Esto que escribo ahora puede ser descrito como una casualidad de lecturas acumuladas, aunque es más una declaración de intenciones. Luego de que el entusiasmo por un tipo de historieta «seria, adulta e importante», que lastró «toda diversión y aventura», y lo desgastada que se volvió la frase y justificación de los lectores a tiempo completo de literatura que se asoman sin pudor a una historieta diciendo «No leo cómics, pero sí leo novela gráficas porque tratan temas duros y complejos, temas urgentes y necesarios y no sé qué más como lo hace el cine y la literatura». Frases repetidas y dichas de forma automática que sirven para ganar y evaluar becas, o para escribir tesis que se hunden en el aburrimiento y en el olvido. Luego de todo eso, y de las consecuencias que aún sigue creando esas confusiones e ideas parciales, las historietas infantiles son una vía en contra de todo esto. Un recordatorio de que las historietas no solo son serias, adultas, importantes y aburridas. Y qué bueno que sea así.
En las últimas semanas leí tres historietas infantiles. Una de ellas publicada en Costa Rica y las otras dos en Colombia. Me gustaría que fueran más, pero un puñado en el paisaje es algo. Las dos historietas publicadas en Colombia hacen parte de lo que ya podemos nombrar como una serie: Mili y quesito van a la montaña de Raeioul & su hija Lucy, y El cuy Jacobo y el faro de la Gorgona de Ivanquio. En el caso de Costa Rica es Jaguardo y el felino perdido de Edo Brenes y Yoss Sánchez.

La historieta de Raeioul no es la continuidad de álbum anterior Mili y quesito van al mar, aunque hay patrones similares: el viaje y la aventura, el paisaje como espacio gráfico y narrativo, estructuras en la página con pocas viñetas donde prevalece el relato silente que deja gran parte de la carga narrativa en todo el paisaje gráfico. Estos elementos se conjugan y adaptan en un libro que por momentos es fábula con personajes antropomórficos, y en otros es una aventura con dosis pop, marca Raeioul Inc.

Como lo hace en muchos de sus trabajos Raeioul sitúa referencias y preguntas que invitan a los lectores a crear conexiones sin caer el didactismo y la denuncia reseñable. Un gran punto a su favor. Los lectores de sus álbumes pueden ir desde los 5 años en adelante si atendemos a la convención, lo cual abre un marco de interpretaciones amplio. El viaje sin una demarcación geográfica se hace en carretera, subiendo y bajando montañas hasta terminar en medio de una de ellas. El diseño de dobles páginas sin demarcación de viñetas es uno de los puntos para quedarse un rato viendo todo lo que pasa ahí gracias al Efecto De Luca, un recurso de estilo y técnica que Lorena Alvarez también usa en sus álbumes. Al final hay una parte adicional: en la última página aparece una guía de lectura y creación de historietas. La página es un infográfico que no está limitado por la descripción de elementos o conceptos, al contrario, hay invitaciones para observar detalles y expresiones, para impulsar la creación. La pieza entonces cierra el conjunto abriendo nuevas posibilidades para los lectores.


En el caso de Jaguardo y el felino perdido, la primera historieta infantil de Pulpo Press, es un debut que se podría calificar, jugando con los adjetivos, de explosivo y sicodélico. En estilo, forma y temáticas este álbum se aleja de los otros trabajos de los autores, sobre todo de lo hecho por Brenes. Aunque en este caso aparece el tradicional mapa del caribe occidental que ubica a los lectores en el punto de la historia. También con la representación de personajes antropomórficos, con lo hace Raeioul e Ivanquio, los dibujos escapan de lo figurativo y el corsé anatómico, lo que supone una invitación a leer y copiar, a leer y a dibujar. Todo esto de forma intencionada. La narración de esta historieta tiene varios planos que se pueden describir así: el mundo que comparten Jaguardo y su amiga Tucandy, el de las historietas que dibuja Jaguardo, y otro plano, expandido y lleno de imaginación que aparece en la mitad de la aventura. Todo lo que se cuenta están soportado por la plasticidad y los juegos de diseño de las páginas: las formas de las viñetas rompen convenciones estructurales que hacen que el viaje sea flexible y absorbente gracias a la luminosidad que le da la aplicación de los colores con los que pinta Yoss Sánchez, los cuales son un sello que reviste de nuevas capas los dibujos de Brenes. Los colores entonces, más que un barniz de acabados, son un motor narrativo que no se apaga en ningún momento y sostiene la atención hasta el final.

En cuanto a El cuy Jacobo y el faro de la Gorgona de Ivanquio la continuidad de la aventura se sigue extendiendo en el Pacífico colombiano, sin un ápice de exotismo y la fácil explotación de paisaje narrativo y las identidades. En esta tercera parte, como pasó en La lagrima del Pacífico, el numero anterior, el dibujante ensancha las conexiones de sus aventuras con representaciones de otros universos en los también hay pacífico como los animes japoneses, haciendo que la aventura se despoje de la rigidez documental abriendo nuevos pliegues a un mundo en el que desde hace rato todo es posible. Señalando con la articulación de referencias, construcciones narrativas y de diseño que sus historietas están lejos de ser un paisaje cerrado y costumbrista que pretende explotar la belleza de una región.


Ivanquio levanta una línea de correspondencias que encajan en lo que nos muestra, y que, si bien son menos explícitas que en el álbum anterior, conservan esa continuidad. Desconozco si su intención es deliberada, pero sus narraciones, vistas en conjunto, tienen el cuidado de una exposición en la que se narra y se muestra. Esto se soporta en dos centros de gravitación narrativa: la historieta de aventuras y la aventura fantástica. En este vaivén, para este caso, nos encontramos con los mundos de muertos y de vivos en un plano que se alterna, las consecuencias de peligrosos experimentos, una casa del terror que en sus muchas plantas esconde misterios. Y el faro, gran protagonista por su arquitectura, y lo que se proyecta desde ese lugar como punto de referencia en una aventura donde la Isla Gorgona es un espacio para todo lo posible, un espacio cargado de viejas y nuevas historias que el dibujante organiza en un juego diacrónico, donde se señala tanto el pasado como el porvenir de la isla.

Sé que es corta esta exposición sobre las tres historietas. Hay, desde luego, mucho más que decir de cada uno de estos álbumes. Ahora bien; ¿qué anima a estos dibujantes en ir esta dirección? ¿Cuál es la recepción de estas historietas para los lectores? ¿qué conexiones o invitaciones abren estas publicaciones para otros dibujantes? ¿Por qué son tan pocos, o escasos los estímulos y apoyos para este tipo de historietas? Hace poco en el tercer Foro de Profesionales del Cómic que organiza Entreviñetas se abrieron espacios para discutir las posibilidades de la historieta infantil, algunas de estas preguntas circularon en las conversaciones como una suerte de invitación. A este grupo de historietas mencionados podríamos sumar, en el caso de Colombia, la serie Tigrillo de Johann García, Julián González, David García publicada en Ave Negra cómics o Pombástico de Silvia Guzmán Bohórquez y Camilo Vieco que apareció el año anterior en Cohete cómics, además de libros publicados por Rey Naranjo, los cuales se instalaron como una importante referencia años atrás.

Hay que volver a las historietas infantiles, torcer el curso de las preocupaciones adultas y el vestido opaco de la seriedad argumental y gráfica que más que atraer aleja, que más que atraer cierra posibilidades y aburre lectores, hay que volver a la historieta infantil, sin vergüenza y sin justificaciones. Hay que mostrarlas, hacerlas protagonistas y darles su lugar, porque las historietas también son así, basta ya de decir que las historietas no son infantiles, hay que advertir en ese error y lo que implica, hay que volver a las historietas infantiles porque muchos crecimos leyendo este tipo de historietas y aún lo seguimos haciendo, hay que volver a las historietas infantiles para muchos más las lean porque ahí está el porvenir de este tipo de arte.
