómic más comercial, o sea que veo ahí bastantes puntos de conexiones a ese nivel. Y luego vi también mucho talento, vi gente con muchas ganas de hacer cosas y con la capacidad de hacerlas.

 

Esa particularidad de no ser grandes lectores de cómic, ¿dirías que es una ventaja o una desventaja?

Creo que todo depende de cuáles sean tus objetivos. Si una persona quiere dedicarse al cómic más mainstream, más comercial, quiere orientar su carrera ahí, haber leído mucho de ese cómic, desde luego, es una ventaja porque interioriza sus códigos, sus herramientas, y si no las tienes, el proceso de aprendizaje es diferente. Si tú quieres, dedicarte a hacer superhéroes, está bien haber leído superhéroes, muchos. Pero, cuando te interesa el cómic como un modo de expresión autoral, propio e intransferible, el hecho de no tener ideas preconcebidas de cómo debe ser un cómic, creo que por lo menos, a veces, puede resultar beneficioso. Acá sucede igual, hay gente que saca sus cómics y hay aficionados/lectores que les dicen “eso no es un cómic” porque no responde a los cánones o patrones del cómic que esos lectores han leído toda su vida. Y muchas veces se llegan a esas cosas nuevas/experimentales no desde la desconstrucción de las reglas anteriores, sino desde la inconsciencia, que es lo mismo que sucede en el arte muchas veces: hay artistas como Picasso que viene de deconstruir una formación académica que él tenía y en la que podía desenvolverse muy bien, pero luego hay otros que hacen las cosas desde la total inconsciencia, como los artistas del art brut, no tienen una formación, no saben hacer las cosas, y eso les da una espontaneidad y una magia, si quieres, especial. Entonces en ese sentido, [con] autores como Ana Fino, Cabizbaja o Mariana Gil sucede como puede suceder en otros países, que están haciendo lo que les apetece, de una manera muy intuitiva y, sobre todo, no en función de lo que otros les dicen o dictan que tienen que hacer, sino con total libertad, y en ese sentido creo que puede ser una ventaja. No siempre lo es, hay de todo. Pero conozco muchos casos en los que sí que es una ventaja.

 

¿Alcanzas a percibir o definir algunas características del cómic colombiano?

A partir del surgimiento de un cómic de autor dirigido a un público adulto, ajeno a las grandes industrias productoras, como puede ser la industria francesa o la estadounidense con los superhéroes, se deslocalizan mucho las corrientes estilísticas dentro del cómic, es decir, hablar dentro del cómic de autor de cómic francés, cómic americano o cómic colombiano, tiene sentido en cuanto que hay una comunidad de artistas que conviven y se retroalimentan, pero en realidad, todo se ha internacionalizado, gracias también a internet, y las influencias ya son transnacionales. En ese sentido, una artista que quiera hacer una autobiografía como Sindy Elefante, seguramente, esté mucho más influida por artistas internacionales que hacen también autobiografía que por sus coetáneos que hacen cómic comercial, y eso también sucede en Estados Unidos. Es decir, Noah Van Sciver tiene mucho más que ver con Sindy Elefante o con Mariana Gil, aunque no las conozca, que con lo que pueda hacer Jim Lee. Y eso, creo que tiene que ver con esa internacionalización que se da.

Dentro de eso, escribiendo un artículo sobre el cómic latinoamericano para el anuario Cómics esenciales de Jot Down y ACDCómics, me di cuenta de que a nivel internacional hay tres grandes corrientes de cómic de autor, yo entiendo, que serían: (1) la autobiografía, o la autoficción y todas sus variantes; (2) el cómic histórico o de denuncia, documental, activista y (3) el cómic de ficción, más bizarro (raro), más experimental que está muy influido por Daniel Clowes, Charles Burns, todos estos autores que hacen historia extraña, surrealista y demás. Y luego, además de eso, está toda la corriente de cómic abstracto, cómic artístico, vanguardista, como lo queramos llamar, que sobre todo está germinando en fanzines. Todo eso lo vi en la escena de Colombia claramente representado, a una escala, quizá, más pequeña que en otros países, pero es completamente normal, está creciendo.  Por eso me resulta muy apasionante, seguir de cerca lo que está sucediendo allá. Porque está todo por hacer y al mismo tiempo, está sucediendo todo muy rápido. O al menos, esa fue la sensación que a mí me dio hablando con los autores y viéndolo allí.

 

 

En tu libro Breve historia del cómic haces énfasis en el cómic latinoamericano.

Sí, ese libro yo lo escribo antes de entrar en contacto con Daniel [Jiménez Quiroz], con José Sáinz de Argentina, editor de Maten al mensajero, con Pablo Turnes y Amadeo Gandolfo, que son dos críticos de Argentina que llevan la revista Kamandi y desde luego, toda la gente de Chile que [ahora] conozco, entonces hablé muy de segunda mano. Yo conocía a Power Paola porque ya se había publicado Virus Tropical en España, pero, por ejemplo, todo lo que menciono de México yo no lo he leído, los mencionaba, pero no hacía valoración. Y fue una pena, si yo escribiera ese libro ahora o lo tuviera que reeditar, solventaría esa deuda. Porque hubo una intención manifiesta de hablar del cómic latinoamericano, pero claro, yo me veía muy limitado.

En ese mismo libro, la única mención que haces al cómic colombiano es en relación a Power Paola, ¿consideras que esta autora es el epítome del cómic colombiano?

Siempre hay mucho de casualidad en todas estas cosas. En España también tenemos un fenómeno que puede ser hasta cierto punto equivalente: Paco Roca, que también es un autor que estaba dedicándose a otras cosas y de repente hizo Arrugas y aquello fue un éxito de ventas sin precedentes en el cómic español. Ella hizo algo en un momento en el que a nivel internacional ya existía Persépolis, ya había precedentes, porque hay una corriente de cómic de autoras que han hecho autobiografía, que han utilizado el cómic como catarsis hasta cierto punto: Phoebe Gloeckner, Debbie Drechsler, Julie Doucet. Creo que ella hace algo con una personalidad propia muy marcada pero al mismo tiempo que encaja con todo eso y además resulta profundamente universal, de ahí creo [que viene] el éxito universal de la obra de Power Paola. Claro, choca porque suscita, en determinados autores de cómic, cierta controversia, porque ellos vienen de practicar un tipo de cómic mucho más ortodoxo, con un dibujo más cuidado, más elaborado, más académico, y el fenómeno Power Paola supongo que no terminan de entenderlo. Aquí sucede igual, hay muchos autores que se tienen que enfrentar siempre a la incomprensión de ciertos dibujantes que, a lo mejor, se dedican a un tipo de cómic más comercial/mainstream y no entienden que alguien pueda poner en valor un dibujo que ellos consideran naif o menor.

 

Al margen de eso, considero que la influencia de Power Paola está clara, hablé con varias autoras, y todas dicen: “yo empecé a leer cómics con Power Paola o me influye mucho su trabajo, la conocí, fui a un taller con ella”. Entonces me parece que sí que cumple ese rol. A lo mejor, sucede a la final que en unos años aparece una nueva generación de autores que dicen “yo no quiero hacer nada ni parecido a lo que hace ella, quiero hacer otra cosa”, de hecho, el cómic más vanguardista yo creo que surge allí. En Colombia está todo más comprimido en el tiempo, pero yo aquí, en España, y Europa en general, sí que veo esa tendencia a apartarse de la novela gráfica más ortodoxa, es decir, una novela gráfica de grandes temas, grandes personajes, grandes tensiones, como con “una aspiración literaria”, es decir, de hacer una gran obra que llegue al gran público adulto. Y en el mundo de los fanzines se ve mucha reacción a eso, autores que no desean hacer esas grandes obras y lo que reivindican es lo inmediato, lo puramente visual, abstracto, y quizás esos autores y autoras que mencionábamos antes, Daniel Liévano, Ana Fino y demás, creo que ya sí que están en otra onda. No quieren hacer una gran autobiografía que conmueva al público, sino que están por otra cosa, por la experimentación más formal, más gráfica. Gente que no está intentando impostar su discurso ni entrar en un canon. En el momento en el que no hay una industria, evidentemente eso tiene una consecuencia negativa y es la económica, eso está claro, pero al mismo tiempo, también, te libera de mucha servidumbres, porque estos autores que están empezando ahora a experimentar ahora con el cómic no quieren entrar a una industria, no quieren que una editorial les encargue una gran obra que les permita vivir de dibujar, están en otra cosa, la vida se la ganan de otra manera. Por ejemplo, Sindy Elefante es profesora. Eso está sucediendo acá también: hay muchos autores que no viven de las obras que hacen y eso, evidentemente, les hace ser menos prolíficos, van a hacer menos obra, pero esa obra va a ser la obra que quieren hacer.

Como investigador, ¿qué te queda de tu paso por Colombia?

Ahora puedo decir que seguramente tengo conocimiento más exacto de lo que sucede allí, que la mayor parte de críticos e investigadores españoles, pero es solamente porque he ido y porque me he entrevistado con muchos autores, sobre todo por medio del contacto previo que tenía con Daniel. También entiendo mejor las dificultades que hay para crear una red sólida, la dificultad de distribución que hay en un país con la extensión y la geografía [de Colombia], y todo lo que me estuvieron contando de las dificultades que hay para encontrar buen papel, que aluciné, claro, uno no piensa en todo eso cuando desde fuera intenta analizar la situación del cómic en un país de Latinoamérica, pero claro, cuando lo conocí desde dentro, y a hablé con todos los agentes, estuve en una reunión con editores, había gente de Rey Naranjo, de Cohete Cómics, había libreros, lo entendí todo mucho mejor y me di cuenta de las dificultades que puede haber allí para que el cómic crezca.

¿Por qué ese interés en el cómic colombiano?

Me interesa mucho el cómic latinoamericano, en general, por una cuestión cultural y de la lengua, es decir, me parece que tenemos muchas cosas que nos unen, también muchas que nos separan, evidentemente hay diferencias culturales también, pero el hecho de poder leer directamente sin la necesidad de la mediación de una traducción el cómic de México, de Colombia, de Argentina, Uruguay, donde fuera, me parece que es una gran ventaja porque enriquece mucho. De hecho, una de las cosas que yo me pregunto es: ¿por qué no se publican aquí más cómics latinoamericanos? Se empiezan a publicar, han salido muchas cosas ya de María Luque, de Sole Otero y demás, casi siempre Argentina, porque es donde los editores se sienten más seguros porque ya conocen a los grandes maestros. Es una batalla que tengo yo aquí, lo intento difundir y divulgar todo lo que puedo, hablo con los editores de mi entorno, les dejo libros.

Hasta el momento se ve interés editorial por hacer biografías de escritores o adaptaciones literarias en cómic.

Claro, ahí hay otra cuestión; es posible que un gran grupo editorial contrate una serie de ilustradores y haga unos cómics con un perfil muy comercial, que no tiene por qué ser malo, pero ahora mismo mi opinión es que una adaptación literaria es un tipo de cómic comercial que va buscando un gran público, eso es posible que se haga y se distribuya acá. Pero a mí lo que más me interesa es el cómic de autor, es decir, una novela gráfica como la de Sindy [Elefante], que está hablando de algo completamente universal, como es la salida del armario, el descubrimiento de la propia sexualidad, los conflictos familiares, estoy seguro de que en España sería un cómic que interesaría. Si se publicara, vendería, dentro de las cifras que se manejan aquí, que puede ser entre mil/dos mil ejemplares lo que se considera una tirada baja. Es decir que si aquí una editorial se animara no funcionará peor que un cómic equivalente hecho por un español, es una cuestión de miedo y también, quizás, de considerar que aquí hay muchos autores españoles que quieren publicar. Pero sobre todo hay desconocimiento también, porque es un gran desconocido el cómic latinoamericano contemporáneo en España. Y en general, no solo el mundo del cómic: veo mucho desinterés por lo que sucede en Latinoamérica más allá de ciertos nombres, evidentemente el boom latinoamericano tuvo atención, y en el caso del cómic, los grandes maestros argentinos y poca cosa más, tiene que ser un fenómeno muy puntual como Power Paola.

 

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El guión de cómic (Diminuta, 2016). Edición Gerardo Vilches.

En ese panorama, ¿qué papel cumple allí la crítica?

La crítica más especializada, más sesuda o intelectual, si se quiere, es necesaria y tiene su razón de ser, su impacto a un nivel más académico, más especializado. Pero también está la cuestión de la divulgación, de llegar al público en general. Creo que es una cuestión de que poco a poco haya. Los autores de Los Once, Miguel y José Luis Jiménez y Andrés Cruz Barrera, sí me dijeron que habían tenido cierta repercusión, que los habían entrevistado, que sus cómics se estaban leyendo en escuelas, porque habla de la toma del Palacio de Justicia en el año 83. Y claro, hace falta, fundamentalmente, que haya obras que puedan interesar al gran público, y eso pasa con obras documentales como las de Pablo Guerra y otros autores [Diana Ojeda, Camilo Aguirre y Henry Díaz], son obras que pueden leer un gran público y pueden interesarle por el tema, evidentemente, Pero si se hacen obras que atraigan al gran público, al final, eso cae por su propio peso. Luego por otro [lado], creo que hace falta también, algo que ha sucedido en España, el gran problema que había es que los periodistas de los grandes medios, aunque eran periodistas especializados en el área de cultura no tenían ni idea de cómic, con lo cual cada vez que hablaban del cómic cometían muchos errores o decían tonterías u obviedades, costaba mucho. Eso poco a poco ha ido cambiando, ahora, tenemos gente que está en cultura que sabe de cómic, hablan de muchas cosas pero saben de cómic, se han preocupado, porque han visto que están pasando cosas que han atraído su atención, y al mismo tiempo también hay gente que ha crecido leyendo cómics y entrevistando autores, incluso haciendo una labor de crítica pero más por su cuenta y luego han accedido a los grandes medios. Entonces yo creo que es una cuestión de tiempo, cada caso es diferente, pero estoy seguro de que poco a poco, si va habiendo cómics en esa línea de Los Once o Caminos Condenados y demás, estoy seguro de que poco a poco se irá atrayendo la atención de los medios y el cómic va a ir teniendo más espacio.

 

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Portada del libro,DEL BOOM AL CRACK, LA EXPLOSIÓN DEL CÓMIC ADULTO EN ESPAÑA (1977-1995) Coordinación Gerardo Vilches.

 

¿Qué intuye o qué le gustaría ver del cómic colombiano para cuando regrese?

Es muy osado por mi parte contestar, pero haciendo una analogía con lo que ha pasado aquí, yo quiero pensar que hay autores que se van a consolidar. Todo lo que yo he visto que estaba empezando, Cabizbaja que estaba terminando su primera novela gráfica, Mariana Gil [que] tiene ya una. Evidentemente, va a haber autores que luego se van a dedicar a otras cosas, no van a tener tiempo o interés en volver a hacer cómic, aquí también pasa, hay gente que hace un primer cómic interesante y luego, no se vuelve a saber o se tiene que dedicar a otra cosa y le queda muy poco tiempo o se dedica a un cómic más comercial después. Entonces yo creo que la cosa va a ir creciendo y estoy seguro de que va a crecer a un ritmo más rápido que en otros países por esto de las sinergias internacionales y estoy seguro de que van a ir apareciendo más autores jóvenes en esa línea de tener poco contacto con el cómic anterior, poco interés en los géneros más comerciales, y más en la línea experimental de una Ana Fino un Daniel Liévano, o Jerónimo Velásquez [Con Pin Pong]. Y también [creo] que la novela gráfica más mainstream, no entendido como superhéroes, sino Los Once, Caminos Condenados y ese tipo de cómic que muchas veces se hace con apoyo institucional, estoy seguro de que cada vez va a haber más también y esas dos líneas paralelas van a ir creciendo, y es cuestión de tiempo de que alguien de repente le dedique un dossier en una revista importante o un periódico y salga como el “nuevo cómic colombiano. Hay cosas que están pasando y estoy seguro de que van a más. A mí lo que me gustaría es eso, volver dentro de 5 años a Colombia y ver mucho más cómic en las librerías y más autores.

Estefanía Henao Barrera
Estefanía Henao Barrera
Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de Antioquia. Docente encargada del taller Indulfania Cómics, Lectura, Estudio y Creación (2015-2019). Participó como ponente en el II Congreso Internacional de Estudios Interdisciplinares sobre Cómic, Universidad de Zaragoza.

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